El cártel de Juárez: El más poderoso de todos los tiempos

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José SÁNCHEZ LÓPEZ

El Cártel de Juárez, fundado en la década de los 70 por un ex agente de la Dirección Federal de Seguridad (DFS), llegó a su más alto nivel en los años 90, bajo el liderazgo de “El Señor de los Cielos”, convirtiéndose así en el más poderoso de México durante casi tres décadas.

A diferencia de Joaquín “El Chapo” Guzmán, nombrado por la revista Forbes como uno de los hombres más ricos del mundo por su fortuna de mil millones de dólares y señalado como introductor de cientos de toneladas de cocaína a los Estados Unidos, Amado Carrillo Fuentes, “El Señor de los Cielos” llevó miles de toneladas de droga a la Unión Americana y se estimó que llegó a tener más de 25 mil millones de dólares, con negocios y propiedades en todo el mundo.

Amado Carrillo Fuentes, sobrino del capo Ernesto Fonseca Carrillo, fue enviado por su tío con Pablo Acosta Villarreal “El Pablote” o “El Zorro de Ojinaga”, para que le enseñara todos los secretos del oficio.

Lo aprendió de tal manera, que el alumno no sólo superó al maestro, sino incluso ordenó la muerte de quien fuera su mentor para erigirse como jefe máximo de la organización.

Simultáneamente con su llegada al poblado de Ojinaga, en Ciudad Juárez, Chihuahua, en 1970, el ex miembro de la DFS, Rafael Aguilar Guajardo, dueño del Premier en la ciudad de México y del Lido de París, junto con el empresario Gerardo Terrazas S., fundaba “El Cártel de Juárez”.

Por 17 años, Amado Carrillo permaneció junto al  “El Zorro de Ojinaga”, primero como su asistente y después como segundo en jerarquía, pero al ordenar su muerte  en abril de 1987 y ser abatido por agentes de la Policía Judicial Federal, al mando de Guillermo González Calderoni, entonces director de Intercepción, Aérea, Terrestre y Marítima de la PGR, asumió el mando absoluto de la organización que al paso de los años se convertiría en el cártel más poderoso del mundo.

Se dijo entonces que había sido su alumno predilecto, su protegido, quien le dio todos los datos necesarios al comandante para ubicar a Pablo, a quien además pagó un millón de dólares, para que lo liquidara.

González Calderoni, moriría también ejecutado 16 años después, el 5 de febrero de 2003, en los Estados Unidos, donde se había refugiado para evitar ser detenido por la justicia mexicana, al acusársele de proteger a narcotraficantes de diversas organizaciones.

Paralelamente con las actividades en Ojinaga, Amado comenzó a extender sus redes a Ciudad Juárez y en poco tiempo, al igual que lo hizo con Acosta Villarreal, se ganó la confianza del ex federal Aguilar Guajardo quien lo dejó manejar recepciones de droga desde Colombia y le permitió conocer a sus contactos.

De la misma manera, gracias a lo aprendido con Acosta Villarreal, incrementó los envíos de droga, principalmente cocaína, hacia los Estados Unidos y poco a poco fue desplazando también a Aguilar Guajardo. 

A fines de la década de los ochentas, Carrillo Fuentes dejó Ojinaga y asentó su cuartel de operaciones también en Ciudad Juárez.

Hasta ese tiempo, había conservado el tesoro más preciado para un capo de las drogas: el anonimato.

Nadie o mejor dicho casi nadie sabía de su existencia y por lo mismo podía moverse a sus anchas, mediante sobornos a funcionarios y jefes policíacos de primer nivel, lo mismo que a militares de alto rango, entre ellos varios generales.

El mote de “El Señor de los Cielos” le había sido impuesto por el uso de una flotilla de cuando menos 30 aviones, la mayoría Boing 727, a los que quitaba el fuselaje, asientos y todo lo necesario para convertirlos en transporte de carga.

De esa manera, mientras sus rivales en el narcotráfico transportaban 200 o 500 kilos de droga en avionetas o en aviones pequeños, Amado hacía envíos de hasta nueve toneladas de cocaína en un solo viaje.

Se estima que el solo introdujo cuatro veces más cargamentos de droga a la Unión Americana que todos sus competidores juntos y ya en 1993, merced a sus contactos, a sus aviones y a sus sobornos ( fue cuando cobró fama la frase de “plata o plomo”), se había convertido en el narcotraficante más poderoso e importante del mundo.

