Érase una vez la taberna Swan de Diane Setterfield, llega a librerías

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CIUDAD DE MÉXICO, 5 de marzo (AlmomentoMX).- La nueva novela de Diane Setterfield, “Érase una vez la taberna Swan”, autora del fenómeno editorial “El cuento número trece”, con más de 3.500.000 de lectores y traducido a 38 idiomas, llega este mes a las librerías, bajo el sello de Penguin Random House Grupo Editorial.

En una oscura y brumosa noche, en el pequeño pueblo inglés de Radcot, a orillas del Támesis, los lugareños se reúnen en el Swan para compartir un trago e historias llenas de sabiduría popular. Con seiscientos años de antigüedad, la taberna es famosa por congregar a los mejores narradores de cuentos populares, pero esa noche la tertulia nocturna se ve interrumpida por la llegada de un hombre misterioso empapado en sangre que carga en sus brazos con una niña inconsciente. Antes de que el hombre pueda ofrecer explicación alguna, se desploma.

Mientras tanto, río arriba, dos familias buscan desesperadamente a sus hijas: Alice Armstrong, a la que nadie ha visto desde hace veinticuatro horas, tras el suicidio de su madre, y Amelia Vau­ghan, desaparecida dos años atrás sin dejar ras­tro. Asistimos desde ahí al despliegue de toda una sociedad en miniatura. Ambas familias proyectan su felicidad y su deseo de volver a la calma en esa niña, anteponiendo su ilusión a todo lo que antes sustentaba sus vidas. No serán los únicos: Lily, que trabaja para el pastor, asegura que la niña es su hermana pequeña desaparecida, con la que se lleva más de veinte años.

A medida que avanza la historia, la niña traerá a colación el estado real de la situación de los habitantes: la fragilidad de los matrimonios, los excesos de poder, las pérdidas de hijos y otros seres queridos. A través de conversaciones, revelaciones inopinadas, cartas destruidas y detalles escondidos en algunas fotografías —tomadas por el hombre que salvó a la niña— la pequeña comu­nidad de Radcot se verá conmocionada y no ten­drá otro remedio que confesar sus secretos más oscuros.

Diane Setterfield (Berkshire, 1964) estudió Literatura Francesa en la Universidad de Bristol, tras lo que se especializó en autores de los siglos XIX y XX, como André Gide, y trabajó como profeso­ra en distintos centros. Apasionada de la lectura, decidió abandonar el mundo académico para de­dicarse por entero a la escritura. Su primera no­vela, El cuento número trece (Lumen, 2010), se convirtió en un éxito de ventas mundial y llegó a encabezar la lista de más vendidos de The New York Times solo una semana después de ser pu­blicada y a traducirse a treinta y ocho idiomas. Lu­men también ha publicado su novela El hombre que perseguía al tiempo (2013). Érase una vez la taberna Swan es su última y aclamada novela.

 

FRAGMENTO:

«La puerta se abrió una rendija y el recién lle­gado atisbó una cara casi tan estrecha como la ranura por la que miraba. La mujer miró un mo­mento la cara negra de Armstrong y sus facciones afiladas se contrajeron.

—¡Bu! ¡Fuera de aquí, sucio demonio! ¡Esto no es para tu calaña! ¡Largo de aquí!

Hablaba más alto de lo necesario, y más des­pacio, como si se dirigiera a alguien retrasado o a un extranjero.

Intentó cerrar la puerta, pero la punta de la bota de Armstrong se lo impidió y, ya fuera porque vio el caro cuero lustrado o por el deseo de reite­rarle su opinión con más contundencia, el caso es que la mujer volvió a abrir la puerta. Pero antes de que pudiera abrir la boca para hablar, Armstrong se dirigió a ella. Habló en voz baja y con una expre­sión de lo más digna, como si ella no lo hubiese llamado nunca sucio demonio y como si no tuvie­ra la bota haciendo cuña en el vano de la puerta.

—Perdone mi intromisión, madame. Soy cons­ciente de que debe de estar muy ocupada y no la entretendré ni un minuto más de lo preciso.

Se aseguró de que la mujer asimilara la escue­la de pago que subyacía bajo su forma de hablar, que apreciara el sombrero de buena calidad, el abrigo elegante. Se fijó en que la mujer sacaba conclusiones y notó que la presión contra la pun­ta de la bota remitía.

