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Adrián García Aguirre / Sombrerete, Zacatecas

* Con la llegada de Juan de Tolosa en 1555 comenzó su historia.
* Este Pueblo Mágico luce por sus canteras al noroeste de Zacatecas.
* Santo Domingo de Guzmán tiene uno de los templos más imponentes.
* Iglesias y plazas, el comercio colonial y la economía surgieron por la minería.
* Sus numerosos recintos centenarios testimoniaron episodios históricos.
* Fue la capital zacatecana durante un año, entre 1913 y 1914.

El cerro del Sombreretillo, al que los españoles encontraron parecido con un sombrero, influyó para que, con una derivación, este Pueblo Mágico zacatecano fuese bautizado con su nombre actual, cercado de lomeríos que suben los fieles para honrar a sus santos, arriba de un poblado en cuyo corazón relucen los templos y casas anaranjadas y color de rosa.

Y si existen esas edificaciones, es gracias a la abundancia que trajeron consigo los yacimientos de plata descubiertos por Juan de Tolosa en el siglo XVI, dando lugar a la construcción de la imponente iglesia de Santo Domingo de Guzmán, la de San Francisco, la de San Juan Bautista y, a un costado de ésta, la parroquia de la Tercera Orden.
También forman parte del lucimiento los conventos de San Mateo y de la Soledad de las monjas clarisas, dedicados a la patrona de esta población, joyas de cantera –una tras otra- que son orgullo de este lugar situado a 166 kilómetros al noroeste de la capital del estado.
Esta es, sin duda, una de las poblaciones coloniales más sobresalientes del norte de México, declarado Pueblo Mágico en enero de 2012, y uno de los seis de la lista que pertenecen al estado de Zacatecas.
Sombrerete fue fundado el 6 de junio de 1555 por Juan de Tolosa y en sus inicios fue nombrada Villa de Llerena de San Juan Bautista y Real de Minas de Sombrerete, con una presencia potencial e inagotable de yacimientos argentíferos explotados desde esa época.
Su antigua bonanza puede verse reflejada en la arquitectura monumental y en los interiores de sus hermosos templos, plazas y edificios de cantera, para comenzar por los conventos de San Mateo y de Santo Domingo.
Transitar por Sombrerete equivale a envolverse de los episodios históric​os amparados en los muros y pisos de sus recintos centenarios, al tiempo que se conoce a su gente y se descubren sabores que regalan momentos sin par, magníficos en todo sentido.​
Este pueblo -convertido con el tiempo en importante asentamiento minero productor de oro, plata, plomo, estaño y mercurio- tiene entre sus atractivos históricos las zonas arqueológicas de Altavista, La Boquilla y el templo de los Cráneos.
Aquí se realizan las fiestas de la Candelaria del 1 al 9 de febrero, entre romerias, danzas y la feria de San Pantaleón cada 27 de julio, uno de los santos patronos agasajados con actividades religiosas, rondallas y callejoneadas.
Ha sido así como surgió -al pie de lo que hoy es el parque nacional de la Sierra de Órganos- ese real de minas abundante, y a cuyos campos de trigo y avena se sumarían pasajes y calles bien trazadas, iglesias y gente yendo y viniendo entre las canteras que la vigilan de siglos atrás.
Antes o después de entrar a visitar el Museo Villa de Lledrena, hay que degustar el antojito tradicional de Sombrerete, las “brujitas”, que son empanadas de carne deshebrada, papas con queso y frijoles; disfrutar la comida del mercado municipal; descubrir la cantina “La Barra” y probar las nieves de Don Mere frente al Jardín Constitución.
A Sombrerete se llega tomando la carretera federal número 45 rumbo a Durango y confirmar las razones que obligan a conocer este Pueblo Mágico, porque se trata de una de las ciudades más importantes del norte de México al formar parte del Camino Real de Tierra Adentro.
A eso se debe que la Unesco la declarara Patrimonio Cultural de la Humanidad en 2010, además de la Sierra de Órganos y La Noria de San Pantaleón, parte de los escenarios naturales de este poblado vecino de Francisco Villa, Mineral de Sabinas, Calahorra y Álvaro Obregón.
En 2012, Sombrerete también fue declarado el Pueblo Mágico número 50 de la República Mexicana por su importancia histórica y porque, al ocurrir la toma de Zacatecas el 23 de junio de 1914, fue capital del estado durante un año.
Su primer gobernador fue originario de Sombrerete, formalmente declarada ciudad en noviembre de 1570 por el repentino crecimiento de su población y debido a la riqueza que generaba ese real de minas y sus montañas.
Existen vestigios de asentamientos indígenas prehispánicos, y según los estudiosos del tema, la cultura de estos lugares es la llamada “chalchihuite”, que duró desde el preclásico superior hasta la mitad del epiclásico, de los primeros años de la era cristiana al 900, asentada en un territorio que, al llegar los españoles, lo habitaban los chichimecas.
Se puede decir que el periodo colonial inició en 1555 con el arribo de Juan de Tolosa al frente de un grupo de soldados, frailes franciscanos e indígenas aliados que, de inmediato, se radicó cerca de un manantial, naciendo así el Real de Minas del Sombrerete.
En 1570 la Audiencia de Guadalajara le concedió el título de Villa de Llerena, y para entonces ya había aumentado el número de fundos mineros y la población tenía gran importancia, puesto que desde 1567 contaba con el templo y convento franciscano de San Mateo.

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