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Pablo Cabañas Díaz.

En el último gobierno del PRI, la violencia y la corrupción en el país se salió del control. Las élites políticas, que en un principio eran quienes controlaban, vendían protección y condicionaban a los líderes de los grupos mafiosos, pero en la medida que éstos lograron mayor autonomía y tuvieron también más opciones, no necesitaron someterse a la voluntad y reglas de los políticos, los grupos  del crimen organizado tuvieron los recursos para hacer el proceso inverso, es decir, poner a sus propios funcionarios para tenerlos a su servicio.

 

En el  libro “Vecinos distantes: Un retrato de los mexicanos”, publicado en 1985, el periodista Alan Riding, cuyo análisis se refiere al sistema político que priista que estuvo vigente  de 1929 al año 2000. En ese texto se menciona que la base del sistema político descansaba en su estabilidad lograda a base de la corrupción, que era esencial para el funcionamiento del sistema político, en la medida que creaba lealtades y complicidades.

De acuerdo a Riding, la corrupción asumía un “modus operandis” en el ejercicio del poder político mexicano, pues los cargos políticos son considerados como la oportunidad para enriquecerse y como un premio a la lealtad. Más aún, Riding llega a denominar a la corrupción como “el aceite que mueve al sistema político mexicano”, pues permite que la maquinaria política funcione en todos los niveles del sistema. la corrupción tuvo también un papel fundamental en la formación y función del corporativismo mexicano toda vez que permitió sellar alianzas, alinear líderes sindicales, promover carreras políticas, comprar lealtades, sostener apoyos sectoriales o aniquilar opositores.

 

La cooptación era manejada por el sistema corporativista lo que implicaba  que el régimen obtuviera un apoyo de los disidentes, y de la sociedad a cambio de atender a sus inquietudes.  En nuestros días, los esfuerzos en materia de lucha contra la corrupción se empiezan a traducir en cambios sustanciales en el combate a este fenómeno, principalmente al seno de las élites dirigentes en México.

 

Desde la perspectiva de las elites políticas mexicanas estas  fueron incapaces de crear y consolidar un verdadero Estado de derecho que sometiera a los ciudadanos al imperio de la ley, la transparencia y el rendimiento de cuentas de todas las instituciones políticas, jurídicas y legislativas del país. Mientras no haya un verdadero respeto al Estado de derecho, la transición a la democracia no está completada, y en tanto la corrupción siga reinando, el Estado Mexicano está condenado a padecer impunidad, injusticia y violación a los derechos humanos Finalmente se puede observar que el momento histórico que vive México muestra que el país se disputa entre dos vías: una, continuar promoviendo la corrupción y con ello condenándose así mismo a vivir en la pobreza, impunidad y violencia; y otra, modificar sus valores de ascensión social y con ello sus parámetros culturales, desaprobando a la corrupción y a las formas ilícitas de enriquecimiento tanto al interior del tejido social y religioso como al seno de las élites políticas, reforzando métodos de meritocracia y movilidad social a través de la educación, transparencia, rendimiento de cuentas y respeto a la ley.

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