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Adrián García Aguirre / Ciudad Valles, SLP

* La Huasteca potosina: Tamoanchán o el Paraíso Terrenal.
* Manantiales, cascadas, selvas, montañas y mucha naturaleza.
* El municipio es una referencia histórica y cultural reconocida.
* Su mecenas y filántropo fue un inglés excéntrico y visionario.
* Jardín escultórico surrealista admirado por Dalí, Buñuel y Picasso.
* Iba a ser orquideario, hoy es sitio de asombro y admiración.

La Huasteca potosina es una sorprendente región por sus recursos y bellezas naturales que desde tiempos inmemoriales era conocida como Tamoanchán -Paraíso Terrenal en náhuatl- y Xilitla como el más representativo municipio de San Luis Potosí, nombrado Pueblo mágico el 12 de diciembre de 2011 por la Secretaría de Turismo (SECTUR).

Es conocido por sus selvas tropicales, tierras fértiles, montañas verdes, manantiales abundantes y transparentes e impresionantes cascadas y saltos de agua en el que se han
preservado las culturas indígenas náhuatl y téenek, sus modos tradicionales de vida y el famoso café y la producción de piloncillo; pero son sus paisajes lo que le han dado prestigio, además de ser el lugar más húmedo y lluvioso del estado.

La traducción más aceptada de la toponimia Xilitla es “Lugar de Caracolitos”, que viene del nahuatl “zilli” (caracol pequeño) y “tlan” (lugar), y una traducción secundaria sería “Lugar de Langostines”, de “akozilli” y “tlan”.

El municipio se encuentra localizado en el Sureste de San Luis Potosí, en una cabecera municipal que limita al Norte con Aquismón y Huehuetlán; al Este, Axtla de Terrazas, Matlapa y Tamazunchale, al Sur, el estado de Hidalgo, al Oeste, el de Querétaro, a una distancia aproximada a la capital estatal de 350 kilómetros.

La superficie total del municipio es de 414.95 km² y representa un 0.69 % del territorio estatal., asentado en las estribaciones de la Sierra Madre Oriental, alcanzando alturas de 2800 metros sobre el nivel del mar, al Oeste de la región.

Los plegamientos orográficos van reduciendo sus alturas paulatinamente conforme se deslizan al Occidente, una zona en la que no existen planicies con importancia en extensión.

Las corrientes superficiales más importantes son el río Tancuilín, localizado al Sureste, el cual limita con el municipio de Matlapa y Tamazunchale: este río procede del estado de Hidalgo y se interna al municipio de Axtla de Terrazas.

También se detecta al Noreste una pequeña porción del río Huichihuayán en su trayectoria de Huehuetlán a Axtla de Terrazas, y fuera de estas corrientes sólo se localizan en el área arroyos de tipo intermitente que se forman en las sierras en la temporada de lluvias..

El municipio de Xilitla colinda con Querétaro, es de clima semi cálido húmedo; en el centro semi cálido húmedo con lluvias todo el año y al Norte templado húmedo; y una temperatura media anual de 22º C, máxima absoluta de 39º C y mínima de 3º C.

Sin embargo, la recepción de lujo consiste en que, al instante, se muestra la magnificencia histórica y cultural que ha llegado a hacer de Xilitla un municipio y una población maravillosa que surge entre senderos húmedos que siempre conducen al encantamiento y a la fantástica colección de 36 estructuras en medio del exotismo que la mimetiza y confunde con la naturaleza.

Construido por Edward James, ciudadano y súbdito de la corona de Inglaterra nacido en 1907, quien se decía emparentado con la monarquía de los Windsor, mandó construir figuras tan extrañas y sofisticadas como sus propios nombres: “Escalera al inframundo”, “La casa destinada a ser cine” o “La casa de tres pisos destinada a ser de cinco”.

Aquí se experimenta paz y tranquilidad que solo se acentúa con el estruendo sinfónico de su cascada que cae en Las Pozas, un conjunto de rocas redondeadas para posibilitar baños placenteros y sumamente saludables: en ese sitio acaba el jardín surrealista de Edward James, único en el mundo por su estética plena de excentricidad.

En lo alto de las montañas que rodean a Ciudad Valles aparecen Xilitla, el jardín de Edward James y Las Pozas, pertenecientes a esa extraordinaria e irreal finca selvática, originalmente desinada a ser un orquideario aromático, zoológico y acabó como una fantasía arquitectónica en la que el mecenas británico invirtió tres décadas de su vida.

Para edificar ese monumento natural de cemento y hormigón, contó con el respaldo solidario y total de su amigo Plutarco Gastélum Esquer, indígena de origen sonorense, quien diseñó con él muchos de los monumentos pétreos, puestos entre veredas resbaladizas que serpentean en ese jardín que despertó la admiración del gran cineasta Luis Buñuel, creador de Viridiana y El ángel exterminador.

“Homenaje a Max Ernest”, “Avenida de las serpientes” y “Plataforma de los hongos” son nombres que Buñuel sugirió para algunas de las esculturas, expresando que Edward James –con quien compartía tan extrañas ideas- “estaba más loco que todos los surrealistas juntos; pero auténtico y original como ninguno de nosotros”.

Si en algo sobresalió Edward James fue como mecenas y filántropo, editor, poeta y pintor reconocido y renombrado, fundador de compañías de ballet clásico, patrocinador e impulsor de exposiciones de Leonora Carrington, Pablo Picasso, René Magritte y Salvador Dalí, en cuyos círculos pictóricos participaba.

Divorciado de una afamada bailarina húngara y sin herederos, fueron los hijos de Plutarco Gastélum quienes, tras la muerte del querido señor James en 1984, se encargaron de administrar y cuidar los tesoros escultóricos guardados en ese jardín de las delicias, parte de los sueños y delirios de Edward Franklin William James, rey de Xilitla y de las fantasías que la rodean.

Al nombrar al Pueblo Mágico de Xilitla, donde se ubica ese portento pétreo, la mente sube por escaleras que no van a ninguna parte y tocan las copas de los árboles entre arcos de cemento y roca diseñados por el millonario y filántropo inglés que llevó a su corazón esta región para hacerla suya y de los pobladores.

Después de una jornada que difícilmente se repetirá, hay que encaminarse al restaurante Cayo’s que sirve asado de boda, tacos rojos, chile ventilla, zacahuil, enchiladas potosinas, cabuches y un mole colorado sin par, el mejor del merecidamente nombrado Pueblo Mágico.

Luego hay que ir a La Silleta, macizo montañoso -reto para los escaladores-, para apreciar en toda su grandeza el cañón de Tancuilín, y a Ahuacatlán, poblado pequeño que merece ser conocido, cercano al sótano de Tlamaya y a la cueva del Salitre.

La despedida a Xilitla tiene como visita opcional el convento de San Agustín construido entre 1550 y 1557, o finalmente el mirador del Paraíso desde donde es posible contemplar un panorama espectacular de esta tierra que, orgullosamente, lo tiene todo en sus 60 mil kilómetros cuadrados de maravillas infinitas.

 

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