miércoles, febrero 21, 2024

¿Qué hacer para ganar?

Federico Berrueto
Sin duda, la Ciudad de México será crucial para la contienda de 2024. No sólo importa quién habrá de prevalecer en la presidencia de la República -Xóchitl o Claudia-, sino la composición del Congreso. De todos los cargos locales en juego, la jefatura del gobierno de la Ciudad de México es el más relevante. Claudia lo ha entendido bien y ha puesto su mayor empeño en promover a la mejor carta del oficialismo, a contrapelo del partido, de la corriente ultra que la favorece y del mismo presidente López Obrador. La incógnita está en el frente opositor.
La lectura de los comicios de 2021 y los recientes en el Estado de México muestran que, más allá de los partidos y candidatos, una proporción importante de los electores en las zonas densamente pobladas rechaza al oficialismo obradorista. No son clases medias, el descontento es más amplio y generalizado; tampoco sólo el centro del país, sino todas las zonas metropolitanas y casi todas las grandes ciudades, donde la prédica presidencial no tiene fuerza ni credibilidad, constituyendo el medio natural para que la oposición logre al menos 100 triunfos distritales y 33% de los votos. No son suficientes, pero sí un importante punto de partida.
En la Ciudad de México deberá prevalecer la candidatura de Omar García Harfuch, importante logro de Claudia Sheinbaum en tres sentidos, mostrar autoridad propia al interior de su grupo; postular a un candidato competitivo ante los electores desafectos del régimen, y contener la vulnerabilidad mayor del presidente López Obrador: su connivencia o complacencia con el avance del crimen organizado. Además, y no asunto menor para la izquierda, el favorito de la próxima candidata presidencial muestra que las buenas cuentas en materia de seguridad es asunto de civiles, no de militares.
El Frente Amplio por México ha perdido impulso. En parte por el ciclo que se agotó con la selección de la candidata Xóchitl Gálvez, pero también por la manera de resolver la candidatura. Lo más relevante, genuino y ciudadano del método de selección era la consulta que tendría lugar en la etapa concluyente y así definir con voto y urna a la candidata; la desconfianza y el miedo se impusieron y provocaron que los dirigentes de los partidos, no los ciudadanos, resolvieran la designación, que concluyó con el ungimiento por Alejandro Moreno en las instalaciones del PRI, una negación de lo que promovió y generó entusiasmo con la creación del Frente Amplio por México. El resultado se impuso al método, es decir, el fin justifica los medios, premisa propia del cinismo político.
El Frente puede retomar actualidad y fuerza. Para ello es preciso reencontrar el origen de su credibilidad y fuerza moral. La designación del candidato a la ciudad de México es la gran oportunidad. Nuevamente se presenta el dilema entre la negociación de las cúpulas de los partidos o incursionar en modalidades de democracia. En los tres partidos hay aspirantes de excelencia, pero requieren de una plataforma que les legitime y permita ampliar su conocimiento y para ello nada mejor que un proceso competido. Por lo mismo, el Frente debe ser la fuerza articuladora de una elección primaria a manera de construir una candidatura ganadora, legítima y derivada de una competencia en el que decida el voto ciudadano.
La elección primaria corresponde a una realidad específica de la ciudad de México: diversidad de aspirantes, un entorno de competencia desde el frente opositor y la necesidad de diferenciarse de las formas políticas del adversario y de la manera en que se han resuelto las candidaturas en el pasado. Como tal, la elección primaria no es una opción, sino el mejor camino de la oposición para que la candidatura prenda.
Para el Frente el proceso en la Ciudad de México debe tomar en cuenta los aciertos y los errores del nacional, especialmente, aprender a asumir los riesgos e incertidumbre propios de la elección democrática para convalidar una manera distinta de hacer política y acreditar la confianza en los ciudadanos y su poder decisorio. En perspectiva, han sido los ciudadanos los actores olvidados de la decisión política más relevante previa a los comicios: la definición de candidaturas.

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