Teresa Gil
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El 19 de mayo une a dos grandes escritores, una en su nacimiento Elena Poniatowska, que en esta fecha cumple 94 años por haber nacido en 1932 y Nathaniel Hawthorne, quien murió aquel día de mayo de 1864, a los 60 años ¿Hay alguna relación entre ambos, aparte de ser y haber sido grandes escritores? Tal vez, porque nunca sabe uno cuando los géneros se presentan aunque hayan sido desterrados de la norma. A Poniatowska, mujer del modernismo acucioso ya desde su inicio, el romanticismo se le pegaba, quizá dentro de su sensibilidad y sentido del humor. A Hawthorne lo colocan entre los románticos, pero si leemos La Letra Escarlata entre muchas de sus obras y nos metemos con La hija de Rappaccini 1844 (Ediciones Planeta 2015) la verdad es que la extrañeza nos dejaría asombrados. Se trata de un hombre de principios del siglo XIX, el 1804, cuando nuestro país aún no luchaba por su Independencia.
COMPLEJAS LAS ENTREVISTAS, SON EN SI MISMAS, OBRAS LITERARIAS
Por lo que se sabe de su historia periodística y literaria, Elena ha abordado diversos géneros, algunos libros hemos leído, pero su presencia permanente se expresa en la entrevista que se convierte realmente, en un desfile por géneros periodísticos y literarios. Cada entrevista nos puede trascender a la historia, la política, el periodismo, la ciencia, la educación, la novela, la poesía, etcétera, hasta llegar al pelón chisme que tanto entusiasma. Los entrevistados, entre centenares y centenares, raras veces pudieron marcar el ritmo tal vez, suceso que algunos podrían reclamarle a la autora en su técnica. Pero es genial, porque se creó otro género integrado por muchos géneros, que solo pueden desarrollar los talentosos. Y serán algunos de ellos, los que realmente profundicen en la obra de Poniatowska. Desde aquí le enviamos un abrazo por su cumpleaños.
LA HIJA DE RAPACCINI Y AQUEL VENENO QUE ENTUSIASMÓ A OCTAVIO PAZ
Es curioso como una obra que es recreada, puede sustituir a la original, por la cercanía del nuevo autor o por el desconocimiento del autor original. Que en el caso de Hawthorne es imperdonable porque corre parejo con Whitman, con Faulkner, Twain, Steinbeck, Hemingway, Allan Poe, Bradbury, Melville, entre muchos, en el país vecino y en el mundo literario. Pero Octavio Paz también es un creador y se echó a cuestas como ya lo dijimos en otra crónica, a La hija de Rappaccini, de aquel científico que cultivaba flores venenosas y cuya hija era un ser viviente de esas flores. El tema era inquietante para Paz que tenía enfrente la posibilidad de algo en lo que no había intervenido: escribir para una ópera, que instaló en su momento, Daniel Catán Y ahí lo tienen actualizando en aquella época 1956, a un escritor del siglo XIX y poniendo un grado más a aquella obra que ya había entusiasmado a Henry James en Los papeles de Aspern, después de su famosa Una vuelta de tuerca, entre muchos que fueron atraídos a sus propias obras, uno de ellos Carlos Fuentes en Aura. La grandeza de Hawthorne que este 19 de mayo llegó a los 222 años, los embrujó.
