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Por: Mario Ruiz Redondo

 

El ciudadano común se pregunta en este México nuestro, ¿porqué José Antonio Meade Kuribreña, no repunta en las preferencias de los votantes, desde que iniciaron a finales de 2017, las campañas, que no precampañas, por la Presidencia de la República?

Realización de encuestas, muchas de ellas manipuladas por el equipo del adversario principal, que en la tercera semana de marzo lo posicionan en un tercer lugar de las preferencias, no por el instituto político que lo postula, sino simplemente por su persona, el cual se mantiene casi inalterable a tres meses y nueve días de los comicios que definirán la sucesión de Enrique Peña Nieto.

Por más que desde el primer círculo del abanderado ciudadano externo del tricolor, se ha reiterado que de los tres aspirantes a asumir el mando principal del país, es el mejor preparado y con mayor experiencia en la administración pública federal, sobre Andrés Manuel López Obrador y Ricardo Anaya Cortés, el elector, sobre todo el priísta, sigue sin reaccionar favorablemente.

El principal error que sigue cometiendo José Antonio Meade Kuribreña, reiteramos, es no solicitar su registro como miembro y militante del Partido Revolucionario Institucional.

Hasta ahora, ha pasado por alto este detalle que sigue incomodando en todo el país, a millones de leales al tricolor, que por primera vez en su historia, no sienten como suyo a quien los representa en la contienda que tendrá su parte culminante en las urnas, el próximo 1 de julio.

Si José Antonio, de aquí en adelante, continua dándose baños de pureza como un funcionario honesto y menospreciando la trayectoria e importancia histórica del PRI, en la vida política nacional, estará cometiendo el peor error, que irremediablemente le costará la derrota a la institución partidista, que se mantuvo al margen del poder principal de la república, de 2000 a 2012, como resultado de una alternancia que finalmente resultó fallida y que por ello volvió a Los Pinos, con el ex gobernador del estado de México, Enrique Peña Nieto

Meade Kuribreña está obligado a hacer a un lado a sus expertos en marketing y ubicarse con los pies en la tierra, para entender que antes de dar comienzo el último capítulo de la contienda electoral, debe pedir su registro como militante y ponerse y sudar la camiseta tricolor, que hasta ahora ha desdeñado, por más que diga que se siente priísta, porque la gente sabe que no lo es.

El abanderado de la causa ajena, que debe asumir como propia y olvidarse de ser el más puro entre los puros, porque en política y la actividad gubernamental, está comprobado que todos tienen cola que les pisen y sólo es cosa de buscárselas.

Los estrategas que rodean, carecen de razón cuando lo han convencido de que más vale solo que mal acompañado, argumentando que el PRI es un partido corrupto y que por lo mismo no debe cargar con culpas ajenas.

Para empezar, carece de toda validez cualquier afirmación que se siga manejando en ese sentido, pues el Revolucionario Institucional, es únicamente una institución política con estructura y plataforma ideológica propia, lo mismo que todas las demás que operan con registro en el territorio nacional.

El problema no está en el PRI, PAN, PRD, MORENA, PT, PANAL, PVEM, y demás reconocidos por el Instituto Nacional de Elecciones, sino en quienes en determinado momento los dirigen, se apoderan y los utilizan para encumbrarse en el poder.

No debe olvidarse que la corrupción es inherente al ser humano, sin distingo de siglas o colores, sustentando los grupos de poder cupular, sus cada vez más graves desviaciones cínicas e impunes, en aquella justificación de que en arca abierta hasta el más justo peca.

La inexperiencia de Meade Kuribreña en materia política, lo sigue llevando por la ruta de los errores de principiante, al recurrir y rodearse de gente sin experiencia, de escritorio, y no de los viejos lobos de mar que aún subsisten, combinados con las nuevas generaciones de militantes, a lo largo y ancho de la geografía nacional.

El mismo Enrique Ochoa Reza, máximo líder priísta, salido de la manga de quien manda, es un ejemplo de lo que no debió de ocurrir en esa posición tan importante para continuar en la ruta de la continuidad recuperada hace ya casi seis años.

Menosprecio en esta nueva época, de aquellos que con su sabiduría partidista puesta a prueba en diversas trincheras, hicieron posible en todas las regiones, reactivar en 2012, la estructura y participación de una militancia que durante dos sexenios se mantuvo firme en sus principios y vocación partidista, para volver a la senda del triunfo.

Ligera corrección, como resultado del fracaso de la fase uno de la campaña (precampaña), al involucrar a distinguidos y reconocidos políticos de carrera que, en medio de las limitaciones impuestas por los inverdes asesores, han hecho lo que han podido para enderezar el barco.

Pero mientras Meade Kuribreña, se mantenga montado en su macho de pintar su rayita en lo concerniente a su trayectoria transexenal, lo mismo sirviendo a gobiernos panistas y priístas, con el PRI que hoy lo cobija, y que según sus sesudos asesores le perjudica más que le beneficia, su futuro resultará poco trascendente.

O se está o no con el PRI, no desde afuera, sino adentro, con registro, para que los verdaderos militantes le brinden todo el apoyo que desde un principio le han negado, por su negativa a integrarse a la institución política de mayor presencia y trascendencia en la historia de México.

