La Costumbre del Poder: García Harfuch, ¿policía o político?

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*“Nuestro presente hecho de violencias cumplidas y de amenazas que persisten, no difiere, en suma, de los presentes que lo han precedido y que, en el mejor de los casos, han sustituido la violencia sumaria por una opresión insidiosa y monótona que impregna el aire y la materia de los días. Para nuestra sed pulsional, el presente es como un nudo de prisiones”. Tengo la certeza de que el primer policía de la nación sabe, a ciencia y paciencia, de lo que habla Juan José Saer, pues fueron las vivencias del general García Barragán y su vástago García Paniagua. Ya constataremos

Gregorio Ortega Molina

La imagen promocional que hacen de Omar García Harfuch conduce, inevitablemente, a evocar esa carta de Juárez a Margarita que Fernando del Paso nos regala en Noticias del Imperio: “El Emperador nos salió bonito”. Lo mismo sucede con el primer policía de la nación.

     Nada que ver con el militar y general Marcelino García Barragán, tampoco con Javier García Paniagua. La zona de referencia histórica en la que se mueve, es cercana a la que motivó a Carlos Salinas de Gortari, resumida en una única frase dicha por él mismo y dirigida a su progenitor, Raúl Salinas Lozano: Nos tardamos, pero llegamos, el desenlace de esa epopeya de política mexicana se reduce a tres hechos que carecen de explicación: levantamiento del EZLN, y asesinatos de Luis Donaldo Colosio y José Francisco Ruiz Massieu. El último lo advirtió; en política no existe la lealtad, me confió durante una comida en el San Ángel In.

     Por lo pronto, el futuro inmediato de García Harfuch está amarrado a la fortaleza y voluntad política de Claudia Sheinbaum Pardo, únicamente sostenida por el deseo de Andrés Manuel López Obrador de trascenderse a él mismo, lo que no sucederá dadas las condiciones sociales y económicas en que está postrada la República: los tres poderes convertidos en uno solo, con origen casi divino en Palenque.

     Un ensayo de Juan José Saer vertido en El concepto de ficción, puede ubicarnos en la desajustada lógica política de la 4T: “Todo presente es, casi por definición, arduo y sombrío. La cognoscibilidad relativa del pasado neutraliza sus amenazas, en tanto que el tembladeral del presente es incierto y precario. El hombre vive ese presente como el privilegio dudoso de una sentencia diferida. Nuestro presente hecho de violencias cumplidas y de amenazas que persisten, no difiere, en suma, de los presentes que lo han precedido y que, en el mejor de los casos, han sustituido la violencia sumaria por una opresión insidiosa y monótona que impregna el aire y la materia de los días. Para nuestra sed pulsional, el presente es como un nudo de prisiones”.

     Tengo la certeza de que el primer policía de la nación sabe, a ciencia y paciencia, de lo que habla Juan José Saer, pues fueron las vivencias del general García Barragán y su vástago García Paniagua. Ya constataremos.

@OrtegaGregorio

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