lunes, abril 15, 2024

Causa de Muerte un llamado a tomar en serio el significado de la dominación masculina como móvil del asesinato de periodistas en México

Sara Lovera

CIUDAD DE MÉXICO / SemMéxico.- Causa de Muerte es el libro de Alejandra Ibarra Chaoul, una joven investigadora que sostiene que en México hay agresiones letales contra las y los periodistas porque interpelan al poder desde su trabajo cotidiano de informar, sin grandilocuencia; porque informan sobre lo que importa a la gente, que escriben notas, hacen entrevistas y echan ojo sobre cosas de la vida comunitaria, que resulta tremendamente molesta a la masculinidad.

En las historias de los asesinatos, ha estudiado al menos 50, y en el libro/investigación trata 4 a profundidad y otros inquietantes. Ha decidido no conservar sus biografías, o la de sus familias de cada víctima, como memoria, sino rescatar su legado, sus notas, sus escritos, sus textos, luego de que le nació la curiosidad ¿por qué los mataron?

Extrañada, cuando empezó a pensar en estos crímenes, en la escuela, y en la medida que los iba identificando y leyendo, se decía ¿pero si no cubrián el crimen, si no estaban buscando la piedra filosofal o las redes del narcotráfico? ¿Por qué los mataron? Casi una década después, cuando había reunido documentos, papeles, testigos de Facebook, análisis de las condiciones políticas de la región, llegó a la conclusión simple y profunda que fueron personas capaces de tomar postura frente situaciones que ahí, ahí donde vivían, estaban mal.

Ellos y ellas, periodistas sin adjetivos, resultaron de gran molestia para caciques, políticos de cuarta, cientos de hombres posicionados en algo, señores autoritarios, amparados en sus redes de poderío masculino, beneficiados por un inmenso manto de impunidad, a quienes no les tiembla la mano. Y luego de matar o mandar matar, consiguen abrir, lo que se conoce como zonas de silencio. Desaparece el o la periodista y desparece el medio.

Esta inquieta politóloga, a quien la cambió la vida, y se autodenomina feminista, dice “yo creo que todos son misóginos”, sin duda. Y están ahí, en cualquier recodo de un camino rural o citadino de la inmensa geografía mexicana. Y los y las periodistas olvidadas a pesar de su quehacer informativo, el más sencillo, el más clásico, el que cuenta la vida cotidiana, son uno de sus blancos.

Advierte que en momentos tan polarizados como los que vivimos, de cara al proceso electoral más grande de la historia, el del 2024, como nunca corre peligro este periodismo donde ellos o ellas lo hacen con sus propios recursos -sus portales- o en medios locales; aparentemente más independientes y libres. Pero hoy cientos de hombres y mujeres, quienes solamente ejercen su oficio, sin etiquetas, están en riesgo, como nunca.

Considera peligrosa la narrativa oficial y cotidiana contra las y los periodistas y cree que en estos tiempos los entretejidos del poder siguen actuando.

Ella

Alejandra Ibarra Chaoul, es una discreta intelectual que echa luz desde otra mirada, sobre cómo se ha ido construyendo este camino minado y peligroso para las y los periodistas mexicanos, y en entrevista explica cómo se fue comprometiendo, desde la escuela, desde la universidad, aprendiendo de sus maestros y maestras, y ya pudo contestarse a sí misma la pregunta central ¿Por qué los matan?

Ella, confiesa con halo de honradez, que trataba de entender porque suceden estos crímenes, 90 por ciento en la impunidad, cómo es que los asesinan, si no estaban haciendo “periodismo de investigación” o “periodismo de datos” o “periodismo de soluciones” o un multimedia “documentado y patrocinado de denuncia”.

En la conversación y en la trama de su libro contó que le ha quedado claro que esos periodistas, cuyos nombres se pierden rápidamente y sus casos se archivan “porque no fueron casos mediáticos”, interpelaban al poder, ese que se ejerce contra una esposa o en la administración un jardín o un mercado, en cualquier obra pública, que no se ve, que nadie audita, que está oculto en la maraña de acontecimientos “políticos y sociales del país” – con mayúsculas- cuya tarea los exponía, a veces ni cuenta se daban, porque se metieron con la reputación de un cualquiera , o pone en blanco y negro un pleito, por ejemplo, para conseguir la presidencia municipal o un puesto en el gobierno, o la ganancia semanal de una tienda pueblerina, lo que puede detonar coraje contra quien lo narra.

