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Por: Mario Ruiz Redondo

Donald Trump va con todo, para realizar una “campaña salvaje” que le permita ganar la elección Presidencial y reelegirse para ser a partir de enero de 2021, mandatario por cuatro años más y el líder indiscutible de la primera potencia del mundo, en base a su odio racial por los de color café, que siguen llegando por miles y cazados en su Frontera Sur, para ser deportados inmediatamente a su traspatio mexicano.

Una determinación unilateral, finalmente aceptada por el gobierno del Presidente Andrés Manuel López, con cargo al presupuesto ya demasiado desfasado en su “austeridad de la 4ª Transformación”, que le ha valido el aplauso de sus correligionarios del Partido Republicano, que desde Orlando, Florida, lo han empezado a vitorear como el triunfador anticipado de la contienda electoral, que augura ser la más polémica de todos los tiempos.

No podría faltar el regalo de última hora de las autoridades mexicanas, a quien no obstante seguir siendo el enemigo número uno de nuestro país, se le colma su egocentrismo, al anunciarse desde una tribuna gubernamental priísta, la del oaxaqueño gobernador Alejandro Murat, que no serán seis mil, sino 10 mil 500 los agentes de la Guardia Nacional, los utilizados para frenar la migración extranjera rumbo a Estados Unidos, y así favorecer aún más en sus propósitos reeleccionistas, al jefe de la Casa Blanca.

Alerta máxima en las ciudades de la Unión Americana, para mantener una férrea ofensiva oficial anti inmigrantes ilegales, mientras en territorio mexicano, las medidas de revisión dan motivo a un incremento del número de retenes de las Corporaciones federales, para asegurar indocumentados, que con la ayuda comprometida de agentes del Instituto Nacional de Migración de la Delegación de Chiapas, han logrado burlar el cerco instalado por las Fuerzas Armadas.

Fiel a la consigna recibida en Washington, el viernes 8 de junio, de posponer la aplicación de aranceles a los productos mexicanos,  a partir del lunes 10, a cambio de enviar en principio seis mil efectivos militares de las Secretarías de Marina y Defensa Nacional a la Frontera Sur, vendría  el obsequio “plus sorpresa”, al trasladar  ocho mil 500 en la vecindad con Guatemala, en tanto dos mil serán ubicados en los límites de Chiapas y Oaxaca, en la Zona del Istmo de Tehuantepec.

Hilos que se mueven y rápido desde Palacio Nacional, para cumplir cabalmente con el ordenamiento de Trump, que hará posible que en el tercer día de su tarea proselitista por la Unión Americana, López Obrador reciba este jueves 20 de junio en la ciudad de Tapachula, a su homólogo Nayib Armando Bukele Ortez, un empresario político, que apenas el pasado 1 junio asumió la Presidencia de la República de El Salvador.

Reunión de emergencia ante la exigencia del gobernante estadounidense de conceder solamente 45 días a su colega Andrés Manuel, para poner un alto a la avalancha de las “caravanas del hambre” que dieron comienzo en octubre de 2018, y de esa manera no imponer los impuestos anunciados, a las exportaciones que podrían llegar hasta de un 25 por ciento en el mes de octubre.

Oportunidad para tratar lo concerniente a la realización del Programa de Desarrollo Integral para Centroamérica, que tiene como objetivo principal el reducir el éxodo de sus países a Estados Unidos, que pondrá también el Presidente Andrés Manuel López Obrador, en la mesa de negociaciones, en sus siguientes encuentros que ya se coordinan con los jefe de Estado de Guatemala James (Jimmy) Ernesto Morales Cabrera, y de Honduras, Juan Orlando Hernández, con fechas y lugares pendientes aún de precisar.

Los tres, gobiernan los países que integran el “Triángulo del Norte o de la Muerte” de Centroamérica, de donde han surgido los más de un millón de seres humanos que en los últimos ocho meses han creado un precedente histórico, al huir de la violencia, inseguridad y pobreza, de sus lugares de origen, para buscar en la Unión Americana una mejor opción de vida, que como nunca ha sido y sigue siendo manipulada por un Presidente de Estados Unidos en campaña reeleccionista.

Paso por una Frontera Sur de México, donde su ciudad más importante, Tapachula, se ha convertido en un foco de atención mundial, al concentrarse las decenas de miles de extranjeros, no únicamente del Istmo Latinoamericano, sino de muchos otros países del mundo, que inicialmente recibirían con creces la hospitalidad y generosidad del gobierno mexicano, al trasladarlos en autobuses de lujo a la Frontera Norte, que es ya solamente un buen recuerdo, dado el viraje extremo en su contra, a partir de la segunda semana de junio, por presiones de la Administración Trump.

Por supuesto que, aunque oficialmente se diga lo contrario, siguen llegando y burlando “el muro” decorativo establecido por soldados, marinos, en coordinación con agentes de Migración y Policías Federal, Estatal y Municipal.

El arribo de los Presidente de México y de El Salvador, tendrá como entorno principal, la presencia en la Frontera Sur, de los ocho mil 500 militares de la Guardia Nacional, la cual será capitalizada por el secretario de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard Casaoubon, que seguramente enviará las postales correspondientes a Trump, como prueba de que Andrés Manuel López Obrador está cumpliendo el compromiso pactado en Washington.

Resurgimiento de la desesperación de aquellos que impacientemente siguen aguardando en áreas de reclusión custodiadas por tropas y policías, como acontece con los migrantes de varios países africanos, que al mediodía de este martes se amotinaron, con el propósito de escapar del albergue de la Feria Mesoamericana, al sur de Tapachula, que motivaría la movilización de un mayor número de militares y elementos de la Gendarmería Nacional, para sofocar la revuelta.

