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* Saltamos del dilema presentado a LEA acerca del camino político para su gobierno: democracia o autoritarismo, al estás conmigo, o en mi contra. Sin recato alguno y como el jibarito, alegre se encamina a la Casa Blanca a presentar sus respetos

Gregorio Ortega Molina

El señor AMLO superó con creces las expectativas que Robert Lansing describió para Woodrow Wilson en un comunicado del 5 de febrero de 1920. Con él el gobierno de Estados Unidos cierra el operativo de la balcanización económica de México sin disparar un solo tiro, pero con un plus. El actual mandamás de estas tierras no necesitó estudiar en ninguna de las universidades de la Ivy League para dejarse seducir por su poder.

     Desde una supuesta posición de izquierda y con el uso de un lenguaje que confronta, divide y fomenta odios internos, el señor AMLO vende -durante todas y cada una de las mañaneras- al pueblo bueno y sabio, esa idea de que los gobernantes corruptos y los empresarios codiciosos les ceden su lugar para que la justicia terrenal llegue a sus hogares, y gracias a las becas, las ayudas económicas y los supuestos programas sociales, se reactive la economía, coman a sus anchas y, tan pronto como despuesito de la pandemia, encuentren el trabajo que va a dignificar sus vidas.

     ¡Vaya propuesta tan peregrina! No la cree ni el diablo, porque la realidad es que México está dividido -quizá como esquematiza Aguilar Camín, entre violentos y no violentos-, y nada se hace para unificar criterios y propuestas que ofrezcan soluciones generales en las que todos cedan lo que deben ceder, para tomarse de las manos, verse a los ojos, apostar por México, olvidarse de esa estupidez del estás conmigo o en mi contra; por la transformación, o la permanencia en ese vacío de corrupción que a nada conduce.

     Lo único cierto es que nos encaminan al sainete legislativo y judicial, al rompimiento del pacto federal, a la desaparición, de hecho, de los organismos autónomos, a la militarización para confrontar a las fuerzas armadas con las nuevas fuerzas de paz, diseñadas para “cuidar” o “alentar” el desbordamiento violento de las protestas, y transitar, casi de manera automática, a una guerra civil en la que los vencedores no serán los mexicanos, sino esas fuerzas oscuras del dinero y la especulación, que son las verdaderas propietarias del poder.

     No se trata de una conspiración, sino del éxito de esa idea sembrada en muchos mexicanos desde los éxitos de Samuel Houston en la República de Texas, que es la ansiosa necesidad de pertenecer al Imperio, porque fuera de América del Norte México continuará el sendero de la melancolía heredada al momento del rompimiento con España y del surgimiento del breve Imperio Mexicano con Agustín de Iturbide. ¿Dónde quedaba la Independencia?

     El señor López nos resultó más entreguista que los ex presidentes Calderón y Peña, porque el resultado del rompimiento de los contratos internacionales en la Reforma Energética, la Energía Renovable, el nuevo aeropuerto, y la dobladita de manos en materia migratoria, son muestra del verdadero concepto de soberanía que lastra la 4T.

     Saltamos del dilema presentado a LEA acerca del camino político para su gobierno: democracia o autoritarismo, al estás conmigo, o en mi contra. Sin recato alguno y como el jibarito, alegre se encamina a la Casa Blanca a presentar sus respetos.

www.gregorioortega.blog                                             @OrtegaGregorio

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