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Sergio Gómez Montero*

En memoria del camarada Félix Goded Abreu

y las duras jornadas del 68 que compartimos

 

alguna vez volveré

no se impacienten

tengan la seguridad, volveré

  1. Luchi: “Promesas sagradas”

 

A un año del triunfo electoral de Andrés Manuel López Obrador es difícil que alguien se llame a engaño, sobre todo después de escuchar el mensaje lanzado por el Presidente de la República el pasado primero de julio. Allí se dijo con claridad qué se ha hecho y qué se quiere hacer. Que nadie, después de eso se llame a engaño. Ni quienes quisiéramos más. Ni aquellos que el domingo clamaron (en el desierto urbanos de las ciudades del país) por no más: “Que renuncie, ya, López Obrador”. Es evidente que frente a ese país tan dispar no puede haber un proyecto de país que nos sea común, por más que a ello invite, una y otra vez, sin cansarse, López Obrador. : Por el contrario, muchos proyectos de país existen; no tantos como habitantes tiene el país, pero sí una diversidad muy amplia de ellos. Y con justa razón, pues la de hoy no es la misma época de la postrevolución (1920) cuando dominaba un solo proyecto de país y todos se tenían que plegar a él, desde ese año hasta mediados de los setentas, cuando presionados por el movimiento del 68 el PRI de Reyes Heroles recomendó abrir un poco la reja política a los partidos de oposición, quienes no tardaron en dar a conocer otros proyectos de país: unos abiertamente conservadores (los del PAN), en tanto que otros balbuceantemente de izquierda (los de un PCM que fue cediendo los trastos al PSUM primero y luego al nefasto PRD).

Hasta llegar a hoy en que existe el proyecto de país del Presidente, frente al proyecto de país que muchos mexicanos quisiéramos que existiera (a izquierda y derecha del de AMLO) para que el país avanzara mejor y más rápido que ahora. En ese sentido lo que hoy preocupa es cuál de los tres es el mejor proyecto de país para que México avance en los términos de justicia, libertad, igualdad y armonía entre todos los habitantes del país. El de la derecha es un proyecto que no tiene pierde: regresar lo más rápido que se pueda al pasado inmediato que tanto trabajo /30 años de luchas) nos costó vencer. El de la izquierda es un proyecto de país que busca, como principio, seguir los pasos del socialismo, tratando de que pasado y futuro nos ayuden a construir un presente más justo, equilibrado y altamente respetuoso del medioambiente. Y finalmente el de López Obrador, basado en un desarrollismo mal encubierto cuya finalidad sea repartir más equitativamente una riqueza que nadie hasta hoy logra ver con claridad.

Es cierto, seis meses de gobierno son pocos para definir, en la vía de los hechos, si su proyecto logrará imponerse. Ni dudarlo que quien tiene más posibilidades de hacerlo es el proyecto de AMLO, porque de él es ahora el gobierno y el partido. La derecha tiene pocas opciones porque juega en contra de la Historia, del presente y de un futuro que no quisiéramos que se volviera a repetir. El de la izquierda es posible, porque no es un proyecto de corto plazo, sino que con él, quienes allí jugamos, no tenemos prisa: jugamos con la razón, el convencimiento y la verdad. A la pregunta leninista del Qué hacer buscamos dar, siempre, la respuesta de la lucha hasta alcanzar la victoria.

El abanico está abierto. A cada quien nos toca escoger.

*Profesor jubilado de la UPN

gomeboka@yahoo.com.mx

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