La organización criminal manejaba el 60 por ciento de la cocaína colombiana que llegaba a EU vía México, por lo que convirtió al estado de Chihuahua en su base de operaciones con el trasiego de cocaína y heroína enviadas por el cártel de Cali.

Irónicamente quien estaba más satisfecho con sus logros, era su socio, Rafael Aguilar Guajardo.

Pero la voracidad y el hambre de poder de Amado no conocia límites y el 12 de abril de 1993, en un muelle de Cancún, Quintana Roo, Aguilar Guajardo fue acribillado cuando se disponía a abordar una lancha.

Igual que con Acosta Villarreal, se dijo que quien pagó un millón de dólares por su muerte, había sido Amado Carrillo Fuentes, “El Señor de los Cielos”, para asumir el liderazgo total y absoluto del Cártel de Juárez.

Sin embargo, el anonimato de casi siete años, pese a que en julio de 1989 fue detenido y confinado durante ocho meses en el Reclusorio Sur, por portación de arma prohibida, sólo le duró medio año más, tras el crimen de Aguilar Guajardo, pues el 24 de noviembre de 1993 saltó a la fama luego del atentado en su contra en el restaurante Bali Hai Ochoa, situado al sur de la Ciudad de México.

En esa ocasión, Alcides Ramón Magaña, “El Metro”, era uno más de sus guardaespaldas, pero esa ocasión jugó un papel importantísimo para que su jefe no sólo se salvara de ser ejecutado, sino que escapara y a partir de ese momento se convirtió en uno de sus principales hombres de confianza y operadores de mayor rango.

Tan sólo en seis años, Amado Carrillo Fuentes había escalado todas las posiciones hasta convertirse en el capo más importante de la época y entonces se volvió “filántropo”, adoptando como su pueblo natal a Guamuchilito, del municipio de Navolato, sin olvidar al poblado La Tuna, de Badiraguato, donde nació.

A ambos poblados los dotó de iglesia, jardín, escuela y toda clase de servicios, así como de una ayuda continúa a los lugareños.

Amado Carrillo Fuentes, nació el 17 de diciembre de 1956. Fue el segundo de ocho hermanos nacidos del matrimonio formado por los campesinos Aurora Fuentes López y Vicente Carrillo Vega. El mayor fue Vicente, después Cipriano, José, Alberto, Jorge, Bertila, Alicia y Rodolfo,

De los seis hermanos Carrillo Fuentes, cuatro están muertos: Amado, aunque en extrañas circunstancias, Cipriano, Rodolfo y José Cruz, mientras que los otros dos, Vicente y Alberto, están presos.

Durante cuatro años más, ya identificado como uno de los principales capos, continuó inundando de droga al vecino país, de tal suerte que las agencias antidrogas estadounidenses ofrecían 5 millones de dólares y la Procuraduría General de la República, 30 millones de pesos por información que llevara a su captura.

Se dice que sus tentáculos llegaban lo mismo a Estados Unidos que a Centro, Norte y Sudamérica, así como al continente europeo, estableciendo empresas, negocios y demás inversiones en las que “lavaba” los cientos de miles de millones de dólares que le redituaba el trasiego de droga.

Según reportes de inteligencia de varios países, Amado Carrillo ganaba como mínimo 200 millones de dólares a la semana, aún con el reparto de las demás ganancias entre cientos de empleados, sus socios y autoridades corruptas.

Ya para entonces, Carrillo Fuentes era objeto de 26 investigaciones en la Unión Americana, en tanto que en México había dos órdenes de aprehensión en su contra por delitos contra la salud.

A pesar de ello, todo iba viento en popa, incluso se dice que entre mayo y julio de 1997, viajó a Rusia. Cuba y Chile para expandir su imperio, hasta que quiso cambiarse de nueva cuenta el rostro, como lo había hecho ya en otras ocasiones.

La versión oficial, fue que el 3 de julio de 1997 el señor Antonio Flores Montes, ingresó al hospital Santa Mónica, ubicado en la calle Temístocles, en Polanco, una de las zonas más exclusivas de la Ciudad de México, para someterse a una cirugía plástica y una liposucción.

 

Se trataba en realidad de Amado Carrillo Fuentes.

 

De acuerdo a los primeros reportes policiales, en algún momento de las nueve horas que duró la intervención, en la que participaron los médicos Jaime Godoy Singh, Ricardo Reyes Rincón y Carlos Humberto Ávila, el paciente  falleció por depresión de los centros respiratorios, por la presencia residual de agentes farmacológicos de tipo anestésico.

