martes, julio 23, 2024

El poder de Rusia sobre el Asia Central

Luis Alberto García / Moscú

*Lógica y obligada hegemonía en una región estratégica.

*Voces nacionalistas exigen medidas antimigratorias a Moscú.

*Remesas forman parte de las economías de Tayikistán y Kirguistán.

*El peso simbólico del recuerdo de la Unión Soviética.

*La irrupción y presencia de la República Popular China.

*Los equilibrios geopolíticos marcarán el futuro regional.

A partir del primer gobierno de Vladímir Putin, entre 2000 y 2004, la Federación Rusa facilitó fuertes desplazamientos migratorios desde el Asia Central, que le proveen de mano de obra barata y le ayudan a establecer vínculos más sólidos y personales con la región, con la lógica y obligada hegemonía que históricamente ha ejercido sobre ella.

Hay voces rusas nacionalistas opositoras a Putin, que exigen restricciones a esa migración desde Asia Central; pero para al menos dos esas repúblicas centroasiáticas, las remesas que envían estos inmigrantes forman una parte esencial de sus economías: un tercio del PIB de Tayikistán y Kirguistán está constituido por este dinero enviado desde Rusia.

El elemento que une estas culturas y poblaciones con Rusia es, en buena parte, el peso simbólico que todavía tiene el recuerdo de la Unión Soviética, y que aún se hable y se escuche ruso en la televisión de manera habitual, o que el destino natural de los inmigrantes o estudiantes sea Rusia, está marcado por el pasado.

Por eso es que Moscú sigue viendo al Asia Central como su esfera de influencia geopolítica, y observe con suspicacia que otras potencias se acerquen a ella; pero a pesar de esto, las repúblicas que están dentro de ella se sienten autónomas para ejercer sus propias decisiones.

Eso no quiere decir que la figura de Putin o su modelo autoritario no tenga ecos en la región, y es que la mayoría de estas repúblicas han tenido una experiencia post-soviética marcada por los hombres fuertes locales, que han limitado el poder del islamismo y consolidado sus círculos de poder.

El ejemplo más importante en estos últimos tiempos es el de Nursultán Nazarbáyev, autócrata de Kazajistán durante tres decenios, que dio un paso hacia una transición controlada en la que, de cerca, vigila que se mantengan sus estructuras y el poder de las élites.

“Putin todavía es popular en la región. Mucha gente, además de los propios gobiernos, parece que han adoptado la visión del Kremlin de que la estabilidad autoritaria es mejor que la democratización caótica y los riesgos que supone”, apunta el internacionalista inglés Edward Lemon.

Esta afinidad en la visión política y los mutuos deseos de estabilidad ayudan a afianzar a Rusia en la región, razón por la cual los gobiernos del Asia Central adoptan esta posición para mantenerse en el poder, mientras que Moscú lo hace para mantener la seguridad y estabilidad en su frontera del Sur.

Un debate clave es cómo va a afectar la irrupción y creciente presencia de China ―especialmente en el ámbito económico― al poder que Rusia tiene en el Asia Central, dado que Pekín y Moscú tienen una buena relación, en parte debido a la agresividad que Donald Trump demuestra hacia ambos gobiernos: sanciones a Rusia y guerra comercial contra China.

“China y Rusia –asegura Edward Lemn- tratan de presentar su rol en el Asia Central. China acepta y aprecia el liderazgo ruso en materia de seguridad para proporcionar estabilidad a la región, y Rusia entiende que, no pudiendo competir con la inversión china, debe aprovechar las sinergias que la estrategia desarrollista produzca en beneficio propio”.

Esta “división del trabajo” entre Rusia y China -uno se encarga de la seguridad, el otro de la economía- no es estricta: Moscú tiene importancia económica en la región; pero Pekín ya lleva la delantera.

En el ámbito comercial, por ejemplo, los intercambios entre China y el Asia Central ascendían a 30 mil millones de dólares, mientras que los realizados con Rusia se quedaban en los 18 mil 600, según datos de 2018.

El objetivo de China en el Asia Central, dejando de lado este comercio ya existente, es la llamada “Nueva Ruta de la Seda”, ambiciosa y enorme proyecto de infraestructuras con el que Pekín quiere conectar de manera mucho más profunda toda Eurasia, desde el Asia Oriental hasta Europa.

El beneficio que sacaría China de este plan geoestratégico, es que, siendo la economía más potente, sería la que más se beneficiaría de un gran continente conectado y desarrollado; pero el problema que puede encontrarse en su expansión hacia el Asia Central se encuentra en Xingjiang, su provincia más occidental.

En esta región habita la minoría musulmana uigur, de lengua túrquica, religión musulmana y lazo cultural con otros pueblos del Asia Central; sin embargo, el nacionalismo e islamismo uigur se ha enfrentado al gobierno chino desde hace décadas, en una escalada violenta después de que las repúblicas centroasiáticas se independizaran.

En la actualidad, el gobierno chino ha conseguido estabilizar Xinjiang mediante la represión, el desarrollismo y la creación de unos “campos de reeducación” donde se han encerrado a miles de uigures, y pesar de ello, Pekín sigue alerta ante focos de nacionalismo o radicalismo que puedan formarse junto a su frontera occidental.

Si los intereses de China se van ampliando en el Asia Central, es probable que Pekín quiera aumentar su rol en la seguridad regional, factor que podría crear ciertas tensiones con Moscú, y a pesar de eso, no hay una rivalidad entre potencias, sino un acomodo que podría cambiar con el tiempo.

Aún así, las noticias sobre una base militar “informal” de China en Tayikistán indican que el papel en seguridad de Pekín, sin duda, va a crecer, en tanto Rusia como China tienen intereses comunes en la región, como mantener la estabilidad autoritaria, fomentar el desarrollo económico y mantener a Occidente fuera de esta área geopolítica clave.

No todo depende de los grandes poderes exteriores, y es que mucho ha cambiado desde el “Gran Juego” del siglo XIX, cuando Rusia e Inglaterra dominaban a su antojo la región, y los poderes locales no tenían ni voz ni voto.

“Los estados centroasiáticos están lejos de ser piezas de ajedrez de los grandes poderes. Además, están optando por diferentes vectores de política exterior según el asunto”, apunta Edward Lemon, para quien el crecimiento de China, la resistencia de Rusia y los equilibrios geopolíticos que se instrumenten marcarán el futuro de Kazajistán, Turkmenistán, Uzbekistán, Kirguistán y Tayikistán.

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