Estas o estos informadores tratan asuntos que no llegan a las primeras planas de lo que se conoce como “medios nacionales”, y por informar de esas cosas se ponen en riesgo cotidiano, hasta que un día el cacique decide darles una lección y los manda matar. Es como un acto de reprimenda, y de paso afecta a la comunidad, donde, con frecuencia estos periodistas acumulan credibilidad y son respetables.

¿Y las mujeres? Le pregunto. Ellas, explica, son exactamente iguales, se arriesgan al defender causas, como la salarial o la política, desde una mirada informativa de la problemática y en el entorno más cercano. Toma una causa social, adquieren conciencia; no las matan por ser mujeres, sino simplemente por informar y cuando las consideran igual de peligrosas que los hombres, las quitan de enmedio. A ellas -al menos no lo encontró- todavía no las matan por expresar las causas de las mujeres, ejercen simplemente de reporteras, a veces también dueñas de sus portales, servidoras de su comunidad, se diría empoderadas, que dicen lo que a estos hombres no les gusta.

De las mujeres, cuyos textos y vida analizó, sabe que simplemente narraban los asuntos del día a día. Sí, pero con postura, con conciencia. Ahí está Lourdes Maldonado, quién por décadas defendió los derechos laborales, los del gremio, los de ella, y los de las mujeres de la comunidad en la fronteriza Tijuana. La asesinaron en enero de 2022.

Alejandra Ibarra Chaoul, es una politóloga y periodista, que apenas llega a los 35 años, con estudios en la Universidad de Columbia y la Universidad de Stanford, fundadora de una organización o un centro de investigación que ya creó el primer archivo vivo que conserva el trabajo de 50 periodistas asesinados, unos 12 mil textos.

Me cuenta que tuvo curiosidad frente a cifras elocuentes: 156 periodistas asesinados en el país desde el 2000 y 30 desaparecido desde 2003, un país clasificado como uno de los países más peligrosos para ejercer el periodismo en el mudo.

Cuenta que empezó a tener respuestas cuando estudió el caso del periodista Nevith Condés Jaramillo fundador del Observatorio del Sur, en Tejupilco, Estado de México, asesinado el 24 de agosto de 2019. Uno de sus reportajes más recordado por la comunidad fue el día en que filmó un bache de más de un metro, producido por la ruptura de una tubería del drenaje. Estuvo ahí para dar testimonio. Esos eran sus reportajes, y por ello lo quería mucho la gente de su comunidad, lo respetaba.

Hoy no se saben los detalles de su muerte, cómo encontraron el cuerpo, quien lo encontró, que pudo suceder, a unos días del crimen, hubo muchos rumores. Se llegó a decir que tenía más de 100 heridas de arma punzo cortante. Pero no se sabe. Lo que es cierto es que su asesinato sirvió para atemorizar y manipular a los tejupilquenses. Y ella explica: no es un tema de censura -como la imaginación romántica mandata-; no es por una sola cosa o asunto, es porque interpelaba al poder.

La politóloga no se quedó con las ganas, estuvo analizando los casos años, todo el tiempo, luego fue al campo, se documentó, estuvo reporteando, preguntando en Tejupilco, analizando el contexto – ahí opera el crimen organizado-, tratando de entender la labor periodística de Condés Jaramillo. Se dio cuenta, claramente lo que sucede cuando alguien informa de las cosas que importan a la gente. Hasta ahora el crimen, como en el 90 por ciento de los casos, permanece sin resolver”.

El libro toca y profundiza, con las variables que le dan las herramientas académicas con las que cuenta, 4 casos: el de Condés Jaramillo, el de Javier Valdés Cárdenas, -en Sinaloa-, el de Samir Flores Soberanes, de Radio Amiltzinko en Temoac, Morelos; el de Antonio Salgado Burgoin, de febrero de 2014. Todos distintos y con contextos diferentes.

Toca sin profundizar el asesinato de Lourdes Maldonado en Tijuana, de enero de 2021 y el de las dos locutoras indígenas triquis Teresa Bautista Merino, de 24 años, y Felicitas Martínez Sánchez, de 20, asesinadas en abril de 2008, de una radio comunitaria, donde es imposible no hablar de la condición de los pueblos originarios.

