ISEGORÍA: ¿Nueva vida partidaria?

239

Sergio Gómez Montero*

El delirio y la codicia

La parafernalia infecta y el rosario

De prostitutas encendidas por el polvo

M. Jaime: “Narcopoema”

Luego del triunfo arrollador de Morena (más bien de López Obrador) el pasado primero de julio era natural que el régimen de partidos políticos se tenía que modificar sustantivamente, dado que todos esos institutos se vieron conmovidos de raíz luego de la victoria tan tajante y contundente ya mencionada. Pero, ¿qué se comienza a ver al respecto? Una cuestión que era natural, propia de una transición como la que aquí se registró. Había dos posibilidades: romper de raíz con el sistema electoral heredado del régimen neoliberal inmediato anterior o modificar en diversa medida al régimen heredado pero seguir dentro de la línea electoral. Es obvio que se optó por la segunda alternativa, y no de manera gratuita: porque la primera opción implicaba dar un salto que ni los bolcheviques se atrevieron a dar: elegir al gobierno colegiado de los consejos, en lugar del régimen mucho más estricto y autoritario de partido centralizado por el que optaron, aunque relativamente alejado, al principio, de los juegos electorales.

Hoy, pues, aquí, en el país, el juego partidario político se inscribe totalmente en el marco electoral y es allí en donde hay que jugar. Desde luego los primeros en inscribirse en ese campo, luego del primero de julio del año pasado, fueron los de Morena, por la manera en que tan sorpresivamente resultaron favorecidos. Para ellos, ese sistema no necesitaba, para nada, modificaciones, como si el tiempo y sus circunstancias eventualmente no influyeran (en el 2021) negativamente y pudieran, de manera eventual, operar ese año en contra suya. Es decir, en cuestiones electorales el tiempo es un factor imprevisible que nadie sabe cómo opera hasta que llega el momento de elegir.

Menos activos al respecto se han visto sus aliados, el PES, quien junto a Morena y con su apoyo busca sobrevivir, y el PT, con una estructura ya consolidada (gracias al equipo de Beto Anaya) que avanza hasta ahorita sin problemas en cuestiones electorales.

Por eso, quizá, fue el PAN y su aliado hoy natural, lo poco que queda del PRD (en menor medida el MC), los primeros que iniciaron ajustes en sus estructuras para seguir vivos como institutos políticos y allí están ya, vivos, dando la pelea en ataques desmedidos a AMLO y luchando arduamente por Puebla gracias a los errores cometidos allí por Morena.

Finalmente está el PRI, que, extrañamente, en dos de tres de sus opciones (Alejandro Moreno y José Narro) buscan alianzas con AMLO para conquistar así la presidencia de su instituto político, para marginar de tal forma al otro candidato natural (Osorio Chong) para construir así, electoralmente, un sistema que permita cargar a la izquierda al actual régimen de operación económica que, a mediano plazo, permita que las contradicciones sociales de la actualidad disminuyan.

De los partidos políticos que están solicitando registro no hay mucho que esperar. En el mejor de los casos, polvos de aquellos lodos. Hoy, poco nuevo; nada esplendente. Quizá, por ahí, alguna sorpresa.

Como sea, ojalá y por ahí surja la oportunidad de volver a tratar el tema. Vale la pena y sí, es bueno escribir y dialogar al respecto.

*Profesor jubilado de la UPN

gomeboka@yahoo.com.mx

Comentarios

comentarios