martes, mayo 21, 2024

ISEGORÍA: ¿Para qué opinar?

Sergio Gómez Montero*

mi garganta se ha secado
pero no parece callarse
F. Duyán: “Las palabras de un trabajador…”

En memoria de Luis Lamadrid

La tarea de opinar es siempre dificultosa, si ella, ejercida con un sentido crítico, hace referencia al trascurrir de la vida pública de la Nación. Una vida pública que no se limita sólo a las tareas de gobierno, sino que abarca al conjunto de tareas que la población realiza cotidianamente, muchas de las cuales, en efecto, se ven tamizadas por la acción gubernamental y de ahí que, para bien o para mal, la relación entre pueblo y gobierno sea siempre estrecha de una u otra manera. Es por ello, pues, que la opinión sobre los asuntos públicos no es, de origen, objetiva; su verdad está vinculada, siempre, al hacer de un determinado sector social y al cómo son las relaciones de ese sector con el gobierno. Al menos, ése es el sentido de los comentarios de quien esto escribe.

No se debe confundir, pues, verdad con objetividad. La primera, siempre, está mediada por un sentido de clase. La segunda no. Ella tiene que ver sólo con el transcurrir de loa hechos. De allí entonces que la opinión, siempre, es verdadera; siempre tiene un sentido de clase, como hoy, sin duda, queda demostrado en el país, en donde las opiniones públicas ocupan claramente dos campos: quienes consideran que el país debe volver al sendero del neoliberalismo que ellos defendieron abiertamente en tiempos hasta hace poco pasados y quienes, como el que esto escribe, considera que el camino de transición que hoy sigue México no sólo se debe mantener sino que se debe radicalizar, es decir, sin forzar mucho el transcurrir cotidiano debe propiciarse que las condiciones de vida de las mayorías del país mejoren para mitigar así las disparidades que en términos de ingreso genera la brutal polarización de la riqueza que subsiste entre nosotros como país.

Por eso habría que seguir insistiendo en que el próximo 6 de junio no sólo se disputan 21, 000 puestos de elección popular (incluyendo en ello la estratégica Cámara de Diputados), sino algo que sin duda es igualmente significativo: la continuidad del proyecto de transición que se inició en 2018 y que sigue hasta la fecha con la 4T. Del carácter estratégico de esas próximas elecciones se han encargado de dar cuenta, precisamente, todos los enemigos de AMLO y la 4T, quienes no han cejado en su tarea, un solo momento, de tratar de impedir que los mencionados continúen adelante en sus actividades de recomposición de la turbia situación en que dejaron al país los regímenes pripanistas inmediatos anteriores, herencia que en términos de dinero mucho le está costando al país, pero sobre todo en términos de rotura del tejido social, pues hoy somos una nación desgarrada por la violencia, el narcotráfico y los patrones culturales que irrespetan a la mujer, entre otras cosas.

Si el país no logra por medio de las elecciones irse desprendiendo de esa herencia, la misma nos puede, en el futuro inmediato, conducirnos hasta la desintegrarnos como país…, creo.

*Profesor jubilado de la UPN/Ensenada
gomeboka@yahoo.com.mx

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