—¿Sí? —preguntó la mujer.

—Tengo entendido que hay una joven que res­ponde al nombre de señora Armstrong alojada aquí… Una sonrisa triunfal y maliciosa se dibujó en las comisuras de los labios de la madama.

—Trabaja aquí. Es nueva. Tendrá que pagar ex­tra.

Así que a eso se refería Ben con lo de que era una casa mala.

—Lo único que quiero es hablar con ella.

—Es por la carta, supongo. Hace semanas que la espera. Ha perdido la esperanza. La mujer es­trecha y enjuta sacó una mano estrecha y enjuta. Armstrong la miró y negó con la cabeza.

—Si no le importa, me gustaría mucho verla en persona, por favor.

—¿No es la carta?

—No, no es la carta. Lléveme a verla, haga el favor.

Lo condujo por un tramo de escaleras y luego por otro, sin dejar de murmurar:

—¿Y cómo no iba a pensar que era la dichosa carta, cuando lo único que le he oído decir, veinte veces al día, durante el último mes ha sido: «¿Ha llegado ya mi carta, señora Eavis?». Y: «Señora Eavis, ¿hay alguna carta para mí?».

Armstrong no dijo nada, pero intentaba que su semblante pareciese apacible y afectuoso cada vez que ella se volvía para mirarlo. La escalera, bastante ostentosa y cuidada junto a la entrada, estaba cada vez más dejada y lúgubre conforme subían. De camino, vio algunas puertas medio abiertas. Armstrong entrevió retazos de camas deshechas, ropa desperdigada por el suelo. En una habitación, una figura femenina semidesnu­da se inclinó hacia delante para subirse una me­dia por encima de la rodilla. Cuando la mujer lo pilló mirándola, su boca sonrió, pero sus ojos no lo hicieron. A Armstrong se le encogió el corazón.

¿En eso se había convertido la mujer de Robin?

En el descansillo superior, donde la pintura estaba desconchada, la señora Eavis se detuvo y llamó con apremio a la puerta.

No obtuvo respuesta.

Aporreó la puerta de nuevo.

—¿Señora Armstrong? Un caballero te busca.

Solo le respondió el silencio.» (pp. 146-148)

LA CRÍTICA HA DICHO:

«Este es un libro sobre cuentos, incluyendo sus misterios y trampas. Una historia, no impor­ta lo bien que se haya estructurado, vive o muere gracias a la vivacidad de sus personajes. Setter­field se presente como una verdadera narradora de cuentos: hacen que nos preocupemos de to­dos los jugadores de su seductora novela.»

Antonia Senior, The Times

 

«Una historia mística e inquietante cuya na­rrativa enfatiza los poderes de la tradición oral, la fotografía y el habla a través de historias que evi­tan la ficción y la realidad para revelar verdades esenciales al orador y al público. El río es a la vez escenario y personaje, una fuerza en la vida coti­diana del pueblo. Aunque Setterfield describe las emociones con gran interés y sutileza, es en las descripciones del mundo natural donde brota su prosa más asombrosa, creando una experiencia inmersiva de luz, textura, aromas y sensaciones.»

Ellen Morton, The Washington Post

 

«Érase una vez la taberna Swan demuestra que el género gótico puede seguir atrayendo a lectores modernos. La literatura gótica invita a lo sobrenatural, pero Setterfield no deja ninguna trama sin resolver y básicamente ofrece siempre respuestas racionales para explicar lo inexplica­ble. Setterfield sabe cómo hacer que las palabras canten. Vale la pena hacer un viaje río abajo por el Támesis con ella.»

Clémence Michallon, Independent

 

 

«Explorando la narración de cuentos, la pa­ternidad, la ciencia y sociedad en la cúspide del cambio, esta es una novela de lo más evocadora que combina el realismo mágico, la ficción gótica y un vívido sentido de la historia.»

Hannah Beckerman, The Observer

 

 

«Llena de folklore, intriga y romance: una his­toria para saborear.»

Woman and Home

 

«Setterfield ha demostrado ser una maestra del arte de contar historias.»

The Guardian

 

AM.MX/fm

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