El deceso fue declarado a las seis de la mañana, en la habitación 407, donde Amado, completamente solo, sin compañía, sin nadie a su lado, ni hermanos, amantes, queridas, sirvientes, ni un solo guardia, aparentemente había fallecido.

Al día siguiente, el 4 de julio, a las nueve de la noche, la familia anunció que se estaba preparando el cadáver del capo para que fuera velado en la finca del ejido El Guamuchilito, municipio de Navolato, Culiacán de Sinaloa.

El cuerpo embalsamado, de quien se presumía era Carrillo Fuentes, fue llevado a la Funeraria García López, enclavada en el centro de la Ciudad de México, uno de los servicios mortuorios más exclusivos y caros, que se encargaría de trasladar el cadáver de Antonio Flores Montes, de 42 años, originario de Zacatecas, (con ese nombre se extendió el certificado de defunción), primero a Culiacán y después a Badiraguato.

Uno de los socios mayoritarios de la exclusiva firma de pompas fúnebres, era el licenciado y ex candidato presidencial, Diego Fernández de Ceballos.

Por su parte, la PGR informó en un comunicado de prensa que desde el 4 de julio por la noche, recibió informes de que “El señor de los Cielos” había fallecido, aunque la DEA, sin ver el cadáver y a miles de kilómetros de distancia, avaló con días de anticipación que el cuerpo sí era el de Amado Carrillo Fuentes.

El segundo hombre en importancia de la DEA, Jim Milford, aseguró a la prensa local que apostaba su placa a que el cadáver era el de Amado Carrillo Fuentes, de 41 años de edad, y dos días después, el Gobierno de México oficializaba la muerte del capo.

El cadáver, identificado por su madre Aurora Fuentes López,  fue mostrado públicamente hasta una semana después y pese a la cirugía facial a la que fue sometido y en la que se debió afeitarle para la cirugía, el cuerpo. Momificado, dentro del ataúd, lucía un tupido, negro y gran bigote.

De la exclusiva funeraria, el cuerpo fue llevado al Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México y transportado en el vuelo 100 de Aeroméxico, hasta el anfiteatro de Capillas Funerales San Martín, en Culiacán, Sinaloa.

Su muerte, calificada por expertos en narcotráfico, como “desaparición” y no como fallecimiento, ha estado rodeada de misterio, incluso se llegó a decir que como poseía valiosa información que podría perjudicar a personajes de distintos ámbitos, principalmente policíaco y político, se acordó que era mejor que “muriera”.

Se sabía que una de las estrategias de Carrillo Fuentes para no ser atrapado, era recurrir a “dobles” cuando se trataba de alguna actividad riesgosa, un operativo o cuando no quería dar la cara en algún trato con narcotraficantes rivales.

Los medios que abarrotaron el recinto mortuorio de García López, tomaban gráficas de una “momia” que en nada se parecía al difunto Amado, mientras que la señora Aurora, madre de Amado, jamás mostró el abatimiento normal ante la pérdida del hijo predilecto.

Cuatro meses después, el dos de noviembre de ese mismo año,  los médicos Godoy Singh, Reyes Rincón y Ávila, aparecieron muertos, incinerados, dentro de unos tambos metálicos, en Acapulco, Guerrero. La versión oficial fue que había sido una venganza por la muerte del capo, aunque extraoficialmente se dijo que el mismo Amado había ordenado que “los silenciaran” para que no hablaran.

Otro punto oscuro, fue la repentina e inexplicable desaparición del comandante de la Policía Judicial del Distrito, José Luis Rodríguez, (a) “El Chiquilín”, adscrito a la Delegación de Xochimilco.

Las investigaciones revelarían que por su parecido con Amado Carrillo, varias veces le había servido como “su doble” y que, sin motivo justificado, desapareció a fines de junio y nunca más se le volvió a ver.

Cabe acotar que la “muerte” de Amado Carrillo fue días después, a principios del siguiente mes.

Un hecho más que ahondó el escepticismo respecto a la muerte del capo, ocurrió a mediados de 1999; el periodista y escritor José Alfredo Andrade Bojórquez presentó su libro “Desde Navolato Vengo: Biografía de Amado Carrillo Fuentes”, cuyo contenido remarcaba numerosas desapariciones de jefes policíacos, médicos y licenciados que habían sugerido que Amado Carrillo Fuentes no estaba muerto.

El autor también desaparecería en noviembre de ese mismo año y jamás se le volvió a ver.

Desde hace 20 años, se ha extendido el rumor de que Amado no está muerto, que se acogió al Programa de Testigos Bajo Protección de la DEA y que, con otra identidad y refugiado en distintos países, ha contribuido para la captura o el aniquilamiento de los jefes de otros cárteles.

