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Carlos Becerril Torres
En los actuales tiempos de revival, reloaded, unplugged y demás crossovers, alguien pregunta ¿qué se necesita para vender un disco viejo? Otras preguntas podrían plantearse en términos de ¿quién compraría discos viejos? ¿Dónde empiezan a ser o hacerse viejos los discos y cuando fueron jóvenes? ¿Todo ello tiene que ver con las decisiones del mercado y del público, del marketing y de los gustos de la audiencia?
Para vender un disco viejo se necesita en primer lugar tenerlo y que al paso del tiempo haya adquirido valores y sabores más profundos y variados. Tal es el caso del álbum tonin’ de un esotérico grupo musical desconocido ante los no-iniciados en la tradición vocal norteamericana, llamado Manhattan Transfer. Los iniciados saben que desde el año de 1979 el grupo vocal ha obtenido múltiples y diversos premios Grammy.

El album, aparecido en el año de 1995, recargó Let’s hang on, Groovin’, Its gonna take a miracle, I second that emotion, La-la means I love you, Too busy thinking about my baby, The thrill is gone, Hot fun in the summertime, Along comes Mary, Dream lover, Save the last dance for me y God only knows.
Desde su primer disco, aparecido en 1975, manifiestan ser una agrupación no-conformista y abierta a todos los experimentos vocales, y en razón de lo anterior en tonin’ acompañaron a Manhattan Transfer las voces de Frankie Valli, Felix Cavalierie, Bette Midler, Smokey Robinson, Laura Nyro, Phill Collins, B.B. King, James Taylor, y Ben E. King. No conformes con lo anterior, productores y cantantes carecieron de límites al incorporar una versión de God only knows escrita por Brian Wilson.
Obvio es que para el momento de aparición del álbum, salvo los nostálgicos, algunos estudiosos de costumbres antiguas y ciertos historiadores de lo inútil podrían recordar con alguna exactitud en qué año se compusieron esas canciones y cuál sería el valor antropológico de las mismas.

El hecho es que ese viejo disco titulado tonin’ trajo de regreso, en 1995, temas de las décadas 50 y 60 a interpretadas por grupos como los Four seasons, Young Rascals, Association, Beach Boys. En esa revisión y recuperación de temas “viejos” le dio a Laura Nyro, dos años antes de su fallecimiento, una nueva plataforma con el tema La-la means I love you.
El aliento vital de Manhattan Transfer es explorar y desenterrar temas musicales del pasado y exponerlos a la luz de armonías a cuatro voces. El grupo ha reunido múltiples voces e influencias de la cultura musical pop estadounidense, recuérdese The Speak Up Mambo o Chanson d’amour, las ha aparejado junto a Operator, Birdland, Gloria o Boy from New York, y las ha envuelto en extraordinarios arreglos vocales. De la misma manera, con sus arreglos ha contribuido a extender los límites de otros géneros musicales más vernáculos como lo son el jazz, R/B, swing, salsa y hasta el mismo rock. Sin dejar de lado el hecho de que The Christmas Album y An acapella Christmas han sido algunos de los álbumes mejor vendidos junto a Couldn’t be hotter y The Spirit of St. Louis, éste último, homenaje y recuperación del legado musical de Louis Armstrong.
Y, ahora por todo ello, surgen las siguientes preguntas: ¿en el año 2017 vale la pena deshacerse de un disco de hace 20 años con música proveniente de 20 años atrás, a cargo de un grupo que recupera una tradición de la canción estadounidense cultivada en los más recientes 70 años? ¿Qué valor económico puede tener esa primera edición entre los coleccionistas y conocedores del arte musical contemporáneo?

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