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FRANCISCO RODRÍGUEZ

La detención de Salvador Cienfuegos es equiparable a una intervención de facto en nuestro sistema de secretos políticos del narcotráfico, los únicos secretos de Estado que de verdad existen en nuestro sistema de vida. Aquí no tenemos secretos de grandes investigadores científicos, ni de espionajes extranjeros, ni nada que se le parezca. Aquí, el chisme es el narco.

Los gabachos se metieron por primera vez hasta la cocina, y no por petición del “caudillo” de Tepetitán, sino por una ocurrencia electorera reeleccionista de Donald Trump. Así, como suena. Aunque los corresponsales en Washington digan que desde hace diez años investigan las actividades rutinarias de Cienfuegos, su paso por todas las cavernas de la represión y el “bisne”, el dato duro es otro. Cienfuegos no hizo nada que todos los demás no hayan hecho.

‎Y como ya sabemos, la estrategia imperante es dejar que el psicótico anaranjado haga lo que sea su voluntad, hasta que se canse, aquí no ha pasado nada, y el “caudillo”, calladito y nuevamente humillado, se reduce a decir ante sus fans de la “mañanera”, que no protegerá ni encubrirá a nadie, como si los gringos le preguntaran. Cienfuegos no es un delincuente común, en todo caso, representó el honor de las Fuerzas Armadas. Y eso no es menor.

En el fondo, el de Tepetitán sabe lo que le espera. Es un mensaje inconfundible el que le acaba de mandar el Imperio. Está a disposición de las cuentas espesas de los que mandan, así lo firmó en Nueva York al aceptar las condiciones de la inviolabilidad política y personal para tomar posesión. ‎Pero sabe también que aquéllos cumplieron, y él ha tratado de hacerle al “Canelas”.

Nada hizo que no hayan hecho y aún hagan los de su rango

Ni para mentar la soga, ni siquiera para hacer aspavientos defendiendo el honor militar de los de Lomas de Sotelo, aunque ya en los mandos medios y altos de la soldadesca se perciba inconformidad y desaprobación porque el “caudillo” no sacó la casta al enterarse, mínimo hacer un gesto de enojo masiosaresco. Era lo menos que le pedían los de la tropa.

No se explican qué falta cometió Cienfuegos. Él sólo hizo lo que se acostumbra: jefaturar las caravanas de protección y blindaje a los capos, asesinar en despoblado en Tlatlaya, Tanhuato y Ayotzinapa, entre muchos otros, encubrir las desapariciones forzadas, actuar extrajudicialmente, agacharse ante los jefes de los comandos de seguridad gabachos…

… alentar una Ley entreguista de Seguridad Interior al gusto del Pentágono, promover el gorilato mexicano, con toda la parafernalia de detenciones, juicios sumarios e intocabilidades del fuero militar, servir de tapadera a todo aquello que se haya salido del control del presidente, entrarle a los bisnes de La Gaviota, emprender los propios a través de la hija y del yerno, tapar los birlibirloques de la familia, más un largo etcétera.

Nada que estuviera fuera del libreto. Nada que no hubieran hecho sus antecesores, nada que no estén haciendo ‎sus predecesores. El timing, el ritmo y el rumbo al que se movía no era ni es diferente al que está señalado para todo militar que alguna vez se ponga la casaca de General Secretario. Es el precio de la fama. La llave del dinero.

Día histórico que revela el grado de incapacidad y de sumisión

‎Si está acusado de intervenir en delitos de narcotráfico, en lavado de dinero, en asesinatos en masa, en cuanta lindura se le ocurra al fiscal gabacho de turno, adelante. Nosotros, dice el “caudillo” de Tepetitán, no vamos a ser tapadera de nadie. Hasta que se necesite que lo tapen. Esto de jugar a la vida, son cosas que a veces duelen.

‎Salvador Cienfuegos puede ser sentenciado a cadena perpetua, después de haber sido el segundo hombre, atrás del Comandante Supremo de las Fuerzas Armadas en México, léase el Presidente mismo de la República. De ahí en adelante, no hay portillo. Pueden servirse a sus anchas, pues para eso estamos aquí, parecen decir en Palacio Nacional. 15 de octubre de 2020. Día histórico que revela el grado de incapacidad y de sumisión.

La protección principal, la del poder político, brilla por su ausencia

Hasta para defender a los más cercanos, a los hombres que pueden ser el valladar de protección hacia sus personitas, les tiemblan la mano, las rodillas, y hasta los rictus. No es posible que no actúen ni en defensa propia.

De nada sirvieron todos los contratos, de nada sirvió todo el dinero repartido entre los generales abyectos, si la protección principal, la del poder político, ha brillado por su ausencia, ha dejado de ser real, ya no son compadres, ni amigos del dedo chiquito.

Dejaron solo a Salvador Cienfuegos, y eso es el adelanto de que todos ellos también están solos, aunque dejen el cuero protegiendo al “caudillo”. Lo único que importa es el cuero del de Macuspana. Lo demás, es lo de menos. Pueden sentenciarse todos, pueden quedar en las bartolinas, pueden morirse todos.

Queda el sabor amargo de la falta de solidaridad entre cómplices. Se entiende que el que da las órdenes, mínimo debe de comprometerse con los ejecutores y con sus familias. Aquí no. El que cae, cae. Nadie le servirá de tapadera, porque todos los demás son honestos, limpios y puros.

Nadie salió en defensa, aunque fuera hipócrita, del entorchado en turno

El Presidente debe estar muy fresco. Listo para las elecciones intermedias. Salvador Cienfuegos le hace sombra a su figura inmaculada. Ahora hay que acusarlo internamente de que estaba complotando para ayudarle a la oposición. Es lo que conviene a la moralina y a las instituciones verdes y coloradas. ¡Adelante los faroles!

Independientemente de lo que pase, lo importante ya pasó. Nadie salió en defensa, aunque fuera hipocritona del entorchado en turno. Era necesario haber mostrado el espíritu de cuerpo, el garbo de la seguridad, la valentía al defender con coraje a uno de los suyos. Como no se hizo, existe una especie de desilusión de los gendarmes con el régimen.

Los de ahora, ¿son los amos de la honestidad y transparencia?

No se nos olvide que pueden estar jugando con fuego. No es menor lo que se ha encargado a los militares: los verdes están participando con todo en el control, la supervisión y el ejercicio de la política interna en todas sus manifestaciones, contando como única condición con la incapacidad del gobierno para resolver sus entuertos.

Han hecho, junto con el régimen, a un lado cualquier potestad y prerrogativa del Estado civil. El pensamiento crítico y cualquier derecho a la divergencia. Anidan en las entrañas de la sociedad, dirigen sus expresiones, acallan la disidencia. Pero ahora ellos son los que están en la degollina… y nadie metió la cara por ellos.

Acaban de ir a hacerse cargo del nuevo aeropuerto –si se logra construir– del mágico Tulum. Ya fueron a salvar del desastre el pantano de la nueva refinería de Dos Bocas, un sueño imposible. Están gastando a manos llenas en las carreteras de Santa Lucía… Son los amos de la honestidad y de la transparencia.

Y ahora, ¿quién habla por su exjefe Salvador Cienfuegos?

¿Quién habla por sus exjefes?
Nadie.
Sumamente peligroso.
Su dignidad ha sido puesta en entredicho.
Son más importantes las reelecciones.
¿No cree usted?

Índice Flamígero: Las acusaciones enderezadas por Estados Unidos en contra de Cienfuegos son pocas en relación con las que aquí podrían imputársele en infinidad de crímenes perpetrados bajo sus órdenes.

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