PÍLDORAS DEL LENGUAJE

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Por Pedro Camacho

Discordar es el antónimo de concordar y significa, de acuerdo con la Real Academia, dicho de dos cosas, ser opuestas, desavenidas o diferentes entre sí. Su empleo suele plantear problemas, porque quienes lo usan, a menudo dudan de la forma correcta de conjugarlo. Al respecto hay que decir que dos cosas o dos personas discordantes no “discordan”, sino que discuerdan. El verbo se conjuga como el modelo contar. Y como se cuenta y no se “conta”, del mismo modo se discuerda, no se “discorda”.

Para nadie es un secreto que el lenguaje coloquial, sobre todo entre las nuevas generaciones, es hoy más permisivo y poco cuidadoso con la cortesía, de manera que cada vez son menos las palabras “prohibidas” o mal vistas, esas que antes se conocían como “palabrotas” o “palabras altisonantes”. Ni hablar, los tiempos cambian y los parámetros de la cortesía y la civilidad se aflojan. Pero lo que no es aceptable es que aún haya quienes llaman a esos vocablos “palabras antisonantes”, con una “n” en lugar de la “l”; como si estuvieran contra el sonido. Eso solo denota ignorancia; no es un asunto de cultura moderna.

Discordar es el antónimo de concordar y significa, de acuerdo con la Real Academia, dicho de dos cosas, ser opuestas, desavenidas o diferentes entre sí. Su empleo suele plantear problemas, porque quienes lo usan, a menudo dudan de la forma correcta de conjugarlo. Al respecto hay que decir que dos cosas o dos personas discordantes no “discordan”, sino que discuerdan. El verbo se conjuga como el modelo contar. Y como se cuenta y no se “conta”, del mismo modo se discuerda, no se “discorda”.

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