lunes, febrero 26, 2024

ISEGORÍA: Los avatares de la transición

Sergio Gómez Montero*

Ahora conoces lo que silba la sangre

de noche
como la oscura serpiente extraviada

S. Thénon: “Amor”

Desde que comenzó, los primeros días de julio del año pasado, la transición en nuestro país se ha significado (quizá como todas) por los avatares que ha atravesado, que la caracterizan como un proceso turbio, ocasionalmente oscuro e incomprensible y en otras ocasiones terso, limpio, transparente, aunque dado que entre nosotros está conllevando cambios profundos de formas (no todo lo que nosotros quisiéramos) se tuvieron que registrar modificaciones en las formas de gobierno hasta hoy relativamente sensibles, que aún hoy, a los jerarcas de Coparmex, les siguen causando molestias a pesar de que no son cambios de fondo sino únicamente de forma, como los anunciados respecto al cambio de sitio físico de algunas Secretarías de Estado, sin precisar aún formas de operar respecto al federalismo, que necesariamente van a modificar la legislación.

¿Será ésa la característica de la transición, el fluctuar, indecisa, con objeto de conciliar con todos para no romper con nadie? Si se toma en consideración la brújula de los gobiernos revolucionarios luego de Lázaro Cárdenas, por cuestiones del segundo conflicto mundial, Ávila Camacho tanto por convicciones propias (excesivamente conservador), como por cuestiones ideológicas virtualmente impuestas optó por una tendencia que pareciera seguir prevaleciendo hasta hoy en cuestiones políticas (aunque en la práctica eso nunca sucedió): la unidad nacional, la política del PRI que permitió el enriquecimiento corrupto de un sector mínimo de población a cambio del empobrecimiento de amplios sectores de la misma, hasta llevarnos a una disparidad insultante. No romper brutalmente con esa unidad nacional pareciera ser hoy la consigna de la transición en tanto régimen que busca consolidarse para conducir al país. El que ello conlleve hacer concesiones contradictorias a grupos sociales enfrentados no pareciera ser muy conveniente, pues habla de indecisiones e incongruencias que no facilitan el tránsito de una forma de gobernar (corrupta) a otra (honesta) que quede claramente definida con objeto, entonces sí, de establecer fronteras entre un gobierno que se inclina por el capitalismo frente a otro que trata de ser sino radicalmente diferente sí al menos diferente en aquello que se refiere a una cuestión esencial hoy: el cuidado del medio ambiente y al uso de energías renovables que hagan del ser humano un ser efectivamente más sabio.

En efecto, nada fácil es ése cambio de régimen de gobierno que haga de la transición no un proceso de simulación sino de cambio verdadero, en dónde las razones de por qué cambiar la vocación agrícola de toda una región ancestral del territorio nacional no se entienden al buscar tornar a esa región, por intereses capitalistas, en una zona industrial apta para seguir impulsando la industria metal-mecánica que, desde hace tiempo, está allí asentada (la Volkswagen) y hoy se busca extenderla ampliamente (Audi, Mercedes), argumentando que ello representa un objetivo muy importante para el país en términos de empleo (¿sólo de empleo?)

Es decir, habría que comenzar a pensar en serio qué está significando la transición en México: sólo un cambio en la forma de gobernar dentro del capitalismo o un verdadero cambio de proyecto de país.

*Profesor jubilado de la UPN

gomeboka@yahoo.com.mx

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