Si José Antonio todavía escucha y lo hace, el festejo será para los tricolores el 1 de julio, junto con ese gran conglomerado de ciudadanos escépticos que siguen aguardando más lucidez entre los candidatos presidenciales, al margen, como cada seis años, de los golpes bajos en que se mantienen inmersos.

Coyuntura en la que la suma de militantes y simpatizantes es vital para contrarrestar la hasta ahora incontrolable campaña mediática de quien aún sin elecciones, ya se siente dueño del poder gubernamental, repartiendo cargos de mandos, a diestra y siniestra.

Un Andrés Manuel López Obrador que tiene detrás a todo un equipo de expertos de sobrada experiencia en el marketing político-electoral, que desde tiempo atrás se han adelantado ventajosamente para posicionarlo e ir más en firme en su tercer intento por alcanzar la Presidencia de México.

Todo un esquema programado en base a una temática que ha llegado a poner en duda la credibilidad no solamente de un gobierno, sino del propio candidato oficial, llegando al grado de la burla, al difundir versiones en el sentido de que el hidalguense ex secretario de Gobernación, Miguel Angel Osorio Chong, era el candidato idóneo para el PRI y no José Antonio Meade Kuribreña.

Orquestación de mensajes precisos para subrayar problemas actuales como la corrupción, impunidad y violencia que prevalecen, atribuibles a la administración federal que concluye, soslayando que se trata de males profundamente enraizados, en los que el mismo López Obrador estuvo involucrado siendo jefe de gobierno de la capital del país.

Muy atrás aquella frase de la “honestidad valiente”, que no encaja, sobre todo después de los “moches” evidenciados en las imágenes de video grabadas a colaboradores de toda la confianza del “peje”, cuando recibían dinero del ex empresario argentino de la construcción, Carlos Ahumada.

Mucha tela de donde cortar, con información confidencial como la relativa a los “encapsulados” dineros del segundo piso del Periférico de la ciudad de México, que existe pero que inexplicablemente nunca se ha utilizado en contra de López Obrador, que en cambio ha utilizado para impulsar su imagen, los actos de corrupción de varios gobernadores de extracción priísta.

No ha ocurrido lo mismo con el ungido presidencial panista, Ricardo Anaya Cortés, al que en los meses de precampaña se ha exhibido, vía Procuraduría General de la República, como uno personaje corrupto, que se ha aprovechado del tráfico de influencias en su natal Querétaro, para enriquecerse ilícitamente.

Lo mismo que López Obrador, había mantenido enarbolada la bandera de la honestidad personal y la crítica a los corruptos egresados de las filas del PRI, que tendría respuesta gubernamental, vía la PGR, en una acción jurídica, que ha llevado a las dirigencias de los partidos políticos que lo respaldan (PRD y Encuentro Ciudadano), a recurrir a instancias internacionales como la Organización de Estados Americanos (OEA), para denunciar “el acoso del gobierno de Enrique Peña Nieto”.

Contraofensiva de la dirigencia del Revolucionario Institucional, que ha visitado a la misma instancia en Washington, para aportar pruebas de que se trata de un asunto legal, que permite poner en evidencia la culpabilidad del candidato panista.

Pronto la ruta crítica de la contienda Presidencial, en la que habrá de considerarse la intervención a favor del “peje”, de la ex líder del magisterio, Elba Esther Gordillo, una de las grandes traidoras al Revolucionario Institucional, a partir del momento en que apoya el panismo representado por Vicente Fox Quesada en el año 2000, y a Felipe de Jesús Calderón Hinojosa en 2006, que en 2012 respaldó a la ungida Josefina Vázquez Mota, así como a Gabriel Quadri, abanderado de Nueva Alianza (PANAL), el partido de su propiedad, restando votos a Enrique Peña Nieto.

Sería encarcelada bajo cargos diversos, como el de lavado de dinero, desvío de millonarios recursos sindicales y asociación delictuosa, entre otros, que nunca le hicieron estar tras las rejas, sino alojada en cómodas habitaciones de hospitales privados, argumentando sus abogados problemas de salud, hasta su salida en 2017 para continuar su proceso mediante arraigo domiciliario en su casa de Polanco, desde donde opera libremente en contra de José Antonio Meade Kuribreña.

Muchos cabos sueltos, por complacencia evidente,

como la de permitir que en la provincia, desde las cúpulas del poder “aliado”, se realice un doble juego para financiar la causa de Andrés Manuel López Obrador, que no se sanciona hasta ahora.

La hora de la verdad en cuestión de días, en la que Meade Kuribreña deberá abandonar sus posturas académicas e involucrarse más en la tarea de las propuestas y compromisos concretos, con un lenguaje que convenza y le permita ganar los adeptos que tanto requiere.

Uso de todos los medios para lograr de nuevo la credibilidad tan necesaria y urgente, en el ánimo de una población que sigue escuchando discursos que no entiende, porque su salario ha perdido su capacidad adquisitiva por la carestía, que niegan tanto empresarios como gobierno, pero que resulta un hecho irrebatible, lo mismo que los problemas de la corrupción, violencia, inseguridad, narcotráfico e impunidad.

Pero antes, José Antonio deberá registrarse y obtener su acreditación como priísta, si en verdad quiere ganar con el PRI y ser Presidente de México.

Premio Nacional de Periodismo 1983 y 2013. Club de Periodistas de México.

Premio al Mérito Periodístico 2015 y 2017 del Senado de la República y de Comunicadores por la Unidad A.C.

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