fbpx Friedrich Nietzsche el eterno iconoclasta e irreverente | Almomento | Noticias, información nacional e internacional

Francisco Medina

CIUDAD DE MÉXICO, 15 de octubre (AlmomentoMX).- Iconoclasta e irreverente. Así se define el pensamiento de Friedrich Nietzsche. El filósofo alemán que dibujó al “superhombre” y combatió al cristianismo, al socialismo y a cualquier tipo de nacionalismo o racismo a través de sus textos está considerado como uno de los pensadores más importantes del Siglo XIX pese a que su pensamiento fue contradictorio, un hecho que explica que en sus principios ideológicos se apoyasen corrientes políticas de distintas índoles.

Según Nietzsche, la cultura occidental está viciada desde su origen, porque el error más peligroso de todos consiste en intentar instaurar la racionalidad a toda costa. El error de la filosofía griega habría sido la invención del “estatismo del ser” (Parménides) y del “bien en si” (Platón). La manera griega de ver el mundo, es interpretada por Nietzsche como un síntoma de decadencia. Es decadente todo aquello que se opone a todos los valores del existir instintivo y biológico del hombre. Hay que criticar a Platón para eliminar los errores de base; se trata de una crítica total a los tres mundos que son inventados por el hombre occidental y que son síntomas de su decadencia: El mundo racional, el mundo moral y el mundo religioso.

Uno de los argumentos fundamentales de Nietszche era que los valores tradicionales (representados en esencia por el cristianismo) habían perdido su poder en las vidas de las personas, lo que llamaba nihilismo pasivo. Lo expresó en su tajante proclamación “Dios ha muerto”. Estaba convencido que los valores tradicionales representaban una “moralidad esclava”, una moralidad creada por personas débiles y resentidas que fomentaban comportamientos como la sumisión y el conformismo porque los valores implícitos en tales conductas servían a sus intereses. Nietzsche afirmó el imperativo ético de crear valores nuevos que debían reemplazar los tradicionales, y su discusión sobre esta posibilidad evolucionó hasta configurar su retrato del hombre por venir, el ‘superhombre’ (übermensch).

El error de la moral tradicional se caracterizaría por su antinaturalidad, ya que impone leyes e imperativos que van en contra de los instintos primordiales de la vida. Además, el ideal de esta moral es el imperio de la virtud, o “hacer al hombre bueno”, aunque sealmente convierta al hombre en esclavo de esa ficción.

La moral cristiana se consolidaría para Nietzsche como valor supremo, valor que no está en este mundo. La moral tradicional, pues, postula otro mundo, que es el mundo del más allá o de la perfección platónica, y por tanto, los valores que han prevalecidos hasta ahora son ficticios, propios de los débiles.

El moralista desprecia todos los valores del yo, siendo el altruismo la norma suprema de conducta. El altruismo es entregarse a los demás sin esperar nada a cambio. El altruismo no es más que una justificación de decadencia personal.

En conclusión : la lógica de esta moral consiste en una alteración de la personalidad, porque considera que lo poderoso y lo fuerte es algo suprahumano y en cambio lo débil y lo vulgar es propio del hombre. Las acciones elevadas no son propias del hombre sino de otro yo más perfecto que se denomina Dios.

 

Crítica a la religión cristiana.

 

Dice Nietzsche que la religión nace del miedo y del horror que el hombre tiene de si mismo. Se trata de la incapacidad de asumir uno su propio destino.

Cuando al hombre le invade un sentimiento de poder y teme quedar avasallado por el, mediante un mecanismo de defensa patológico, lo atribuye a otro ser más poderoso que es Dios. Y es que la religión nos llevaría a la alienación del hombre, puesto que el cristianismo sólo fomenta valores mezquinos como la obediencia, el sacrificio o la humildad, sentimientos propios del rebaño. El cristianismo sería para el filósofo una moral vulgar, que se opone a todos los valores específicos de la virtud.

El problema que ve Nietzsche es el fracaso de la razón absoluta “la aspiración del hombre por alcanzar la virtud y las cosas divinas” (cap. 14). Con ello ha negado su naturaleza, se ha apartado del reino animal donde luchar es necesario para sobrevivir, donde es imposible eludir el dolor y la muerte. En lugar de eso ha preferido “la paz perpetua”, pretender vivir en un mundo desbordante de compasión, de amor incondicional hacia los enemigos, con morales vacías. Cuestiona ¿Qué efecto han tenido sus famosas leyes de conducta, sus modelos de valores que suponían la avance de una sociedad más “civilizada”? Echemos un vistazo al contexto histórico nietzscheano, guerras las hay, nuestro mismo autor es participe en la guerra franco-prusiana en favor del canciller Otto von Bismarck con lo cual se logra la unificación de Alemania. Refiriéndose a uno de esos  hombres modernos herederos esos valores y autores de grandes tratados de paz: “¿Existe la posibilidad de que Kant no haya visto en la revolución francesa” (evento de gran inspiración para él) “…el paso necesario por el caos, por la confusión y por la lucha, para lograr la nueva organización”?

