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*El número de muertos sumado (enfermedad más violencia) puede tener dos consecuencias contradictorias. O la sumisión absoluta impuesta por el desánimo y el miedo, o el estallido social sin control y sin rumbo, debido al odio entre mexicanos inoculado todas las mañanas desde la voz del predicador de Macuspana. El incendio puede ser total, y la purificación también. ¡Ahí se la hayan!

Gregorio Ortega Molina

Como si fuese un aliento al optimismo que debemos cultivar, los medios de difusión impresos, electrónicos, televisivos y radiofónicos, el jueves 4 de junio dieron a conocer, con bombo y platillo, que las muertes por Covid-19 de los últimos 4 meses, superan en número a los ejecutados, asesinados, desmembrados y ocultados en las fosas clandestinas. ¡Vaya consuelo!

     Lo que sí muestra la capacidad de cambio de la 4T es que durante este 2020, México padeció dos de los meses más violentos de su historia, cuando la promesa fue regresarnos a esa paz social que a duras penas podemos recordar, porque a estas alturas nos hemos acostumbrados a vivir en el sobresalto y el Jesús en la boca.

     Cuando todavía se atrevieron a sostener que la pandemia nos hacia lo que el viento a Juárez, porque nos quedaba distante en la geografía y en el tiempo, ofrecieron la creación de dos millones de empleos y presentaron un incoherente proyecto de recuperación económica; hoy, ambas propuestas son quimera, porque para los millones de empleos perdidos no hay programas de inversión de la magnitud necesaria para contener, primero, y superar después las consecuencias de una recesión, cuyo porcentaje ya no quiero ni pensar ni escribir, porque es de dar pesadilla y causar estrés postraumático.

     El mantra de la lucha contra la corrupción quedó absolutamente desdibujado, pues de acuerdo a las encuestas de ese INEGI de todos tan temido, durante 2019 la percepción de sufrir, padecer o ser víctima de algún acto de corrupción, sobre todo en esos trámites administrativos que muchos quieren “rapidito”, la caja registradora del cohecho, el moche o la “ayuda” funciona con toda regularidad y a velocidad creciente. En época de crisis la lana es buscada a como dé lugar, porque después quién sabe si haya, del verbo haber, nunca del “haiga sido como haiga sido” del inefable y nunca bien ponderado Felipe Calderón Hinojosa, líder sin igual del México Libre.

     Lo que parecía la desdibujada imagen del México de la Presidencia Imperial, del país de un solo hombre, se reconfiguró cual programa de alta densidad, y adquirió los pixeles de un Maximato del siglo XXI en el que únicamente será escuchada la voz del líder; ¡ay de aquel que le desee mal o no incline la cabeza a su paso y su peso político!, porque los diáconos de esta nueva religión, los señores Epigmenio Ibarra y Jorge Zepeda, soltarán el mal fario sobre sus personas y bienes.

     El caso es que el número de muertos sumado (enfermedad más violencia) puede tener dos consecuencias contradictorias. O la sumisión absoluta impuesta por el desánimo y el miedo, o el estallido social sin control y sin rumbo, debido al odio entre mexicanos inoculado todas las mañanas desde la voz del predicador de Macuspana. El incendio puede ser total, y la purificación también, ¡Ahí se la hayan!

www.gregorioortega.blog                                            @OrtegaGregorio

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