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Sergio Gómez Montero*

¿Y si llegaras tarde,

cuando mi boca tenga

sabor seco a cenizas,

a tierras amargadas?

E. Ballagas: “Poema impaciente”

 

El lunes que escribía (hoy es miércoles y escribo también), temprano conocía el resultado de las elecciones en Colombia con el triunfo inesperado de la derecha y en Argentina, vislumbrándose ya el probable triunfo de Macri también en elecciones, sin explicación aparente, dado el endurecimiento de la política neoliberal del funcionario y la inoperancia electoral de las fuerzas opositoras. ¿Qué penitencia pagan pues los pueblos que sufren el peso de neoliberalismo?

Pareciera que allí la balanza (las elecciones) no juega al equilibrio; cuando ella interviene (las elecciones), por causas aparentemente inexplicables, los objetivos que defiende la izquierda electoral (por más de la izquierda que provenga esa izquierda: las FARC) no se alcanzan y extrañamente esa izquierda pierde, como si las elecciones exorcizaran a quienes desde la izquierda apostaran por ellas. Impiden que las fuerzas que allí se aglutinan pudieran triunfar en algún momento. ¿Eso significa, acaso, para la izquierda, que ella no está preparada para jugar a las elecciones y que es mejor dejar al tigre suelto para dominarlo como el Estado lo considere más conveniente?

Si uno acude a la Historia de los países de América Latina desde el siglo XIX a nuestros días, ella no nos engaña: en general, desde siempre, durante ese tiempo, ha existido constante una lucha continua entre una ley a la que fácilmente se puede violar desde el poder por un lado y por el otro el poder que siempre ha tenido el respaldo de lo militar. México no ha sido la excepción, con toda y su falsa revolución de principios del XX, que nos costó la muerte de 1 millón 400 mil habitantes, mientras que la ley sabemos que no se impuso sino únicamente en el periodo de Lázaro Cárdenas (1936-1940), pero que terminado en 1940 su periodo de gobierno volvió a ceder el poder, a través de elecciones, a la parte contraria, quien, desde entonces, no lo ha vuelto a ceder. ¿Por qué, si ha fallado tanto la ley –78 años–, se mantienen las elecciones inalterables? ¿Por eso entonces, pues, la falsa neutralidad de EPN, para quien públicamente sólo hay un candidato válido, que es precisamente su candidato, obvio, el candidato del PRI? ¿Nada dirá el INE ante tan flagrante violación de la ley? ¿Por qué seguir alimentando así la ira del tigre?

Es triste esa falta de honestidad de la ley que da sustento a lo electoral; será que eso es lo que garantiza el triunfo electoral de la derecha y que esa historia fraudulenta se seguirá prolongando mientras los ciudadanos no intervengamos al igual que en 1936 para que los resultados electorales se respetasen y se respetase así el triunfo de un militar que pensó que su triunfo dentro de la ley podía (y debería) ser respetado por el Estado una y otra vez.

¿Pobre iluso de Lázaro Cárdenas?

*Profesor jubilado

gomeboka@yahoo.com.mx

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