fbpx

*El pleito se abre porque se asienta y enciende debido a que el origen del conflicto es una máscara que oculta el rostro de El gesticulador, esconde lo que se hace a La sombra del caudillo. Estamos a un tris de lo irremediable. AMLO anda suelto

Gregorio Ortega Molina

Dada la secuencia de los acontecimientos, tengo la certeza de que don AMLO sabe perfectamente lo que busca y cómo encontrarlo, lo que también me deja sin duda sobre la posibilidad de que no haya medido las consecuencias del método usado para lograrlo.

     La confrontación verbal y abierta ha escalado insensiblemente. Las cifras de las muertes por Covid-19 ensarapan el número real de ejecuciones por la violencia, cada día más cruentas y con objetivos en el ámbito de procuración y administración de justicia, tanto local como federal. Decidieron que en esta patria la muerte tiene permiso.

     Lo primero a considerar es que hoy, en México, muchos ciudadanos de pleno derecho y en uso de sus facultades, están armados; el número de efectivos en las fuerzas armadas y en las diversas policías, es inferior al de los sicarios sumado al de los mexicanos agraviados por una u otra razón, y al de las fuerzas de protección privada.

     La República amorosa es una envoltura para esconder lo que se sabe, pero se simula desconocer: “El poder tiene límites por las dificultades del control (al margen de otros factores), no sólo en extensión, sino, lo que es más importante, en profundidad… Una esclavitud igual tiene éxito con los obreros de la cadena. Luego, evítense las condiciones que permitan reducir la esclavitud sin gastar. Siempre existirá la urgencia del hambre, la urgencia social, el amor al oficio… El amo está condenado a temer”, dejó anotado Simone Weil en sus Cuadernos.

     Don AMLO lo sabe, pero no lo acepta, lo niega, por eso desde sus primeras declaraciones avisó que no quiere ser florero; también está consciente de que el poder absoluto que anhela se obtiene a sangre y fuego; no pueden negar, los de uno y otro bando, los resabios que se les han acumulado a través de la insidia de las mañaneras, por lo que es urgente buscar espacios de reconciliación donde se establezcan las bases de seguridad jurídica que responda a las necesidades de los jodidos y a las expectativas de los señores del billete.

     También saben, los de uno y otro bando, que los sicarios de los señores de la droga pueden inclinar la balanza y desatar las furias, porque están dispuestos o no perder sus parcelas de poder.

     Pero es necesario poner atención al México bueno y sabio, porque es en ellos donde la reacción resulta impredecible. La Weil lo deja claro: “El desgraciado no entiende por qué no provoca ni piedad ni simpatía. Piensa que si él estuviera en lugar de los espectadores sentiría piedad, pues, al ponerse en su piel, contempla el espectáculo de una desgracia imaginaria en la que ya no existen trabas que frenen la piedad”.

     Lo mismo ocurre en el caso de los malos tratos y las disputas por el poder. La confrontación se abre porque se asienta y se enciende debido a que el origen del pleito es una máscara que oculta el rostro de El gesticulador, esconde lo que se hace a La sombra del caudillo. Estamos a un tris de lo irremediable. AMLO anda suelto.

www.gregorioortega.blog                                  @OrtegaGregorio

Comentarios

comentarios