martes, abril 23, 2024

ISEGORÍA: Las luchas fatuas

Sergio Gómez Montero*
Sí, no sé si desde siempre o desde cuándo es inútil disputar con los enemigos del pueblo por cuestiones políticas. Para ellos eso no tiene ningún sentido, es una pérdida de tiempo y charla inútil, pues lo que importa es el poder, o la “democracia” dominguera (la que sale a marchar los domingos vestida de rosa y olvida así los crímenes que comete en Guanajuato en contra de los candidatos de la izquierda), como les gusta llamarla hoy. Encubrir tras de una palabrería cansina y sin sentido sus argumentos (falaces todos) es su táctica de combate, que los hace montar en enojo, hoy que ello no resulta, se cae por su propio peso, como sucede en estos días, por ejemplo, con la prédica eclesial (porque se ve acompañada de tañer de campanas monumentales) que proclama que ya, por poquito, por una cosita de nada, las encuestas presidenciales están casi parejas, por más que todas ellas señalen que la candidata de Morena está dos por uno arriba que la opositora, la señora de las gelatinas.
No tiene caso, pues, tratar de dialogar, discutir con esos opositores cuyos argumentos domingueros carecen de base y sustento teóricos, sino que son palabrería inútil, que se derrite como nieve al sol en manos de chiquillos guerrosos, que así van a llegar a los debates, tratando de llenar de lodo al oponente con falacias sacadas del bote de la basura o de peores lugares aún. De entrada, por ejemplo, ¿es posible establecer punto de comparación entre una mujer formada en la academia universitaria más estricta, frente a otra cuya tesis de grado de licenciatura parece ser que fue plagiada? ¿Qué comparación se puede hacer entre una mujer que ha militado siempre abajo (me consta) y ello le permitió ascender en su carrera en la administración pública hasta aspirar hoy a luchar por la Presidencia de la República?
No, sí, cansa de verdad, estar solventando cotidianamente las guerras de papel e imágenes y las guerras sucias que surgen cotidianamente al por mayor, en lugar de estar involucrados, con seriedad, tratando de ver cómo conducir a un país de un poco más de cien millones de habitantes que, muy poco a poco, está intentando dejar atrás la herencia perversa que lo lleno de pobres y que no saben bien aún hoy cómo distribuir más equitativamente la riqueza que, señores como el de Elektra, se niegan enfáticamente a que ello suceda, pues no permiten que se toque ni con el pétalo de una rosa sus fortunas, levantadas con todo tipo de argucias y fraudes cometidos en contra de la Nación.
Por allí, pues, debiera avanzar el próximo debate presidencial: sobre el quién defiende cada quien: ¿un futuro basado en un país más justo, en el cual la riqueza se distribuya más equitativamente sin que intervenga la Suprema Corte de Justicia de la Nación para defender a los ricos? ¿Y que diga cuál es su verdad la señora opositora, defensora irredenta del neoliberalismo y seguidora inconsulta de los elaboradores de pasquines periodísticos que leen con ojos cerrados las encuestas y defienden con clamores a la “democracia” color de rosa que siempre contendía con fraudes y trampas de todo tipo y sólo así ganaba las elecciones?
¿Para qué seguir sacando más trapitos al sol?
*Profesor jubilado de la UPN

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