jueves, julio 18, 2024

Matthew Stirling: segundo descubrimiento en Tres Zapotes

Adrián García Aguirre / Cdmx

*El hallazgo de once cabezas olmecas en 1938.
*Noticia de las exploraciones la dio José M. Melgar.
*De esa localidad veracruzana surgió una fecha clave.
*En la región se fundó la primera cultura de Mesoamérica.

En 1869, un artículo escrito por el veracruzano José María Melgar en el Semanario Ilustrado reportó el hallazgo de una escultura colosal en la zona de San Andrés Tuxtla, al sur de Veracruz, en las colindancias con Tabasco.
Según el texto firmado por Melgar, los hechos habían sucedido varios de años antes, cuando en 1862, el autor se enteró de que un campesino había dado con un objeto enterrado de grandes dimensiones mientras trabajaba en su milpa en la hacienda de Hueyapan, cercano a Tres Zapotes.
Melgar, aficionado a la arqueología antes de que ésta se considerara una disciplina especial, buscaba activamente hasta encontrar y convertirse en un coleccionista de lo que él llamaba “antigüedades mexicanas”, así que acudió al sitio y excavó el objeto visto por el campesino, hasta descubrir lo que era una cabeza tallada en piedra de gran tamaño.
Los hallazgos de objetos históricos de culturas prehispánicas no eran cosa nueva en el territorio mexicano; pero las características de esa escultura sí lo eran, aunque el grosor de sus labios y la anchura de su nariz recordaban más a las siluetas africanas.
Eran de características diferentes a las más estilizadas líneas que poseían las esculturas mayas o mexicas que ya se conocían, y aunque el descubrimiento de Melgar fue dado a conocer, fecharlo resultó ser una tarea más complicada.
Desde mediados del siglo XIX, los reportes de las expediciones y viajes de Frederick Catherwood y John L. Stephens a Chiapas y Yucatán habían alimentado la curiosidad por la antigua civilización maya, y décadas más tarde, durante el gobierno de Porfirio Díaz, se realizaron algunos esfuerzos notables como la reconstrucción de las pirámides de Teotihuacán.
De este modo, por órdenes del gobierno, contratando a científicos del prestigio de Manuel Gamio, se intentó diseñar y trazar una única “historia nacional mexicana” que incluyese lo mismo a los mayas, que a los mexicas y a los teotihuacanos.
Sin embargo, los creadores de los objetos y esculturas que continuamente comenzaron a encontrarse en la costa del Golfo de México no parecían encajar del todo con los cánones establecidos y, comúnmente, se les clasificaba como “mayas tempranos”.
Todo cambió cuando en 1938, el antropólogo Matthew W. Stirling llegó al sitio de Tres Zapotes para iniciar exploraciones que lo condujeran al lugar en donde, en el siglo pasado, había sido descubierta una cabeza de dimensiones considerables.
Stirling, nacido en California en 1898, era director de la Oficina de Etnología Americana del Instituto Smithsoniano, luego de haber estudiado antropología en las Universidades de Berkeley y Georgetown, y pasar a formar parte de la célebre institución de la capital de Estados Unidos, en la que trabajaría ininterrumpidamente entre 1928 y 1957, con viaje patrocinados generosamente.
Luego de sus primeras expediciones en Dakota del Sur y en Nueva Guinea, Matthew Stirling y su esposa Marion habían tenido un primer contacto directo con América Latina durante una expedición a Perú y Ecuador.
Interesados vivamente, a la vuelta de una de sus giras de trabajo leyó los informes sobre varios descubrimientos en el sur de México que les llamaron la atención, pues especialmente Marion intuyo o sospechaba que los objetos descubiertos en las regiones tropicales de las zonas bajas del Golfo eran más antiguos que lo que se pensaba.
En una de las salas de Instituto Smithsoniano de Washington hay una fotografía de Stirling Matthew Stirling junto a una de las cabezas colosales después de ser descubierta y desenterrada en Tres Zapotes en 1939.
Stirling contó a Richard Stewart -fotógrafo que lo acompañó en esas jornadas-, que la escultura existía medio milenio antes de lo estimado, de tal suerte que entusiasmados con la posible existencia de los olmecas, Matthew y Marion Stirling regresarían continuamente a Tres Zapotes entre 1938 y 1952.
Y aunque a su llegada ya se sabía sobre el hallazgo de una cabeza colosal descubierta a fines del siglo XIX por un campesino que avisó de su presencia a José María Mlegar, a lo largo de los años lograrían desenterrar otras once.

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