martes, abril 16, 2024

“Soy inocente”, discurso íntegro de Elba Esther Gordillo

Señoras y señores:

Aquí tienen la imagen que ha predominado durante más de cinco años con respecto a mi persona y es producto de una persecución política, de acoso e injusticias. Es el producto de un expediente basado en mentiras y acusaciones falsas para hacerme ver culpable de algo que no cometí,

Soy inocente. Muestro a ustedes la resolución judicial que lo acredita.

Recuperé la libertad, y la “Reforma Educativa” se derrumbó.

Deseo que este momento marque mi futuro, el de mis anhelos y el de mis esperanzas.

La larga etapa de encierro fue también de un duro y profundo aprendizaje. Sin duda cambié, cambiamos todos. La dura prueba a la fui sometida también lo fue para mi familia.

Sin embargo, no sufrí sola, también sufrieron las maestras y maestros de México.

Poseo una firme convicción de que, en defensa del magisterio nacional, y de los trabajadores de la educación empeñé lo mejor de mí y no rehuí riesgo alguno o acepté condiciones indignas.

No se ahorraron recursos ni tinta, desde una visión mediática, para tratarme con una dureza que solo una orquestación perversa podía propiciar.

Es mejor conquistarse a sí mismo que ganar mil batallas; hoy, esta guerra está en paz.

A las maestras y maestros de México, les ofrezco una disculpa.

Lamento que hayan sido sometidos a una persecución política y mediática que tenía por objeto, lacerar sus conquistas laborales y atomizar al gremio.

Lamento que nos hayan responsabilizado de la compleja situación educativa del país, cuando la mayoría de los maestros hacen lo mejor que pueden con las herramientas insuficientes que el gobierno les da. Se prefirió gastar en propaganda que invertir en un programa de reactivación escolar.

Lamento también que algunas actitudes que se me atribuyen hayan contribuido a que fuéramos un blanco fácil: un chivo expiatorio al que se le culpó de todo; pero, sobre todo, lamento que quienes debían defenderlos no lo hicieron y nos traicionaron.

Y las maestras y maestros de México les pido que en este inicio de clases pongan lo mejor de sí como siempre. Entréguense a las niñas y a los niños con la tranquilidad de que sus preocupaciones ahora sí deben ser escuchadas. El mundo y nuestro país están inmersos en una profunda transformación y hemos recibido una gran lección ciudadana.

Lo que viene debe plantearse con cuidado, sin obsesiones y sin odios; sin rencores por el pasado y pensando en el futuro, trabajando siempre por el bien de la patria. El pueblo y todos debemos estar a la altura de esta nueva etapa de la historia de México.

La educación que hoy tenemos no corresponde al tiempo que vivimos; nuevas voces, nuevas corrientes de pensamiento y una nueva sociedad nos obligan a cambios profundos. Cambios que debemos encabezar los maestros y maestras de México, como siempre lo hemos hecho: con claridad de miras y con el corazón abierto.

La educación laica, pública y gratuita ha sido nuestro razón de ser: ¡Vayamos por su excelencia!

La vocación superior, a la que siempre hemos estado convocados, es la de una educación de equidad, integral y humanista… de clase mundial.

Sería injusto no reconocer que hubo importantes logros, muchos de ellos, en nuestra historia reciente se vieron opacados por decisiones equívocas, tomas a la luz de un modelo, y n como debía ser, como la necesaria consecuencia de la lucha de un pueblo.

Aprovechar estos logros alcanzados es nuestra alta responsabilidad, sin descuidar los aspectos sociales que también son parte fundamental de nuestro compromiso.

El SNTE ha vivido una larga y compleja historia, pero nunca, nunca antes se había enfrentado a la autodestrucción como resultado de la abyección. En cada rincón de México, en cada escuela pública se percibe la crisis gremial.

Fuimos una organización fuerte y auto-determinada. Es preciso enfrentar el momento y recuperar su fortaleza con grandeza de espíritu, pero con contundencia, pues estamos obligados como trabajadores de la educación a protagonizarlo.

En mi caso, ejerceré mi libertad consciente de que mi lealtad y mi lugar siempre ha estado y estará al lado de los maestros y maestras de México, y de la defensa de la educación pública.

En lo inmediato, me debo a los míos quienes padecieron mi ausencia, sin que esto aplique abandonar mis convicciones.

La vida continua, a México le tiene que ir bien.

A los que se alegran con mi liberación, les agradezco de todo corazón su apoyo. Siempre me dieron aliento en momentos de tristeza. El tiempo nos dio la razón; nuestra integridad es nuestra fortaleza.

Muchas gracias

Mtra. Elba Esther Gordillo

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