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FRANCISCO RODRÍGUEZ

Los análisis del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial dicen que América Latina es la región del mundo que menos va a crecer este año. No obstante, a pesar del crecimiento menos cero de hasta dos dígitos, Argentina, Perú, Colombia, por ejemplo, crecerán al 5.7 y 4% respectivamente. México no, porque la base del crecimiento es el mercado interno, y aquí en el rancho grande está colapsado, paralizado.
La razón principal es que, en sólo dos años, el populismo demagógico de derecha arrasó con el intercambio de bienes y servicios, la recaudación fiscal y el desarrollo regional, los puntales que en el pasado reciente habían hecho de México la economía más pujante del continente latinoamericano.
Ahora estamos al final de todos los pronósticos. Son datos duros, inobjetables que no se pueden ocultar, aunque en los púlpitos de las mañaneras se tengan otros datos. La realidad es que no tendremos inversión local o extranjera, no existe el estado de Derecho y menos hemos desarrollado economías del conocimiento.

Nos hemos conducido como una isla en medio de una vorágine

Europa del Este, África y Asia, aún en sus regiones más deprimidas, están muy adelante. No estamos al nivel de ninguna economía emergente del mundo. Y populismo sin dinero es imposible que tenga futuro inmediato. El apoyo a los empresarios durante la pandemia fue algo similar al brindado en Uganda.
Están expectantes sobre el desarrollo de las elecciones legislativas y gubernamentales intermedias. Las considera más importantes que las presidenciales, porque en ellas se juega nada más que la supervivencia y el futuro posible. La mitad de los mexicanos debemos diez veces más que nuestros salarios.
No estamos enganchados a las cadenas de valor de la nueva economía mundial. Es triste, pero es la verdad. Nos hemos conducido como si fuéramos una isla en medio de una vorágine que ha arrasado con lo que se ha puesto enfrente. Si estábamos en menos 20% de crecimiento del PIB, ahí seguiremos un buen rato. No hay para cuándo ni para donde.

Grupos violentos contra la población. Y el gobierno, impávido

La Cuarta Corrupción es esencialmente “mañaneras”, ocurrencias y la entrega indiscriminada de dádivas, más bla, bla y cheques para concentrar un poder absurdo, sin brújula ni destino. En economía, el empleo, la pobreza real, la salud, la seguridad y la educación, todo es ruina y más sufrimiento.
El subdesarrollo, la miseria ‎y la corrupción han empoderado a tantos detentadores de violencia como regiones tiene el país, como necesidades tiene cada una de ellas, como hombres y mujeres dispuestos a asesinar por unas monedas, producto del drama económico y político en el que estamos postrados.
Antaño, deberes del poder, como ese mito de que el Estado tiene el monopolio legítimo de la fuerza, ahora son monopolizados por los grupos que ya se impusieron al gobierno para no volver atrás, que ejercen y ejercerán violencia contra la población sin reclamo alguno por parte del aparato gubernamental.

Inexplicable: dice luchar por los más pobres; en realidad los jode

Con esos mitos han caído otros de un solo jalón: el sistema nacional anticorrupción, la décima economía del mundo, la lucha contra la pobreza, el cristianismo de la Cuarta Decepción, el respeto a las entidades constitucionales, la lealtad de las Fuerzas Armadas, comprobando a ciencia y paciencia que las crisis terminales arrasan con todos los fundamentos, con cualquiera de ellos.
Nadie se explica cómo alguien puede vociferar en sus cabales que está luchando por los más pobres, los indigentes y los indígenas, si está destruyendo al mismo tiempo que lo dice, las bases esenciales de cualquier política pública que persiga la equidad social.
Es insensato, por decir lo menos, que alguien en su juicio pueda desconocer que los programas sociales tienen su origen en la salud del presupuesto nacional, que para su integración se nutre de tributaciones e impuestos, productos y aprovechamientos que ya nadie puede erogar, porque no hay dinero en circulación que no sea el del trasiego.
Y no hay dinero circulante, porque no hay inversión posible que soporte la incertidumbre y las amenazas, puras bravuconadas de dientes para afuera, nada sólido ni confiable, ni sustentable en dos dedos de frente. Todo lo que se profiere en las “mañaneras”, esas consumidoras voraces de energía y tiempo, escondrijos a modo para evadir las responsabilidades sustanciales de la chamba.

