viernes, diciembre 1, 2023

DESDE FILOMENO MATA 8: UN ASESINATO ANUNCIADO

Por Mouris Salloum George

El atentado fatal contra el candidato presidencial de Ecuador, Fernando Villavicencio Valencia, aparte de que es reprobable -como el de todo ser humano de buen vivir- tiene varias implicaciones agravantes: no solo era un militante político, sino que era un periodista anticorrupción.
Queda exhibida una vez más -por si faltara-, la vulnerabilidad de los críticos de regímenes autoritarios y la prepotencia de las mafias empeñadas en acallar toda protesta que ponga en riesgo sus dominios.
La trágica noticia que recorrió el mundo el miércoles 09 de agosto del presente puede tener muchas lecturas. Una que interesa resaltar en estas líneas es su condición de comunicador profesional, crítico de la corrupción gubernamental en su país, así como del creciente poderío de las mafias del narcotráfico.
Villavicencio Valencia, de 59 años, de acuerdo con datos obtenidos de su biografía oficial, era graduado en la Licenciatura de Periodismo y Comunicación Social. Ejerció su labor profesional entregado a investigar y denunciar casos de corrupción; fue fundador de medios digitales dedicados a exhibir la parte obscura del poder; y fue autor de varios libros sobre esos temas.
En 2014 fue sentenciado a prisión como resultado de supuestas injurias contra personajes afectados por sus denuncias, y tuvo que exiliarse en Perú. De regreso a su país asumió una representación popular como asambleísta, antes de lanzarse a la candidatura presidencial.
El periodista -en su papel de aspirante a gobernar el Ecuador- tenía intenciones muy claras de contribuir a “rescatar a la patria de las mafias políticas y del narcotráfico”, pero lo eliminaron de la cita comicial programada para el 20 de agosto.
El asesinato de Villavicencio se planeó con alevosía y ventaja; se ejecutó a plena luz del día y ante numerosos testigos; fue resultado de amenazas previas a su persona y con una sobrada ráfaga de fuego, al estilo mafioso de quienes se saben impunes y dueños de vidas ajenas.
El ministro del Interior, Juan Zapata, calificó el magnicidio como “un crimen político de carácter terrorista”.
La magnitud del atentado, en palabras del secretario General de la ONU, António Guterrez, “representa una grave amenaza a la democracia, y los responsables deben ser llevados ante la justicia”.
El Alto Comisionado de la ONU para Derechos Humanos, el austriaco Volker Turk, subrayó la importancia de “llevar a cabo con prontitud y justicia una investigación transparente, exhaustiva e independiente, para que los responsables de este ataque rindan cuentas”.
El presidente de Ecuador, Guillermo Lasso, pidió ayuda al FBI para colaborar en la investigación. A los pocos días una comisión de la agencia estadounidense aterrizó en el país.
Como avance del proceso judicial, la policía dio a conocer que detuvo a un comando de sicarios colombianos, señalados como autores materiales del asesinato; fueron encarcelados en prisión preventiva.
A Villavicencio no lo mataron por ser candidato presidencial, lo acallaron por ser periodista con un compromiso público de combatir a los criminales al llegar al poder. “Es tiempo de valientes”, fue su lema de campaña.
La prensa internacional y los demócratas del mundo estamos de luto… Y sobre aviso.

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