sábado, junio 22, 2024

LA COSTUMBRE DEL PODER: Sin mordida no hay comida

*Corromper también equivale a corromperse. Hay quien es incapaz de progresar si no recurre al cohecho pecuniario, o a la corrupción que puede ser groseramente o sutil. Existen quienes entregan a las hijas, o a la esposa, con tal de obtener. ¿Puede disfrutarse así del tálamo?

Gregorio Ortega Molina

¿Cuántos sinónimos hay para el término cohecho? ¿Y los que el habla popular de los países de habla hispana ha acuñado? ¿Habría que considerar los que se perdieron o modificaron con el abuso o desuso del lenguaje? Hay tantas maneras de corromper y corromperse.

Creo que corromper también equivale a corromperse. Hay quien es incapaz de progresar si no recurre al cohecho pecuniario, o a la corrupción, que puede ser grosera o sutil. Existen quienes entregan a las hijas, o a la esposa, con tal de obtener. ¿Puede disfrutarse así del tálamo? Cuando escucho de esos sucesos pienso en Electra, en Edipo… en la curia romana, en el Salón Oval y los puros que después William Clinton fumaba con fruición, supongo. Sólo Mónica y él lo saben.

Medito en lo anterior, porque Transparencia Internacional, tras encuestas, sesudos e imparciales estudios, exentos de complicidad, da a conocer que México es campeón en trastupijes, porque uno de cada dos mexicanos incurrió, ya en esa práctica.

Pienso en los videos del profesor del Conalep con sus alumnas, ejercitándose en el sexo, y ¿no en otra modalidad de la mordida? ¿Quieres un diez? Dame diez.

La lógica del poder es implacable, y no me refiero exclusivamente al político, está el ejercido por la iniciativa privada, los medios de comunicación como poderes fácticos, los sicarios como brazo ejecutor de los barones del narco, las policías -tanto las comunitarias como las legales-, los banqueros, los especuladores, los desarrolladores urbanos. Todos imponen condiciones… y precios. Todos corrompen, y al que no se deja, le dan puritito plomo.

Se desprende del estudio de ese organismo internacional, que México encabeza el índice de corrupción en la prestación de servicios públicos. Hay clara evidencia en particular en el caso de escuelas, atención de la salud y expedición de documentos personales.

“51 por ciento de los entrevistados dijo que pagó sobornos o debió hacer algún regalo a funcionarios para acceder a servicios. La encuesta fue realizada a 22 mil 302 personas en 20 países de la región; de manera general en esas naciones los sobornos se dan en 20 por ciento en hospitales públicos, 18 por ciento en escuelas públicas, 17 por ciento en los trámites de los documentos de identidad, 16 por ciento con policías, 14por ciento en servicios públicos y 12 por ciento en tribunales”.

Para que las condiciones de vida se modifiquen en México, la igualdad de oportunidades sea una posibilidad, entre otras muchas, de favorecer la movilidad social y fomentar un orgullo nacional, por un gobierno de gente decente y una policía que defiende, y no que extorsiona, lo que debe desaparecer, o reducirse a su mínima expresión, es la corrupción en cualquiera de sus manifestaciones.

Enrique Peña Nieto puede poner el grito en el cielo, pero ni modo, aquí, hoy y gracias a su grupito en el poder, todo es una tolerada corrupción. Pregunten, si no, a Emilio Lozoya Austin.

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