Concentración en el lugar, de más de mil 500 hombres, mujeres y niños, a los que las autoridades migratorias han prometido la entrega de salvoconductos, para que en un término de 30 días abandonen México, con el detalle de que en ese lapso de tiempo, tendrán libertad para desplazarse a cualquier parte de la República, incluyendo los estados fronterizos con la Unión Americana, donde podrán realizar el sueño final de su larga y angustiosa travesía.

Reiteración de la queja-denuncia, de que el documento que expide el Instituto Nacional de Migración de la Secretaría de Gobernación, formaba parte del pago realizado a las mafias de trata de seres humanos, que les han ofrecido llevarlos hasta el vecino país del norte, y que hasta ahora los funcionarios federales han incumplido pese a haber recibido el soborno obligado.

El mismo fenómeno se repite en el Centro de Atención Migratoria Siglo XXI, al norte de la urbe de un millón de habitantes, donde el hacinamiento sigue siendo su principal identidad y los embarazos de niñas y jóvenes extranjeras, el denominador común, con la idea de que al nacer sus hijos en México, tendrán por lo menos la oportunidad de no ser deportados.

Tragedia humana de muchos en la Frontera Sur de México convertida, mientras su principal promotor no cabe en la alegría que le causa el saber que su estrategia electoral basada en ella, funciona y bien subliminalmente con sus fanáticos seguidores, a quienes aseguraría en su discurso de principio de campaña, que la construcción del muro fronterizo con México, para detener la inmigración, “avanza rápidamente y ahora es más bello y más barato”.

Discurso triunfalista mediático, en el que haría alarde de haber logrado crear “la economía más grandiosa en este país, al recuperar la soberanía y reformular el comercio internacional. El sueño americano ha regresado”.

Repetición de las acusaciones en contra de los inmigrantes ilegales, a los que volvería a acusar de criminales que amenazan la seguridad de todos y especialmente de los niños, además de afectar el nivel de vida de las minorías y constituir una carga fiscal excesiva.

Mensaje lleno de fantasías, con visión de terror futurista, tal vez por encontrarse en la ciudad del “Mundo de Disney”, cuando advierte a sus rivales demócratas, que todavía no definen abanderado de la causa, que “Estados Unidos jamás será un país socialista. Un voto para un demócrata en la elección, es un voto para el surgimiento del socialismo radical y la destrucción del sueño americano”.

Certeza frente a un electorado fiel a su causa, al que no dudaría en asegurar que está frenando la invasión de migrantes ilegales en las fronteras, además de que ha logrado una tasa de desempleo en su nivel más bajo en décadas y una economía prospera para todos, aunque en la realidad está dirigida a favorecer a los ricos y a sus poderosas  Corporaciones transnacionales.

Reflectores no sólo de la ciudadanía de Estados Unidos, sino de todo el mundo que no acaba de entender como un personaje caracterizado por la ofensa y sustentado en una conducta belicista verbal, sobre el cual pesan sin avanzar casi una treintena de investigaciones criminales, por manejos nada transparentes de su fortuna y la forma en que desde la Casa Blanca ha acrecentado por tráfico de influencias.

Choques permanentes con los medios de comunicación más influyentes del país, a los que ha calificado de “mentirosos y enemigos del pueblo”, que  le valido acrecentar su protagonismo, en el que los derechos de las mujeres han sido otros de los blancos favoritos, al igual que la comunidad gay, escándalos sexuales, además de su racismo y populismo nacionalista, que le mantienen vigente, para bien y para mal.

Contra todos los pronósticos de 2016 en que se postularía por primera vez a la Presidencia, para medir fuerzas con la demócrata ex primera dama Hillary Clinton, ganaría el proceso electoral, sustentado en todo un esquema mediático en el que las redes sociales y las noticias falsas, jugarían un papel fundamental para inclinar

la balanza a su favor.

Hoy, en medio de la polémica por su formas extravagantes y abusivas de ejercer el poder, vuelve a la carga y recurre a los temas de la “insubordinación de México y la invasión de los inmigrantes sin papeles”, como sus piñatas favoritas para continuar en la senda del triunfo desde  La Casa Blanca, que será definida por los sufragios que se emitirán en noviembre de 2020.

Donald Trump ha hecho política a la mexicana, al combinar el ejercicio de gobierno, como prolongación de una campaña proselitista, tal y como se puede observar con su homólogo Andrés Manuel López Obrador, que combina su quehacer con giras a la provincia, de corte partidista, donde sus partidarios inducidos, abuchean en su presencia a los gobernadores de los Partido Revolucionario Institucional o de Acción Nacional, que lleva al mandatario a intervenir para que cese el acoso.

El magnate inmobiliario está en campaña reeleccionista, respaldado por más de 100 millones de dólares recaudados para su reelección en los dos primeros años de su gestión, que superar en demasía los 2.4 millones y los 11 millones de sus antecesores George W. Bush y Barack Obama. Todo ello, resultado del arranque de campaña de reelección a partir de su toma de posesión, demostrando estar más interesado en prolongar su estancia como mandatario, que gobernar a los estadounidenses.

Ese, es el rumbo, del que habrá que estar muy pendientes, por el grave daño que podría seguir causando a México, si logra concretar su ambición extrema por el poder destructivo, que amenaza a la humanidad.

Premio Nacional de Periodismo 1983 y 2013. Club de Periodistas de México.

Premio al Mérito Periodístico 2015 y 2017 del Senado de la República y de Comunicadores por la Unidad A.C.

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