La fe cristiana, a partir de su nacimiento invadió todas las instituciones naturales como el estado, la ciencia y el arte, desde entonces nos hemos vuelto malos; lo malo para Nietzsche es “Todo lo que proviene de la debilidad, el fracaso, la conformidad, (…), el miedo a crecer, a ser diferente, a pensar distinto”. Rastrea el origen de estos valores dañinos de la modernidad y los reconoce como derivaciones de la “esperanza”, “fe”, “inmortalidad del alma”, “más allá”, “amor”, ideas surgidas del cristianismo, ideas basadas en nada.  Concretamente, lo que Nietzsche se ha propuesto es la tarea de impugnar la historia del cristianismo, que es también, gran parte de la historia universal. El que se impugne tiene como presupuesto el que se tenga una idea falsa acerca de lo que es el cristianismo. Será necesario esclarecer cual criterio de verdad y falsedad que utiliza.

En conclusión, su impugnación de la historia del cristianismo exhibe únicamente factores psicológicos y políticos. Por una parte, el origen de todas las ideas abstractas, signos como el más allá, la virginidad, el reino de los cielos, alma eterna, esperanza, expresan no más que “vivencias íntimas”, una realidad psicológica e imaginaria como defensa del dolor que provoca el estado natural de las cosas. Por otra parte, vemos que lo que empezó siendo como algo inofensivo, Jesús asimilando un estilo de vida en el amor desinteresado como intento por lidiar con la pesada existencia bajo las órdenes y mandatos judíos y romanos, se convirtió en un instrumento de poder para los sacerdotes y los teólogos, quienes al no comprender el carácter de tan extraño paciente tuvo que ser adaptado al lenguaje que ellos hablaban y comprendían, esto con la finalidad de sacar provecho de obtener un adoctrinamiento eficiente, y de esa manera escalar a la situación hegemónica que tienen hoy en día.

Breve semblanza

Friedrich Nietzsche, Nació el 15 de octubre de 1844, en Röcken, Prusia. Su padre, un ministro luterano, murió cuando él tenía 5 años, y fue educado por su madre en una casa donde vivían su abuela, dos tías y una hermana. Estudió filología clásica en las universidades de Bonn y Leipzig, y fue nombrado profesor de filología griega en la universidad de Basilea con tan sólo 24 años. Allí entabla amistad con Burckhardt y Overbeck. Su delicada salud (estuvo afectado toda su vida por su poca vista y sus constantes jaquecas) le obligó a retirarse en 1889. Al cabo de diez años sufrió una crisis nerviosa de la que nunca se recuperó. Murió en Weimar el 25 de agosto de 1900.

Podríamos hablar de tres etapas fundamentales en su pensamiento: Una primera, estética o romántica, influenciado por su amigo Richard Wagner (con el que mantendrá una relación amistad-odio), donde redacta “El origen de la tragedia a partir del espíritu de la música”. Las primeras preferencias de Nietzsche en el terreno de la filosofía girarán en torno al idealismo hegeliano, pero el pensador que en esos momentos influye en él con más fuerza será Arthur Schopenhauer. Su teoría se halla bajo el influjo del innatismo y la crítica de Schopenhauer al racionalismo hegeliano e intenta por caminos similares a los de aquél (la voluntad y la intuición) superar sus conclusiones pesimistas (la voluntad de vivir).

Una segunda, tras haber renunciado a la cátedra de Basilea, en la que su modo de vida modesto y austero se ve perseguido por sus problemas de salud. Es sobre todo en esta época donde se desarrolla su interés por la cultura griega, que a la postre tendría tanta importancia en su filosofía. Estudia la obra de Platón y Aristóteles, y siente especial predilección por las figuras de Sócrates y Heráclito.

Una tercera etapa, de madurez, se extendería hasta su internamiento en Basilea en 1889, bajo síntomas de locura. Es ésta, en la segunda mitad de los 80, el periodo en el que escribe la mayor parte de sus mejores obras: Así habló Zaratustra (1883-1885), Más allá del bien y del mal (1886), La genealogía de la moral (1887), El crepúsculo de los dioses (1888), El Anticristo (1888), Ecce Homo (1889) y La voluntad de poder (1901).

Aclamado poeta, Nietzsche ejerció mucha influencia sobre la literatura alemana, así como sobre la literatura europea y la teología. Sus conceptos han sido discutidos y ampliados por personalidades como los filósofos alemanes Karl Jaspers y Martin Heidegger, el filósofo judío alemán Martin Buber, el teólogo germano-estadounidense Paul Tillich, y los escritores franceses Albert Camus y Jean-Paul Sartre. La proclama de Nietzsche “Dios ha muerto” fue utilizada por teólogos radicales posteriores a la II Guerra Mundial (en especial por los estadounidenses Thomas J. J. Altizer y Paul van Buren) en sus intentos por adecuar el cristianismo a las décadas de 1960 y posteriores. Influyó poderosamente en el nacionalsocialismo (presentándose como la realización de la moral del superhombre) y en tendencias izquierdistas radicales (en cuanto parte de un absoluto comenzar de nuevo). Por último, su consideración del predominio de los instintos vitales sobre la razón es también un precedente fundamental del vitalismo.

AM.MX/fm

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