jueves, julio 25, 2024

Cuando la IA comenzó a hacer cine: polémicas, herramientas y primeras películas sin humanos

LOS ÁNGELES, CALIFORNIA.- Si en el principio fue el verbo, ¿en el cine del futuro será todo prompt? En realidad, ese futuro que pasa por las instrucciones que un ser humano da a un modelo de Inteligencia Artificial generativa (GenAI) es más bien el presente, porque la IA generativa no solo ha llegado a la industria cinematográfica para quedarse, sino que en cuestión de un lustro es más que probable que el paradigma creativo sea completamente distinto.

De acuerdo con CINEMANÍA, los avances que se han producido en los diferentes modelos de la GenAI durante el último año son vertiginosos. Si todavía seguimos alucinando con el vídeo del pasado febrero de Sora, el modelo de inteligencia artificial de texto a vídeo y multimodal desarrollado por OpenAI, en el que se ve a una mujer asiática caminando por un Tokio hiperrealista, lo que está por llegar adelanta asimismo cambios profundos: el salto del corto al largometraje casi tradicional, IA generativa de sonido y de música, entre otros aspectos.

La Inteligencia Artificial está, asimismo, empapando los procesos creativos del cine de autor y del cine comercial. En 2022 Alexander Sokurov presentaba Fairytale en el Festival de Locarno, un relato creado mediante deepfake en el que resucita digitalmente a Hitler, Stalin, Mussolini, Churchill, Napoleón Bonaparte y hasta Jesucristo para hacerlos vagabundear en un limbo a las puertas del paraíso.

Este 2024, por su parte, el Marché de Cannes se ha visto sacudido por Putin, biopic del mandatario ruso en el que el polaco Patrick Veyga ha empleado deepfake. “Para acercarnos extremadamente al dictador necesitábamos a Putin, no a un actor con maquillaje”, comentaba entonces a Associated Press. No solo eso, ya que el Festival de Cine de Tribeca ha estrenado también este año un programa de cortos realizados mediante GenAI, en lo que es tan solo un aperitivo de lo que está por venir.

Todo va tan rápido, así pues, que hasta un festival jovencísimo como el +RAIN Film Festival, certamen de cine e Inteligencia Artificial que incluye conferencias y debates en la materia coorganizado por la Universitat Pompeu Fabra de Barcelona (UPF) y el festival internacional de música, creatividad y tecnología Sónar, ha tenido que ajustarse de un año al otro al ritmo de las innovaciones tecnológicas.

Este 2024 celebraba su segunda edición con un salto tremendo con respecto a la edición debut de 2023. “Cuando empezamos entonces el festival, unos días antes empezaban las primeras beta testers, estas versiones beta para probar modelos de Text2Image y Text2Video”, recuerda Anna Giralt Gris, cineasta y co-directora del +RAIN. “Y ahora hace nada hemos visto el de Sora, que ya son modelos súper realistas…”

El perfeccionamiento de las herramientas y su popularización ha supuesto, en este sentido, que el +RAIN haya pasado de recibir en tan solo un año de 56 a 240 producciones que aspiraban a participar en la sección competitiva. En 2024, diez han sido las obras de formato corto que competían por el Premio a la Mejor película del certamen. Diez propuestas muy diferentes entre sí –del videoensayo al trabajo con la expresión de las emociones– que dan cuenta de las distintas maneras de entender la herramienta y de los distintos métodos de trabajo.

Para hacernos una idea rápida, una película como Duck, en la que la artista visual escocesa Rachel Maclean utiliza el deepfake para crear un thriller onírico en el que las varias iteraciones de James Bond se encuentran con Marilyn Monroe, se realizó a lo largo de casi tres años; mientras que para el ensayo Fried Egg la diseñadora gráfica hindú Rucha Thigale empleó poco más de ocho horas de una tarde de domingo, como confesó en la presentación de la película durante el festival.

