Las penas se agravan e irán de 3 a 5 años de cárcel en caso de la persona que difundió el contenido haya tenido una relación sentimental o de confianza con la víctima.
Su más encarnizado perseguidor fue el regente Ernesto P. Uruchurtu, llamado el «regente de hierro», quien lo envió seis veces a prisión y 10 veces le clausuró el teatro