martes, febrero 27, 2024

El regreso del fraude patriótico

Federico Berrueto

La inconformidad de Marcelo Ebrard en su legítima aspiración de ganar la candidatura presidencial por Morena es en parte auténtica y en otra presión a partir de la convicción de que algo puede obtenerse, aunque no necesariamente la anhelada candidatura. Su recurso es el amago de ruptura que, para ser eficaz necesita ser creíble. No recurrir a la FGR a denunciar la desviación de recursos públicos es reveladora de su intención. Por ello, el presidente López Obrador anticipó el pasado viernes que no habrá ruptura en Morena. Marcelo no se irá y su rebelión es parte del juego de la contienda.

Pero no sólo eso, el presidente dijo que todo va requetebién. Que todos, autoridades y aspirantes se han portado muy bien y eso avala las malas prácticas y la ilegalidad. Muy al estilo de que las cosas son así porque él las dice, aunque no las crea y la evidencia en contra no importe. En la contienda de Morena no ha habido piso parejo nunca. Claudia inició con notoria ventaja, en parte por su cargo y en otra por la percepción de muchos de que era la favorita de López Obrador, tesis avalada por él a través de símbolos inequívocos de preferencia. Para Marcelo y todavía con mayor claridad para Ricardo Monreal, el desdén presidencial fue claro.

El reclamo de Marcelo está pleno de exceso de significado. No se dirige a Claudia Sheinbaum o a Mario Delgado, sino al presidente y no sólo eso, remite al pasado y al futuro. Esto es, si para la interna se utilizan programas sociales y la actuación de autoridades al margen de la ley, ahora se entienden los términos del triunfo de Delfina Gómez, quien con malas prácticas, incluso el uso de la estructura electoral rural del PRI, se logró una diferencia de 8 puntos en lugar de los 20 o 30 que se esperaban.

Otro elemento de la inconformidad de Marcelo Ebrard remite a la elección de 2024. Si el aparato gubernamental apoya a Claudia Sheinbaum en contra del excanciller y, especialmente, del ex secretario de Gobernación ¿qué podrá esperarse del gobierno y su presidente en la elección presidencial donde esté de por medio la disputa entre la continuidad de la 4T y lo que para él es un intento de restituir un régimen corrupto y conservador moralmente derrotado? Es decir, si en un tema interno se pierden sentido de los límites legales y de ética democrática, como señala Marcelo, es inevitable concluir que en 2024 se tendrá una elección de Estado, el regreso por la puerta grande del fraude patriótico de Manuel Bartlett, secretario de gobernación para justificar el fraude electoral en Chihuahua en 1986.

La denuncia de Marcelo Ebrard, más allá del interés que le mueve, es de la mayor gravedad posible. No pocos se preguntan si el presidente reconocerá el resultado en caso de ser adverso a su causa. Ese no es el tema por la sencilla razón que las elecciones son procesos regulados y es irrelevante, jurídicamente, el reconocimiento de la autoridad por importante que sea. Interesa el fraude previo, el que ya se está materializando con la embestida del presidente contra una de las aspirantes de la oposición. No sólo por las expresiones misóginas o calumniosas, sino porque utilizó información reservada por la ley, que constituye un delito. Concluido el proceso del Frente Amplio por México, el conjunto de la oposición, incluso MC, deberán unificarse para exigir la investigación y el proceso judicial por el uso ilegal de información financiera y fiscal con propósitos políticos. No es un tema político, tampoco electoral, aunque tiene esas consecuencias, su contenido es estrictamente legal, una oportunidad privilegiada para combatir la impunidad.

El fraude patriótico pertenece al pasado. México ha cambiado mucho. El aprendizaje cívico persiste a contrapelo de la involución del sistema de partidos. Las instituciones de la democracia, a pesar de sus limitaciones, contienen la ilegalidad y la tergiversación de la voluntad mayoritaria. La irrupción cívica a partir de la embestida presidencial contra el INE es pública, activa y notoria. Desde ahora se sabe que la elección estará muy competida, independientemente de la decisión de MC, de la parcialidad presidencial y de quienes resulten las candidatas presidenciales del oficialismo y de la oposición.

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