Había una vez mexicanas que hicieron historia

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CIUDAD DE MÉXICO, 8 de marzo (AlmomentoMX).- Alfaguara presenta la nueva creación del escritor Pedro J. Fernánez, “Había una vez mexicanas que hicieron historia” en donde presenta un grupo de historias de mujeres como: Laura Esquivel | Laureana Wright de Kleinhans | Leona Vicario | Leonora Carrington | Lila Downs | Lola Álvarez Bravo | Lola Beltrán | Lucha Reyes | Lupita Tovar | Luz González Cosío de López | Lydia Cacho | Macuilxochitzin | Margarita Maza | María Antonieta Rivas Mercado | María del Pilar Roldán | María del Refugio García | María Félix | María Izquierdo | Matilde Montoya | Matilde Rodríguez Cabo | Nahui Ollin | Raquel Dzib Cicero | Rosario Castellanos Rosario Ibarra de Piedra Salma Hayek Sor Juana Inés de la Cruz | Alondra de la Parra | Amalia González Caballero | Ana Gabriela Guevara | Aurora Reyes Carmen Serdán | Carmen Victoria Félix | Elena Garro | Elisa Acuña | Elvia Carrillo Puerto | Esperanza Brito de Martí | Esther Chapa | Eulalia Guzmán | Frida Kahlo | Graciela Iturbide | Hermila Galindo Acosta | Josefa OrtIz de Domínguez | Juana Belem Gutiérrez | Juana Cata | Karla Wheelock | La Adelita | La China Poblana | La Güera Rodríguez | La Malinche | Las Patronas de Veracruz.

Aguza el oído y sabrás los secretos de las mujeres más talentosas y temerarias, curiosas, rebeldes y emprendedoras de México, que se atrevieron a romper el molde.

Desobedecer puede ser una buena idea. Ser ordenada siempre es lindo y poderoso, claro, pero salirse del huacal vuelve interesantes las cosas cuando los mandatos son aburridos, cuando no nos dejan movernos a nuestras anchas, sobre todo cuando dañan nuestra alma. En esos casos hay que inventarse oportunidades propias para hacer descubrimientos y brillar como diamantina. Las mujeres de este libro se han reunido para contarte cómo le hicieron, cuánto buscaron hasta salirse con la suya.

Porque la curiosidad no mata al gato. Las féminas, chicas y grandes, siempre terminan averiguando maneras para abrirse paso, aunque el camino esté lleno de piedritas.

 

Fragmento del capítulo 2:

Ven acá; desde los montes podrás ver lo que queda de la Gran Tenochtitlan. Si te fijas bien, a lo lejos alcanzarás a distinguir unas cuantas casas de lo que fue alguna vez la ciudad, antes de que la quemaran. ¿Hueles el humo? ¿Escuchas el silencio? Es lo único que queda.

Camina conmigo. Apenas amanece; quiero contarte mi historia. Yo nací en Olutla, cerca del lugar que Hernán Cortés bautizó como la Villa Rica de la Vera Cruz. Mi padre era un cacique mexica; mi madre, una mujer noble.

A veces, cuando era niña, me llevaban hasta la playa para ver chocar las olas contra las piedras. Ahí me sentaba, con los pies en la arena, y jugaba con las conchas que encontraba. Me llamaron Malinalli en honor de la diosa de la hierba. Por eso siempre tuve vida dentro de mí, el verde de la hierba, el azul del mar y una sonrisa bien grande en los labios.

Luego murió mi papá, y mi mamá volvió a tomar marido. Ella quería hijos de su nuevo esposo, así que, como era costumbre, me vendió a unos señores mexicas que luego perdieron una batalla contra los tabasqueños. Me quedé con ellos, y mientras veía a los mexicas apropiarse del mundo como si construyeran un imperio, yo me hacía acompañar del viento.

Pasó el tiempo y me convertí en mujer. Entonces escuché los rumores: habían aparecido extrañas barcas de madera cerca de Yucatán, hombres pálidos habían desembarcado en la costa y un individuo llamado Hernán Cortés estaba al mando de todos ellos. ¿Te imaginas lo que fue ver su piel por primera vez? Mira mi brazo, es oscuro como la obsidiana. En cambio, los visitantes, que se hacían llamar españoles, eran de color más parecido a la espuma del mar.

Los tabasqueños lucharon contra los invasores, pero ganaron los españoles. Me entregaron a Hernán Cortés como botín de guerra, junto con piezas de oro y plata. Los otros prisioneros comenzaron a decirme Malintzin, que quiere decir “noble prisionera”. Como los españoles no podían pronunciarlo bien, me llamaban Malinche.

Hernán Cortés descubrió que yo hablaba maya y náhuatl, y pronto aprendí el idioma castellano. ¿Sabes por qué me necesitaban? Porque Cortés me llevaba a la corte mexica, me decía un mensaje en castellano y yo se lo traducía al náhuatl al emperador Moctezuma. Los ayudaba a entenderse. Fui tan importante que los mexicas se referían a Hernán Cortés como “el Señor Malinche”, y en muchos códices nos pintaron juntos.

Los pueblos indígenas estaban muy enojados con los mexicas, pues cada vez les pedían más y más tributos, y si no pagaban, les mandaban a su ejército. Por su parte, Hernán Cortés empezó a tener desacuerdos con Moctezuma. Entonces estalló la guerra.

Cortés me protegió para que no me pasara nada, pero de lejos vi todas esas batallas que a veces ganaban unos y a veces perdían otros. La verdad es que los españoles ayudaron a los pueblos indígenas a liberarse de los mexicas.

Otro día que andes por aquí te contaré sobre aquella noche en que Hernán Cortés perdió una batalla y lloró hasta el amanecer junto a un árbol. Los españoles se refieren a ese episodio como “la Noche Triste”.

Durante la guerra fui inteligente y diplomática. Además, enseñé a los españoles no sólo nuestro idioma, sino nuestras costumbres. También hablé a nuestros pueblos de las costumbres de los españoles.

Al final, los españoles decidieron terminar la guerra y atacar la Gran Tenochtitlan. Les cortaron el agua por varios días y esperaron a que los mexicas se rindieran. En ese momento entraron los españoles y los otros pueblos; ellos quemaron la ciudad y derribaron los templos. ¡Mira! Por eso se ve el humo que sube y la ceniza donde antes había casas.

Si me preguntas, este es el principio de una nueva historia para mí; sabré enfrentarla con inteligencia y valentía, como siempre.

LA MALINCHE ES UNA DE LAS MUJERES MÁS INFLUYENTES EN LA HISTORIA DE MÉXICO, PUES FUE PARTE DEL CHOQUE CULTURAL ENTRE LOS ANTIGUOS MEXICANOS Y LOS ESPAÑOLES. SE LE CONSIDERA LA MADRE DE LA NUEVA RAZA MESTIZA QUE NACIÓ CON LA CONQUISTA DE MÉXICO. ALGUNOS HISTORIADORES CREEN QUE MURIÓ DE VIRUELA EN 1528 Y OTROS SOSPECHAN QUE VIVIÓ HASTA 1551. SU IMAGEN, SIN EMBARGO, PERMANECE VIVA.

AM.MX/fm

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