fbpx CONCATENACIONES: La obsesión del muro | Almomento | Noticias, información nacional e internacional

Fernando Irala

Luego de siete meses de desgobierno, Donald Trump ha retomado el viejo tema del muro en la frontera con México.

No es casual el momento en que ocurre la regresión. A lo largo de ese lapso se ha peleado con aliados y adversarios dentro y fuera de Estados Unidos, dentro y fuera de su partido, dentro y fuera de la Casa Blanca.

Ahora, su popularidad entre sus electores va en descenso acelerado y su régimen camina al desastre, fenómenos que sólo un inmenso ego y una deficiente capacidad de percibir la realidad le ocultan.

Sin embargo, el instinto le ha llevado a recobrar la beligerancia en su obsesión por el muro. Para ello viajó a la frontera. Debió estar atento al peligro inminente del huracán “Harvey” que se aproximaba a Texas, pero en cambio fue a Arizona para anunciar sustancialmente cuatro cosas: que sí va a edificar la pared, que para ello se enfrentará al Congreso hasta el grado de llegar a la paralización del gobierno si no se aprueban los fondos que exige, que considera nocivo para su país el actual Tratado de Libre Comercio por lo que piensa que eventualmente Estados Unidos se saldrá de ese instrumento, y finalmente que iba a indultar a su amigo Arpaio, el exalguacil perseguidor y maltratador de migrantes, condenado a prisión por la Corte Judicial debido a su desacato reincidente en sus fobias –indulto que firmó en los siguientes días.

Como ya han observado algunos expertos, señaladamente Trump tuvo que abandonar su despropósito de que México pagará su muro, y ahora su pleito es que el Congreso le otorgue fondos.

Es difícil saber hasta dónde llegará el magnate metido a político en este episodio. Ya sabemos que no se guía por razones, sino por caprichos y necedades.

Lo cierto es que el juego político se va a poner bueno en los próximos días, si es que Trump decide cumplir su promesa de aferrarse a su exigencia de fondos hasta el grado de cerrar la administración pública.

Esa medida extrema requiere que la ciudadanía esté convencida de que el Presidente tiene razón y que el Congreso lo obstaculiza en una causa justa.

Pero Trump llego con una opinión pública dividida y de hecho con menos de la mitad de los sufragios efectivamente emitidos. Ahora, su margen de aprobación es claramente mucho menor.

En ese contexto, es probable que el enceguecido gobernante esté a punto de darse un tiro en el pie.

 

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