Alejandra publicó recientemente El Chapo Guzmán: el juicio del siglo, una crónica de los días donde fue enjuiciado. Un texto de buena escritura, que permite leerse fácilmente.

El Libro

Este año dio a luz Causa de Muerte: cuestionar al poder. Acoso y asesinato de periodistas en México, de la editorial Aguilar, en su colección ideas. Pero tras las 229 páginas, se identifica todo su diagnóstico al leer de qué escribían hombres y mujeres cuyo trabajo se pierden en un territorio basto y ancho, donde se teje el poderío masculino, las relaciones locales, y se acepta socialmente ese poderío cotidiano de un sistema que, a los perpetradores, les da permiso de matar, como lo hacen contra las mujeres.

En Causa de Muerte, que se presentará el próximo 7 de septiembre, se aprecia que está diseñado en capítulos de contexto, nacional e internacional, en acuerdo con la academia, sobre el ejercicio periodístico, ella identifica o clasifica los modos de hacerlo, y le pone la etiqueta de periodismo de denuncia o de comunidad, donde él o la periodista se convierte -y eso es lo más molesto- en la conciencia de su entorno, donde no tiene más propósito de contar las cosas, y no liderar o “denuncian con enorme fuerza”, lo que en la práctica las y los convierte en defensores de derechos humanos, no sólo por interpelar al poder, sino por cuestionar su carácter patriarcal, el que anida en siniestros personajes capaces de matar, porque saben que no hay consecuencias.

Ese fue su móvil, desde el día que se interrogó con simpleza “y porque los matan”, ¿qué fue lo que investigaron? ¿qué encontraron en la inmensa trama del crimen o la corrupción? Nada, nada de eso. Por ello dice no corresponde a la idea de censura. Simplemente ellas y ellos se preocuparon por las cosas en que se preocupa la gente, en el día a día.

Prevenir

Hoy encabeza el proyecto Defensores de la Democracia, con una plataforma donde están muchas historias de los y las periodistas asesinadas y se explica el contenido y alcance de su investigación. En el libro advierte que el propósito “de este libro es tratar de explicar por qué matan a periodistas en nuestro país”

Convenida de que esos contornos de la vida comunitaria son el termómetro de la antidemocracia, afirma que en México se necesita vivir en y saber de democracia. Una inexistente si no hay un periodismo libre, si no se garantiza lo que dice la Constitución.

Me dijo que salió a la luz Causa de Muerte, como para saber y si es posible prevenir sobre el peligro que corren estos periodistas, sobre el significado de su labor, sobre los alcances de exhibir problemas como los de la obra pública o criticar abiertamente a gobernantes locales. Hoy esto crece en peligrosidad. Cada día más.

Tuvo como inspiración a Kate Mane, filósofa feminista de Estados Unidos, conocedora de la teología de la liberación, quien dice cuando analiza la violencia ejercida contra grupos dominados por otros. Y explica, que eso le dio la clave, que estos asesinatos se pueden explicar “en términos de las estructuras sociales” de relaciones jerárquicas y normas y expectativas que están profundamente internalizadas y son difíciles de erradicar”. …” los agentes en una posición de dominación social no parten de una visión neutral o saludable de las cosas”.” están perpetuamente envueltos en una especie de ilusión sobre su propia posición social…con permisos a los que tienen derecho”.

Admite, finalmente, que sí, tras cada caso, está la visión patriarcal de dominación, aun pensando que el pueblo es bueno.

Los asesinados

México, escribe y dice, efectivamente es el país más peligroso para las y los periodistas, pero no únicamente por “grandes investigaciones”, y son un titipuchal, 156 en poco tiempo, 91 por ciento hombres y algunas mujeres. Se mata la libertad de expresión, no al sexo. Se mata para dar ejemplo y atemorizar a quienes en sus comunidades están hartos de abusos y malos gobiernos locales o contra lideres desmedidos e injustos, que responden con actos agresivos y letales. Personajes cuestionados en su masculinidad.

Escribió para dejar testimonio y convocar a pensar más allá de lo que todo mundo ve o cree mirar.
AM.MX/fm

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