Vivimos una fantasía que va a reventar como una pompa de jabón

Y si no hay inversión pública ni privada, si no hay obras, no hay trabajo. Ni un solo empleo formal creado en este sexenio que parece milenio de tan aburrido y costoso para la Nación. No puede haber dinero para repartir, antes que producir. No puede haber dinero para nada.
Y sin dinero, la Cuarta Corrupción no puede repartir lo que no tiene. Es el momento en que el actual régimen todavía no sabe dónde está parado, ni tiene una idea aproximada de dónde se generan los haberes, la producción primaria, los excedentes industriales ni la base de la economía de los servicios. Es momento en el que no se tiene idea de nada.
Y así vamos al desastre, opinan todos los especialistas. Porque un gobierno que no sabe que los egresos deben de provenir de los ingresos, está sostenido frágilmente sobre una fantasía que más temprano que tarde va a reventar como una pompa de jabón chiquito.
Y nadie quisiera estar ahí cuando eso suceda. Porque siempre viene acompañado de violencia incontrolable, miseria, encono social y desesperación, de ésa que produce luchas fratricidas, guerras civiles permanentes, como el poder eterno que se quiere.

El gobierno ya da señales de estar absolutamente cajeado

Hace apenas unas horas, el mandatario salió con otra burla en despoblado. Aseguró que “al terminar el sexenio, en 2024, él se jubilará y dirá ‘ misión cumplida’, pues no será un dirigente permanente,”, por lo que apuró a su gabinete a terminar las obras y programas que ha impulsado su Administración para no dejar nada inconcluso. Así, como se oye.
El Ejecutivo enfatizó que, mientras su partido ostente el poder, no van a faltar recursos para los programas de apoyo a la población. Lo dijo a sabiendas de que se paralizó la entrega del dinero que se había prometido a los adultos de la tercera edad. El gobierno ya da señales de estar absolutamente cajeado.

El régimen ha vivido de los saldos de los regímenes neoliberales

La otra parte de la declaración enfebrecida es realmente de dar lástima y coraje: ni está asegurada la conclusión del sexenio, por primera vez después de noventa años, ni hay obras ni hay programas que haya impulsado su Administración. El régimen ha vivido de los saldos de los regímenes neoliberales.
Desgraciadamente, todos los presidentes del neoliberalismo y de la derecha anticomunista de la historia moderna del país han sido rebasados en ocurrencias e insensateces por el nacido en Tepetitán. Desde entonces, hace apenas dos años, perdimos nuestra fisonomía ante el mundo.
Estamos a la cola de la fila de los menesterosos. Somos una cuestión muy difícil de resolver. Hacen falta sensatez y principios elementales de gobierno. Así, ya no vamos a ningún lado.
¿No cree usted?

Índice Flamígero: Y con El Farolito de Agustín Lara como música de fondo, el Presidente Andrés Manuel López Obrador informó el domingo al mediodía que México aceptó que le reduzcan la entrega de vacunas contra Covid-19 para enviarlas a países más pobres, con la condición de que después se repongan, como lo propuso la ONU a fin de que no haya acaparamiento. “Ahora en el mundo hay una polémica porque la ONU ha pedido a Pfizer que baje sus entregas a los países en los que se tiene contrato, como es el caso nuestro, los países europeos, para que se disponga una cantidad de vacunas a la ONU y que no haya acaparamiento y que la ONU también ponga esas vacunas a disposición de países más pobres”, expuso. “Nosotros estuvimos de acuerdo con eso, que nos bajen y luego nos repongan lo que nos corresponde, de todas formas no cambia nuestro plan porque ya estamos buscando otras vacunas, no solo Pfizer”.

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