lunes, abril 22, 2024

OTRAS INQUISICIONES: Albert Camus: El primer hombre

Pablo Cabañas Díaz
Albert Camus padeció el 1 de abril de 1960 un trágico accidente automovilístico en las cercanías de París que lo llevó a la muerte. En su automóvil llevaba un maletín que se encontró en las cercanías del árbol donde se estrelló. Junto a unas cartas, su pasaporte y su diario, también estaba un manuscrito de 144 páginas difícil de descifrar por la falta de puntuación y la escritura rápida de Camus. El hallazgo no sólo significó el valor de una obra inconclusa, sino el último escrito de Albert Camus, su autobiografía novelada: “Le Premier Homme” (El primer hombre) Este texto fue publicado gracias a que su hija facilitó el manuscrito para su edición en 1995.
Camus tiene una particularidad que le distancia de su último mejor amigo Jean Paul Sartre así le llamó Sartre en su obituario: la humildad. Sartre -que miraba a Camus por encima del hombro por sentirse un erudito de la Escuela Normale Superior de Paris- pidió pena de muerte a los colaboracionistas judíos con los nazis y alentaba la leva de armas del pueblo de Argel contra el colonialismo. Mientras que Camus, el hombre rebelde, de procedencia campestre, no creía en la pena capital y profesaba la lucha no violenta.
El argumento autobiográfico en el primer hombre, se centra en el regreso de Jacques Cormery, alter ego del escritor, a su país natal Argelia, donde evoca sus recuerdos de infancia, la vida en una familia pobre, con su madre viuda y su tío, y con el profesor de escuela que le exige motivación para leer y dedicarse a la literatura. Camus tenía de 44 años de edad cuando le sobrevino la muerte. Poco antes había declarado: “ Mi obra aún no ha comenzado”. El primer hombre se publicó muchos años después (1994) en Francia. Cuenta la migración de los padres de Camus desde la metrópoli a la colonia, de la pronta muerte del padre en las trincheras de la I Guerra Mundial, de la infancia pobre pero feliz en Argel, del disfrute de los juegos infantiles, los baños en la playa, a la puesta del sol y de la capacidad de un niño –que representa a tantos otros– por sobreponerse a la adversidad y el anonimato de la pobreza.
El primer hombre es un grito en favor de los olvidados de este mundo, de los que no tienen la posibilidad de tener un lugar en la historia. Leyendo la novela, el primer hombre es aquel que “camina en las noches de los años por la tierra del olvido”. Aquel que, como Camus, tiene que “criarse solo, sin haber conocido nunca esos momentos en los que el padre llama al hijo cuando ha llegado a la edad de éste escuchar, para confiarle un secreto de la familia, o una antigua pena o experiencia de la vida”. Aquel que “aprende solo, sin memoria y sin fe, crece solo, en fuerza, en potencia, encontrando solo su moral y su verdad, para nacer por fin como hombres y después nacer en un nacimiento más duro, que consiste en nacer para los otros”.
¿Cómo amar a quien nunca pudo abrazar? ¿Cómo querer y redimir a pesar de vivir en la oscuridad sin rumbo ni sendero? . Camus a pesar de sus carencias, no sabe de odios ni derrotas. Su victoria fue embriagarse del buen recuerdo de su pueblo que le vio marchar y en la gratitud a la tierra le vio llegar…y hambriento, le dio un libro y un trozo de pan.
El primer hombre es aquel que, en medio de su soledad y desarraigo, lleva a su madre y su padre en el corazón, a su tío, su amigo, a su pueblo en su mochila. Pero también a su maestro, al de la escuela que le vio ir y al que le vio llegar, porque gracias a ellos dejaron de ser el extraño, el extranjero, el excluido.

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