Thigale, por cierto, recibió el Premio del jurado del +RAIN, que también reconoció con el Premio a la Mejor Película al videoensayo 512X512, del francés Arthur Chopin por su “profunda interrogación sobre los arquetipos visuales de la IA”, y con una Mención especial a Morbo, del brasileño Jonas Sanson, un estudio sobre la gestualidad del rostro y de la emoción de la ira realmente impactante. Las diez películas a concurso, junto con Latex Kid, de Fran Gas y cinta de clausura del certamen, están disponibles en Filmin hasta el próximo 30 de junio.

Una tecnología de polémica en polémica
La industria cinematográfica observa con alerta y recelosa los avances de la GenAI, sobre todo por los conflictos éticos y muy especialmente laborales que acompañan a la implantación de esta tecnología en las dinámicas productivas.

En enero de este año, un estudio elaborado The Concept Art Association y el Sindicato de los Animadoresde Hollywood señalaba que, para 2026, se habrán suprimido más del 20 por ciento de todos los puestos de trabajo de la industria del entretenimiento estadounidense, es decir, unos 118.500 trabajos.

En ese mismo estudio se indicaba que entre los departamentos que más probablemente se verán afectados por la GenAI se encuentran el diseño de sonido realista para películas, televisión y videojuegos, el desarrollo en 3D y la creación de doblajes de sonido realista en idiomas extranjeros. También señala que guion, interpretación y músicos son los sectores menos afectados. Quizá haya que recordar, en este sentido, que Hollywood estuvo parado durante casi cuatro meses por la huelga de actores y guionistas.

Con esa terrible previsión en la mano, se entienden las reacciones airadas en el reciente Festival de Annecy, el festival de cine de animación más importante del circuito, por la inclusión en el programa de cinco obras que habían empleado la GenAI. Como Echoes of Grief, de la austríaca Verena Repar, a concurso en la categoría de estudiantes, que recibió una fuerte reacción en contra, obligando al festival a emitir una declaración institucional.

“Puede que este avance tecnológico no se parezca en nada a sus predecesores. Tenemos que hacer preguntas, los debates son cruciales, pero creemos que para mantener debates inteligentes necesitamos saber más sobre estas obras. Esta es la razón por la que han sido preseleccionadas”, defendía Marcel Jean, director artístico de Annecy.

Otra polémica sonada: en mayo se conoció que OpenAI utilizó la voz de Scarlett Johansson sin su permiso para poner en funcionamiento Sky, un nuevo servicio de voz de ChatGPT-4o. En un principio Sam Altman, CEO de la compañía, contactó con la actriz y Johansson barajó la oferta, que finalmente declinó. Pese a todo, OpenAI ofertó su chatbot con una voz tan parecida a la actriz que resultaba imposible no pensar en ella.

De hecho, Johansson fue la voz del asistente virtual en Her (Spike Jonze, 2013), en la que el personaje interpretado por Joaquin Phoenix se enamora de ella. No es un detalle baladí, teniendo en cuenta que el propio Altman tuiteó “her” durante la presentación de la versión ChatGPT-4o.

Control y soberanía
El suma y sigue de controversias es continuo, por lo que parece lógico que desde la industria del cine se vea con miedo e incertidumbre lo que está sucediendo y lo que puede llegar a suceder. Pero Anna Giralt Gris, co-directora del +RAIN, recuerda que la tecnología per se no es perjudicial, y que detrás de la IA hay “humanos que toman decisiones de cuándo sacan un modelo, a qué ritmo sacan ese modelo y cómo lo implementan en la sociedad”.

De ahí que recuerde que en el panorama actual “hay una concentración de poder muy grande, es decir, los big players están marcando este ritmo tan frenético: Amazon, Microsoft, OpenAI… Son cuatro. Este ritmo tan acelerado no es necesario y solo puede entenderse como una especie de doctrina del shock”.

