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José Antonio Aspiros Villagómez

Cuando uno suponía que ya estaba todo dicho acerca del conde Drácula en sus diversas presentaciones -Vlad, Nosferatu, vampiro- porque el tema ha sido recurrente sobre todo en el cine desde que Bram Stoker escribió su novela a finales del siglo antepasado, el escritor Carlos Fuentes retoma la historia y ubica al príncipe de Valaquia en -adivinó usted- “la región más transparente” que tanto gusta emplear como escenario de sus narraciones.

Una vez más la colonia Roma y las Lomas de Chapultepec, de la Ciudad de México, prestan sus calles y ambiente para que los personajes de este autor se desenvuelvan. Se trata de seres normales en cuya vida se cruza el inverosímil Vlad para cambiarles la trayectoria debido a sus apetencias de sangre fresca.

Es decir, el vampiro de la literatura y el cine se traslada a la capital mexicana en busca de sus insumos pues, si pudo burlarse en Londres de Scotland Yard, cómo no iba a hacerlo en una ciudad donde la policía es tan ineficiente.

Además, en el DF encuentra a las personas idóneas para sus necesidades, en la familia de un abogado cuyo patrón hizo fortuna gracias a su actitud lacayuna ante funcionarios de los gobiernos “revolucionarios” en turno durante casi todo el siglo XX.

El autor es el Fuentes de siempre, con sus diálogos en español y francés, y a veces inglés, lo que mueve a reparar en que Vlad no sólo es eterno -data del siglo XV-, sino políglota y se expresa muy bien en la lengua de Cervantes.

Este breve relato -más cuento que novela- sobre la forma como se interesó Drácula en mudar su residencia a la capital mexicana, y cómo lo consiguió, siembra sin embargo dudas acerca de si la actitud de Navarro, el protagonista que platica su historia en primera persona, corresponde realmente a las reacciones que hubiera tenido un humano común ante la aparición de seres de ultratumba y la pérdida de su familia. Sólo la fantasía del género literario lo permite así.

(Comentario inédito escrito en enero de 2011 -aún vivía el autor del libro- acerca de ‘Vlad’, de Carlos Fuentes, 111 páginas, Editorial Alfaguara, 2010).

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