Incluso la serie televisiva “El Señor de los Cielos”, maneja hipótesis entremezcladas con situaciones actuales y revestidas de hechos fantasiosos, que ha servido para que se incremente la leyenda en torno al mítico capo.

A raíz de la “muerte” de Amado Carrillo, fue su hermano Vicente, alias “El Viceroy”, quien quedó al frente del Cártel de Juárez, pero no pudo llenar el hueco que dejó “El Señor de los Cielos” y se desató una sangrienta batalla por el control del territorio, entre Vicente y el “empresario” Rafael Muñoz Talavera, que arrojó cientos de muertos de uno y otro bando.

Muñoz Talavera sería asesinado el nueve de septiembre de 1998 y con ello quedaría demostrado el poderío de “El Viceroy”, que aún disminuido seguía siendo el líder máximo de la organización.             

Logró sostenerse en el liderazgo de la organización hasta el nueve de octubre de 2014, cuando fue detenido por elementos de la Policía Federal en Torreón, Coahuila, junto con su chofer y escolta, Jesús Dimas Contreras.

“El Viceroy”, de 51 años, vestido con pantalón de mezclilla, camisa azul con blanco, de manga corta, cabello corto, entrecano, obeso, sin armas, droga ni alhajas que pudieran delatar su estatus, se identificó como Jorge Sánchez Mejía, pero al cotejar sus huellas dactilares se comprobó que se trataba del heredero del Cártel del Golfo.

Antes, se daría la rivalidad entre el clan de los Carrillo Fuentes y un incipiente capo que apenas empezaba a destacar: Joaquín Guzmán Loera.

El 11 de septiembre del 2004, “El Chapo” le declaró la guerra al Cártel de Juárez, al ordenar la ejecución de Rodolfo Carrillo Fuentes, “El Niño de Oro”, el hermano menor de los Carrillo Fuentes. Fue asesinado junto con su esposa Giovanna Quevedo Gastelum.

Como venganza, el 31 de diciembre de ese mismo año, fue asesinado, dentro del penal de máxima seguridad La Palma, en el Estado de México, el hermano menor de los Guzmán, Arturo Guzmán Loera, alias “El Pollo”.

La guerra estaba declarada y como consecuencia se darían más muertes de ambos bandos, hasta diezmarse mutuamente. 

Ahora, a casi 20 años de la “muerte” de Amado Carrillo, ni siquiera la Procuraduría General de la República puede constatar y certificar lo que realmente sucedió, al menos así lo demuestra la respuesta que dio al periodista Omar Sánchez de Tagle, de Animal Político, quien le solicitó información.

En la solicitud, se pidió a la PGR el resultado de los estudios histopatológicos practicados en riñón, hígado, pulmón, encéfalo, cerebelo, médula, miocardio, bazo y páncreas del cadáver analizado en julio de 1997 y los resultados de la identidad del ADN.

También las conclusiones de los peritos médicos (patólogo forense y cirujano plástico reconstructor) adscritos al Hospital Central Militar, dependiente de la Secretaría de la Defensa Nacional, que afirmaron que “El Señor de los Cielos” falleció a consecuencia de depresión de los centros respiratorios por la presencia residual de agentes farmacológicos de tipo anestésico.

A ello, la Subprocuraduría Especial de Investigaciones en Delincuencia Organizada (SEIDO), asegura que no existen pruebas periciales ni de ADN por las cuales se pueda conocer públicamente la causa y señala que 7 áreas distintas de la PGR afirman que no existen documentos sobre averiguaciones previas, actas circunstanciadas o investigaciones que fuesen abiertas en contra de quien fuera el líder del Cártel de Juárez.

Señaló que la única información que tiene son dos boletines de prensa, que narran rumores sobre su muerte y dos más que detallan las investigaciones y los resultados con los cuales el Ministerio Público confirmó su deceso.

 

La respuesta final fue:

 

(…“después de haber realizado (una) búsqueda exhaustiva y minuciosa de la solicitud, se concluye que no se localizó registro alguno respecto de la información requerida…)”.

“No se omite señalar que la inexistencia de la información antes descrita, fue sometida a consideración del Comité de información de dicha institución, el cual en su Quincuagésima Sesión Ordinaria determinó confirmar la inexistencia de la información solicitada”.

A la fecha, luego de haber sido considerado el cártel más poderoso de México, la organización está disminuida y si bien se estima que continúa operando, no hay comparación con el poder que llegó a detentar “El Señor de los Cielos”.

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