Para Frederic Guerrero-Solé, Catedrático de teorías de la comunicación y co-director del +RAIN, lo que está sucediendo con esa aceleración vertiginosa de la GenAI “se puede resumir en una sola palabra o concepto: capitalismo”. Cree que el escenario actual es muy parecido a lo que ha sucedido anteriormente con las redes sociales, “a las que se les han puesto fronteras una vez han afianzado su posición en el mercado y se han consolidado como actores clave a nivel comunicativo”.

“El caso de Scarlett Johansson es particularmente doloroso”, indica, “porque ella renunció a que se usara su voz porque no quiere que se utilice para estos fines, además está el vínculo con Her, con todo lo que se cuenta en la película, y finalmente Sam Altman acaba poniendo su voz y luego justificando que era una mezcla… Cuando la mezcla no se distingue del original. De hecho, una mezcla puede dar lugar a un original”.

Sesgos de género y de grupo étnico, conflictos ecológicos y de sostenibilidad, problemas con el copyright a la hora de entrenar los modelos de GenAI o un futuro laboral incierto para los humanos de las profesiones creativas acompañan, así pues, a una tecnología que, como recuerda Guerrero-Solé “está ya por todas partes”.

“Si no nos lo dicen, no vamos a saber dónde está, si guion, ideación en la fase de triggering, en la accesibilidad, o incluso en producción audiovisual… Va a ser un participante de esta lógica”, afirma. “No haría una mirada purista sobre ‘la película definitiva hecha toda con IA’, pero sí que advertiría al mundo del cine de que la IA es como los Gremlins. están en todas partes”.

Es por ello que insista en la importancia de la soberanía utilizando estos medios creativos: “Controlar los modelos, su entrenamiento, su refinamiento, y finalmente la fase final de computación. Este es uno de los aspectos que más defiendo y que me parece más relevante. Sin soberanía vuelve a haber una cesión absoluta a cinco grandes empresas que controlan todo este mundo y este campo”.

Mundos por descubrir
¿Existe una estética de la GenAI? ¿Cómo utilizan los creadores esta herramienta para imaginar historias? Por el momento, las obras generadas con IA siguen una “lógica cinematográfica”, dice Giralt, Es decir, esta tecnología se está incorporando a un medio que ya existe y está por ver “si dentro de unos años estamos delante de un nuevo medio o no”.

De ahí, claro, que muchas películas se declinen en la experimentación formal o en pequeños relatos de ciencia-ficción o fantasía. “Hay una indagación por los lugares, desde el espacio al subsuelo, o por los espacios súper remotos: el inconsciente o los sueños”, explica la co-directora del +RAIN. “Son unos mundos que la IA plasma muy bien, porque todavía no es perfecta y estos mundos funcionan muy bien a nivel narrativo y visual”.

Es el caso de buena parte de las obras a concurso de esta reciente edición del +RAIN (Time Metallurgist, de Tomas Rampula; Sueño finlandés y paranoico, de Jimena Aguilar; When people talk about their dead, they look up, de Anna Halbleib), así como de la obra ganadora de la primera edición del Premio SOLO AI 2024 a la Mejor película realizada con esta tecnología, la evocadora Sincerely, Victor Pike, del eslovaco-británico Gregor Petrikovic.

Por ahora, este conjunto de obras son apenas una muestra de la primera historia de la IA generativa, unos primeros pasos que tratan de legitimarse en un escenario complejo y repleto de conflictos y retos. Por delante queda la respuesta de la industria cinematográfica y la tecnológica a las reclamaciones de los trabajadores del sector, más allá de que los cambios que va a provocar esta tecnología son inevitables.

“A no ser que haya un rechazo explícito a nivel de público, de industria y de sector cinematográfico, que no lo creo, ahí está”, dice Guerrero-Solé, recordando la metáfora de los Gremlins a la hora de pensar la GenAI. “Si lo sacas cuando no toca, puede transformarse en un monstruo. Pero si lo cuidas, puede servir hasta para curar a personas”.
AM.MX/fm

Artículos relacionados