Alejandra Munguía Cambrán
- Son viejos conocidos.
- Gambere
- VIEJOS CONOCIDOS. La Unión Tepito e Isaac Montoya, presidente municipal de Naucalpan, son viejos conocidos, es más, hasta podría decir que han hecho negocios juntos, aunque claro, el primero les falló y le dieron una balconeada marca patito a poco más de un mes de haber asumido el cargo, pero voy por partes. Hace algunos días, la Fiscalía General de Justicia del Estado de México dio a conocer la presencia y actividades de la Unión Tepito en 4 municipios de la entidad mexiquense, entre ellos, obviamente Naucalpan, lo cual no debe de extrañarle a nadie, porque basta recordar aquella narco manta que apareció en un puente de Naucalpan a unos días de que el bodoque asumiera la presidencia municipal, en donde también embarraron a la tesorera municipal, Claudia Oyoque, a quienes les recodaron y cobraron la deuda que tenían con ellos. Desterremos la historia, nada más porque no tengo algo mejor que hacer.
A poco más de un mes de que Isaac Montoya Márquez tomó posesión como alcalde de Naucalpan, comenzaron a brotar los conflictos. El crimen organizado le exigió que pagara “los acuerdos”, si lo hizo o no es otro cantar, pero hay quienes aseguran que aquellos 2 millones de pesos que les robaron de la recaudación de predial a empleados (¿lo recuerdan?), fueron para saldar esa deuda, no puedo más que decir “y si, si”, aunque coincidentemente (si es que existen las coincidencias), siete días antes del presunto asalto, apareció la narco manta en avenida Gustavo Baz en la que el cártel Unión Tepito le exigió a Montoya y a su tesorera, que liquidaran los compromisos que contrajeron con la organización criminal, saquen ustedes sus propias conclusiones. En el mismo informe de la FGJEM, se señala que en Naucalpan operan cuatro grupos delictivos que andan agarrados de las greñas: la Familia Michoacana, el Cártel de Jalisco, Nuevo Imperio y La Unión Tepito; este último, uno de los cuatro más temibles establecidos en Naucalpan, ¿gozarán de los abrazos, no balazos?
- Para que no digan que este espacio es de pura grilla, quiero platicarles que el pasado domingo fui a la presentación del libro Gambere que habla de la trayectoria y vida de Carlos Kasuga Osaka, un hombre nacido en México de inmigrantes japoneses. He de confesar que convivir con la comunidad nikkei, así se le llama a los emigrantes japoneses y a sus descendientes nacidos fuera del país nipón, fue una experiencia gratificante y estar con ellos da una paz y una tranquilidad que en mi caso es muy difícil de lograr, soy acelerada por naturaleza, por eso me va como me va. Siempre me ha parecido una cultura admirable, donde el respeto a la vida y a los semejantes no está a discusión. Son ordenados, trabajadores, limpios, respetuosos, con valores muy elevados, en fin, todo lo que los mexicanos no son. Pero el asunto en realidad es el libro Gambere (palabra japonesa que significa “échale ganas” “no te rindas”, “ánimo”) que como les dije relata el paso por esta vida de Carlos Kasuga y su familia; su lucha por salir adelante que lograron y con creces porque sienten que tienen una deuda con el país que les dio la oportunidad. Hacía mucho que no me bebía un libro en dos días, pero lo hice con este. Desconozco si lo venden en las librerías, pero si tienen la oportunidad, léanlo y así aprenderán la importancia del bien ser, bien hacer, bien estar y bien tener. Breviario cultural.
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