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CIUDAD DE MÉXICO, 25 de septiembre (AlmomentoMX).- La propuesta del presidente electo de México, Andrés López Obrador, de crear cien nuevas universidades y eliminar el examen de admisión a los aspirantes requeriría una reforma constitucional y de las leyes orgánicas de las instituciones de educación superior, “lo que mermaría notablemente la autonomía”, advirtió el doctor Adrián de Garay Sánchez, profesor de la Unidad Azcapotzalco de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM).

Al participar en el Coloquio Actualidad del 68: universidad, juventud y política 50 años después, que se lleva a cabo en la Unidad Iztapalapa de esta casa de estudios, el académico del Departamento de Sociología dijo que en el primer caso se necesitaría ajustar la Carta Magna y las leyes orgánicas de las escuelas públicas autónomas federales y estatales para establecer que cada alumno con certificado de bachillerato tenga derecho a cursar estudios.

El grupo parlamentario del Movimiento Regeneración Nacional (Morena) tiene la fuerza para hacerlo en todo el país, pero con ello afectaría la autonomía de las universidades y cambiaría la noción meritocrática que acompaña el acceso a la educación superior.

Un problema adicional sería identificar dónde dar cabida a miles de aspirantes que no logran un espacio en las universidades y el Instituto Politécnico Nacional, ya que se necesitan recursos para infraestructura y contratación de personal académico y administrativo, además de que algunos expertos han señalado que la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) requeriría 400 mil millones de pesos adicionales anuales para ese fin.

El investigador del Área de Sociología de las Universidades afirmó que aumentar la cobertura en el sector ha sido un propósito desde hace décadas planteado por las autoridades y se han realizado esfuerzos importantes para lograrlo, creando incluso otras opciones educativas, así que esa meta “no podemos dejarla de lado, como tampoco seguir teniendo cifras alarmantes de no admitidos, muchos de los cuales son de orígenes económicos y culturales escasos”.

Sin embargo, De Garay Sánchez cuestionó que la salida a esa necesidad sea crear cien centros o universidades como la Autónoma de la Ciudad de México, que “gasta millones de recursos de nuestros impuestos y obtiene una eficiencia terminal” muy por debajo del resto de las públicas, por lo que habría que efectuar estudios y propuestas viables, “y no generar expectativas a miles de jóvenes que no sean cumplidas o se ejecuten a medias”.

Respecto del reciente ataque de porros a estudiantes de la UNAM dijo que miles de universitarios volvieron a salir a las calles 50 años después de la llamada marcha del silencio, que en 1968 fue convocada en protesta contra de la represión del ejército a los estudiantes y la de ahora tuvo como eje central la erradicación de la violencia en las instalaciones universitarias “por grupos que no se sabe oficialmente quién patrocina” y, en ese sentido “los alumnos han puesto en la agenda asuntos públicos no resueltos que deben atenderse”.

El maestro Javier Mendoza Rojas, académico del Instituto de Investigaciones sobre la Universidad y la Educación de la UNAM, señaló que el movimiento de 1968 condensó distintas movilizaciones sociales emprendidas desde la década de 1950 y abrió un periodo en la vida política, social, cultural y educativa del país.

Después de aquel año inició el debate en torno a la educación y la universidad “y creo que esa fue una de las principales consecuencias, aunque en los siguientes años la discusión cobró una nueva fisonomía ante los procesos de transformación social.

A partir de 1970 se plantearon opciones innovadoras que buscarían renovar el modelo inoperante de una institución en proceso de masificación, dando cabida a muy diversas iniciativas, tanto de actores internos como de autoridades gubernamentales que se irían entrecruzando a lo largo de cinco décadas y conformarían el heterogéneo mundo universitario actual.

Si bien muchos de los cambios en el sistema universitario han derivado de ese parteaguas, no todos han ido en la dirección de construir una sociedad más justa e incluyente, plural y democrática, que fueron las demandas centrales de largo plazo del movimiento “ni contamos con un sistema universitario más consolidado y abierto a las necesidades de los grupos mayoritarios de la población”.

El Coloquio fue inaugurado por el maestro Arturo Preciado López, secretario de la Unidad Iztapalapa, en representación del doctor Rodrigo Díaz, rector de esa sede académica, y en la primera mesa participaron también los doctores Roberto Rodríguez Gómez Guerra, investigador del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM, y Salvador Martínez della Rocca, integrante del Comité de Lucha de la Facultad de Ciencias de la UNAM en 1968, quienes hicieron un recuento anecdótico del momento político que se vivía en aquel año.

El encuentro continuará mañana en esa sede académica, a las 11:30 horas, con la Conferencia magistral México 68, necropolítica y resistencias sociales que impartirá el doctor José Manuel Valenzuela, académico de El Colegio de la Frontera Norte, y a las 13:00 horas con la mesa de trabajo Situación actual de la juventud, en la que participarán los doctores Luis Xavier López Farjeat, Teresa Santiago Oropeza y Alfredo Nateras Domínguez, académicos de la Universidad Panamericana y de los Departamentos de Filosofía y Sociología de la Unidad  Iztapalapa, en ese orden.

AM.MX/fm

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