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Teresa Gil
laislaquebrillaba@yahoo.com.mx

Cae el presunto asesino intelectual de Miroslava Breach, pero los políticos que pueden estar
involucrados brillan por su ausencia. Es lo mismo, los verdaderos mandantes que están en la esferas públicas no suelen aparecer y quizá en este caso tampoco aparecerán. Hay que
considerar que la aprehensión de ahora fue por causa de la presión gremial y del medio
afectado. Al gobierno actual no le importa; le deben de parecer pocos además, los 56
periodistas que han sido asesinados en lo que va del sexenio, si los compara con los 83 que
murieron ultimados en el sexenio de Calderón. Olvidan que como una especie de justicia
retributiva, por cada periodista que muere, un gobierno se hunde. No lo perciben tal vez,
porque los sátrapas se engolan en su propia pequeñez, pero el derrumbe va acelerado. A
ellos solo les interesa la pluma figurada para sus propios desahogos de poder. La calma
asumida parece fincarse en el mal de muchos, pero en la misma situación parece estar un
enorme segmento de la sociedad al que esos temas les son indiferentes e incluso les
molestan. Igualmente los organismos que luchan por sectores vulnerables de la sociedad,
olvidan que los ojos deben posarse en la generalidad, que la lucha es para todos. Y que si se deja desprotegido a un sector por ahí entra la corriente. A los agresores les conviene que la lucha se divida y que se centre en los terribles feminicidios, en indígenas expulsados, algunos que mueren de hambre y de frío, en miles de desaparecidos, en la inseguridad que priva, entre otros males. El caso de los periodistas asesinados y agredidos de muchas formas, suele concentrarse en su gremio. Si se observan las protestas, son poco los que se juntan; se hacen denuncias desde medios de comunicación -con notas a la baja a las que se aplica el absurdo de que el periodista no es noticia-, sin entender lo que sería la profundidad de Bertolt Brecht, que cuando alguien es asesinado o agredido, todos estamos en peligro. Solo recuerdo al ABC de Tijuana que convirtió en un lema permanente la exigencia por la muerte de Héctor El Gato Félix y ahora La Jornada que a diario le ha recordado al gobierno los casos de Miroslava y Javier Valdez. En los demás medios, con notas aisladas cuando son noticia, el asunto pasa a segundo término. Aunque hay que reconocer que algunos han hecho importantes reportajes en las últimas semanas. En el caso de El Gato Félix, asesinado el 20 de abril de 1988 por el guardaespaldas de Jorge Hank Rohn, Antonio Vera Palestina y otro secuaz, recuerdo que desde la Unión de Periodistas Democráticos solicitamos al jurista Jorge Carpizo entonces presidente de la CNDH que enviara una recomendación al gobernador del estado de Baja California Ernesto Ruffo Appel para que investigara, pero aquel no lo hizo. El padre de Hank Rhon era el poderoso Carlos Hank González, entonces Secretario de Agricultura del régimen de Miguel de la Madrid, en el que también asesinaron al columnista Manuel Buendía.

EL POETA, KAPUSCINSKI Y LA CRÍTICA AMARGA

Hay seres que concentran en si mismos todo el contenido de una disciplina. Y lo que es más singular, la ponen en practica a favor de los demás. Interesante libro el del poeta Gilberto Meza (Kapuscinski, San Jorge y el dragón, colección Kiosco, abril 2017) acerca de la relación que mantuvo durante un largo tiempo, con el periodista polaco Ryszard Kapuscinski cuando coincidieron en Oxford y en Varsovia, donde vivía el famoso corresponsal. Páginas dictadas con una gran devoción hacia el hombre que dedicó su vida a enaltecer la carrera periodística a través de su posición personal. Largas charlas mantuvieron el mexicano, y el polaco que tanto abundó en sus envíos y reportajes sobre la devastación que dejaron los colonizadores en India y África, las más tratadas por él. En largas caminatas y en compañía a veces del cineasta Andrej Wajda y el poeta Kristoff Karasek, penetraron en innumerables temas que con su memoria prodigiosa el poeta jaliscience reproduce, como si estuviéramos escuchando a Ryszard. Invitado por él a Varsovia, Gilberto describe la postura del polaco sobre la poesía, poeta también él mismo, y ante todo, de su especialidad, la información, el utilitarismo que se ceba en ella y la propuesta que lanza a los comunicadores de transgredir esa información, hacerla diferente a como la están creando y a mostrar la verdad de lo ocurre en el mundo. De muchas maneras él trato de hacerlo y lo reprodujo en sus muchos libros en los que se refugiaba para decir la verdad. Trasciende su crítica amarga a los avatares que vive el comunicador ante sus propios compatriotas -hoy expresadas en México con indiferencia,  ocultamiento y de manera extrema, la muerte-, por su censura silenciosa y por el desprecio a su fama externa. Desencantados de los regímenes socialistas y comunistas eluden ambos – el poeta y el corresponsal-, que la Polonia posterior generó a un Lech Walesa aliado a Estados Unidos y a un papa Karol Woytila, el anticomunista Juan Pablo 11, que protegió pederastas, ¿quien es perfecto entonces? La editorial que lanza este libro tiene un apartado para temas periodísticos que ha resultado de gran interés. El nuestro fue un prolegómeno de las charlas de Gilberto -a quien afectuosamente sus amigos llaman “Trosky”-, con Kapuscinski. Volveremos a él.

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