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Teresa Gil

laislaquebrillaba@yahoo.com.mx

 

La muerte de María Rubio, excelente actriz que representó a Catalina Creel la malvada de la telenovela Cuna de Lobos, recordó el viejo axioma de que la realidad supera a la ficción. Lo que estamos viviendo en este proceso electoral, eliminadas todas las formas y utilizadas las instituciones y las leyes según la conveniencia de retener el poder a toda costa, trasciende finalmente que la ficción la crean los humanos. Y que por más terrible  y espantosa que sea la creación, no iguala la profundidad de las ambiciones, ni el trasiego real que destruye toda piedad. Lo singular es que para el mexicano, aquellos espectáculos que reproducen en parte lo que se está viviendo, ambición, traición, corrupción, muerte, es lo que tiene éxito. Lo vemos en el despliegue diario de los medios de comunicación, haciendo eco de lo más nefasto que expresan el poder y sus adláteres. Y un público atento y reproductor. No por nada, la telenovela Cuna de lobos, fijó un parteaguas entre las historias de cenicientas redimidas y el suspenso guiado de una manera magistral por un equipo que rescató al menos en ese tiempo, la hechura del melodrama con intriga y tensión y agregó un tanto a la ahora bocabajeada Televisa.

CARLOS OLMOS Y LA MALDAD BIEN PRESENTADA

El dramaturgo chiapaneco Carlos Olmos Morgan -1947-2003-, fue un autor prolífico que  con obras de teatro y guiones, tuvo éxito en la televisión. Se mencionan al menos 17 obras de las cuales Cuna de lobos tuvo sus inicios como novela -no la encontré como tal; Amazon la tuvo en telenovela-, para convertirse más tarde impulsada por el productor Carlos Téllez, en una serie de guiones que aderezaron una de las telenovelas mas vistas en el país y en otras partes. La combinación de actitudes bien delineadas en un grupo de actores -perversión, crueldad, ambición,  dependencia, inocencia, edipismo, chantaje, amenazas- desembocó en una obra exitosamente armada. Olmos Morgan nunca negó que su inspiración inicial fue la película The Aniversary (1968, Inglaterra, dirigida por Roy Ward Baker) que tuvo como protagonista a Bette Davis una madre compulsiva y autoritaria, cuyos tres hijos se rebelan. Dicha película se inspira en una novela de Bill Macilwraith con  guión de Jimmy Sangster. La actriz estadounidense  aparece con un ojo parçhado igual como apareció Catalina Creel  en la telenovela de Tellez. El parecido es extraordinario. Las vicisitudes de un  drama como los que suele hacer Televisa que mantienen a los adeptos seis meses o más pegados a sus guiones y a sus anuncios, cambió la influencia original y se le agregaron cosas relacionadas con el país y sus costumbres. María Rubio que tuvo sus inicios en el Teatro Fantástico de Enrique Alonso, fue una  actriz que  hizo todo tipo de personajes, pero que nunca alcanzaron la dimensión de Catalina Creel, el personaje emblemático, que se hizo famoso por su ojo parchado y sus miserias. Yo  vi dos veces la telenovela y en el final sentí el mismo desagrado por lo que suelen aplicar los que están engolosinados con algo. En este caso el éxito de la trama. El final feliz, inventado por los escritores románticos y retomado por las películas hollywoodenses del corazón, no es solo un adorno. Es el desahogo final de un espectador o un lector que están siendo presionados por la visión  o la lectura y necesitan un  justo desfogue de sus emociones. Cuna de lobos cierra su ciclo con  un niñito -nieto de Catalina-, que se presenta con  tremendo ojo parchado para evidenciar que la secuencia continúa. Me pareció un abuso para el espectador o televidente.

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