miércoles, abril 17, 2024

Fecha de origen del acrónimo del siglo XXI

Luis A. García / Círculo Latino de Estudios Internacionales

*La propuesta de un economista de Goldman Sachs.
*Cuatro países con futuro fundaron el grupo BRICS.
*Su creación de enmarca en un evento relevante.
*El 11 de septiembre de 2001 va paralelo a un concepto.

El 30 de noviembre de cada año es el día en que se cumple uno más de la publicación del estudio en el que James O’Neill, jefe de Investigación Económica Global del banco de inversiones Goldman Sachs, analizó la perspectiva económica de un grupo de países con dinámicos mercados internos
Brasil, China, la India y Rusia fueron los países cuyo promisorio futuro económico configuró un acrónimo que se convirtió en un símbolo del siglo XXI, y como recuerda un libro de reciente publicación, la creación del concepto se enmarca en un momento histórico importante.
Se trata del pesimismo posterior al 11 de septiembre de 2001 estadounidense y la incertidumbre sobre el futuro del orden mundial tras el fin de la Guerra Fría.
El grupo del BRICS ofrecía –al menos para la industria financiera– un panorama positivo del futuro. Con poco más en común que sus éxitos económicos, estos cuatro países son profundamente diversos en su estructura económica y sistemas políticos y sociales.
Tal heterogeneidad habría de convertirse en una marca de origen, y sin haber considerado aspectos geopolíticos o de equilibrio de representación regional, sino únicamente prospectivas tasas de crecimiento económico, la formulación original BRIC contó con diferntes países.
Dos de Asia (China y la India), uno euroasiático (Rusia) y solo uno latinoamericano (Brasil) y en ese primer momento, ninguno de África.
Como han advertido algunos análisis geopolíticos, la idea de unos bloques de construcción de algo positivo (el acrónimo es homófono de brick, «ladrillo» en inglés) era demasiado poderosa como para no llamar la atención y despertar la imaginación3.
El «bloque» BRIC logró entusiasmar no sólo a aquellos a quienes estaba destinado el análisis financiero (inversionistas), sino también a comentaristas, políticos y académicos: el poder económico ubicado en países del Norte, desarrollado e industrializado, se estaba dispersando hacia otros países, ubicados en el Sur, a medio camino entre el desarrollo y el subdesarrollo.
La intuición era que ese poder económico se traduciría en poder político, lo que conduciría a un desplazamiento/cambio en el poder global, intuición sustentada históricamente a partir de otros procesos a finales del siglo XXI y comienzos del XX, con el ascenso en el concierto europeo-mundial del imperio alemán.
Así tuvo lugar una competencia por la atracción de inversores en fondos con acrónimos pegadizos construidos por el mundo de las finanzas, y como señaló un experto del área de Mercados Emergentes de Morgan Stanley, « civets (Colombia, Indonesia, Vietnam, Egipto, Turquía y Sudáfrica) emergieron de mist (México, Indonesia, Sudáfrica y Turquía)»4.
Para los gobiernos de los países incluidos en tales agrupaciones imaginarias, la imagen positiva que se tenía de ellos desde el exterior era un estímulo para querer figurar en conjuntos de ese tipo.
El relato de los «emergentes» –en plural– se materializaba cuando un país –en singular– era asociado a uno de estos clubes de inversión; pero ni su creador de Goldman Sachs imaginó hasta dónde llegaría el grupo BRICS, a un buen número de años de su fundación.

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