El presidente ucraniano, que compareció vestido de verde caqui, propuso que, ante la dificultad de reformar la estructura de los propios órganos de la ONU, el derecho a veto sea sorteado de la siguiente manera: cada vez que un Estado lo aplica, el tema llega a la Asamblea General, que podría anularlo con una mayoría cualificada.
Hubiera podido resultar de mayor trascendencia para asegurar un lugar en la historia, resolver primero lo doméstico, para después intentar ser un ejemplo para el mundo…