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*Se trata de reunir los recursos económicos suficientes, porque el tiempo no es elástico y va más rápido que la distribución de dinero para comprar voluntades. Los plásticos son el equivalente de la piedra de Sísifo, hay que llenarlos con recursos fiscales para subir otra vez la montaña

 

Gregorio Ortega Molina

Al renunciar Jaime Cárdenas demostró saber y dejó constancia de que su deber es servir al Estado por encima del presidente de la República; al molestarse AMLO, nos indica que no aprendió y ya no lo hará. Ante la inteligencia que no comprende, exige una lealtad ciega.

     Durante los años que faltan al sexenio la rispidez de las relaciones del gobierno con buena parte de la sociedad será paulatina o precipitadamente más difícil y conflictiva, todo dependerá de la lana de que se disponga para abastecer los plásticos de los programas sociales, y de la producción del campo y/o importación de alimentos, porque a los mexicanos que tienen hambre, la calavera les pela los dientes.

     Justo cuando Jaime Cárdenas da un educado portazo, estoy en la lectura de Como la sombra que se va, novela en la que Antonio Muñoz Molina sigue los pasos de James Earl Ray por Lisboa mientras se persigue a él mismo en la búsqueda de las razones por las cuales tomó una decisión y todavía le cuesta asumir las consecuencias, con muchas derivaciones y de largo aliento.

     En esa narración leyeron Muñoz Molina y el asesino de Martin Luther King lo siguiente: “El libro que estaba leyendo era Psico-Cibernética. Del doctor Maxwell Maltz. Yo lo tengo ahora mismo encima de mi mesa. Lo leía despacio, a veces murmurando las frases para entenderlas mejor, leyéndolas de nuevo. Algunas las subrayaba con un lápiz. Un ser humano siempre actúa, siente, se comporta, de acuerdo con aquello que imagina ser verdad acerca de sí mismo y de su entorno”. Cuando necesiten del balance de este gobierno, la renuncia de Jame Cárdenas será tomada en cuenta para establecer deslindes y responsabilidades, porque el fracaso deberá tener padre.

     En eso está el presidente de México, en la remodelación de su entorno, para que sea adecuado a la idea que se hizo del país que gobernaría con mano firme, para purificarlo, convertirlo en lo que se convirtió él mismo durante su adolescencia y juventud. Tiene un llamado evangélico, va a acudir a él, y hará todo lo posible para cumplir lo que de él esperan quienes lo formaron espiritual e ideológicamente.

     Pero el problema va más allá de cumplir las instrucciones por él recibidas. Ahora se trata de reunir los recursos económicos suficientes, porque el tiempo no es elástico y va más rápido que la distribución de dinero para comprar voluntades -de ahí que en el INDEP se abusara de lo robado- o la necesidad de confrontarse con la sociedad por cuestiones de salud, de muerte de niños con cáncer, de la inexistencia de vacunas, porque sentirse bien no doblega voluntades, el obsequio de los recursos públicos sí. Los plásticos son el equivalente de la piedra de Sísifo, hay que llenarlos para subir otra vez la montaña.

     Ahora, por capricho o por necesidad de billetes, no hay medicamento para los bipolares, que sufren y se suicidan. Hay contrabando, sí, pero el laboratorio que aquí lo produce a muy bajo costo está malquistado con el tlatoani, así que la decisión está tomada: primero el poder, después lo demás.

www.gregorioortega.blog                                               @OrtegaGregorio

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