Reducir la jornada laboral no es solo una operación matemática. No se trata únicamente de pasar de 48 a 40 horas semanales en el papel. El sentido histórico de esta lucha (desde la consigna de las ocho horas) fue siempre limitar el desgaste, no concentrarlo. Fue poner un límite al tiempo que el trabajo le arrebata a la vida.
De acuerdo con el dictamen, esta reforma, que se implementará de manera gradual hasta 2030, solamente incluirá un día de descanso por cada seis de trabajo.