miércoles, febrero 28, 2024

El MUNAL, factor de identidad nacional

Adrián García Aguirre / Cdmx

* Antecedentes de una gran institución cultural.
* Ahí estuvo el Colegio de la Compañía de Jesús.
* Y el hospital de San Andrés y el túmulo de Maximiliano.
* El diseño neoclásico lo realizó Silvio Contri, arquitecto italiano.

El edificio en donde hoy está el Museo Nacional de Arte (MUNAL) en la Plaza Manuel Tolsá de la capital, fue mandado construir por Porfirio Díaz, por lo que mantiene un estilo neoclásico, asentado en una zona que es parte de la historia cultural del país.
Esto lo asegura Héctor Meza, ex curador, quien se refiere no solamente a los antecedentes de la institución cultural, sino también a su conformación como factor de identidad de la nación mexicana.
En el periodo posclásico, sus terrenos formaban parte de los canales que se alimentaban de agua de Texcoco, y después, durante el virreinato, se convirtieron en eje de arranque a la calzada de Tacuba, en donde Cortés y Pedro de Alvarado marcaron el rumbo de la historia, la noche triste de julio de 1521.
El lugar comenzó a ser ocupado como edificio cuando se conformó el Colegio de la Compañía de Jesús, hasta que en 1767 se llevó a cabo la expulsión de los jesuitas por decreto del rey Carlos III, y en el edificio se conformó el hospital de San Andrés, hasta fines del siglo XX.
“El hospital llegó a tener un momento coyuntural crítico, pues cuando Maximiliano de Habsburgo fue fusilado en Querétaro en junio de 1867, su cadáver fue mal embalsamado en un túmulo de cedro, por lo que se le hiciera un segundo procedimiento en la capilla de San Andrés”, explica el museógrafo.
En un capítulo magistral de la novela histórica Noticias del Imperio, Fernando del Paso escribe que ahí lo conoció Benito Juárez, quien pidió estar a solas con su cuerpo media hora, dándose cuenta de que la gente del pueblo le llevaba flores y velas.
“Fue tal el impacto que recibió el presidente al ver esas escenas y el cuerpo y el rostro desfigurados del noble austriaco, que pidió se demoliera la capilla, para evitar cualquier ímpetu conservador y que fuera motivo de homenajes”, dice Héctor Meza.
El inmueble fue demolido por órdenes de Porfirio Díaz y en el sitio se decidió construir el Palacio de Comunicaciones y Obras Públicas, obra que se hizo a lo grande, sin escatimar en gastos, calculándose que el presupuesto se rebasó por mucho lo asignado originalmente.
Para la construcción del nuevo edificio se usó un estilo modernista europeo, en un diseño hecho por Silvio Contri, arquitecto italiano que innovó al utilizar un emparrillado de metal que resistiera toneladas de cantera y concreto en un área mayor a veinte mil metros cuadrados.
Además, la familia Coppedi, de origen florentino, hizo todo el mobiliario con acabados de lujo, así como detalles en las paredes y pinturas; pero a pesar de la opulencia plasmada con orgullo por Díaz, la inauguración del recinto la realizó Francisco I. Madero.
El lugar funcionó como sede del Ministerio de Comunicaciones y Obras Públicas, hasta que en 1954 la dependencia se mudó a la colonia Narvarte, por lo que el recinto pasó a resguardar el Archivo General de la Nación; pero en 1972 fue trasladado al Palacio de Lecumberri.
“No se le usó para alguna actividad definida, y ahí hubo desde guarderías, misceláneas y accesorias para actividades estéticas hasta albercas para niños, algo que provocó problemas severos de conservación”, puntualiza el maestro Meza.
Asimismo, los techos estaban en pésimo estado, con la madera podrida, además de otros daños provocados por el tiempo, y no fue sino hasta el gobierno de José López Portillo que se ideó el proyecto para crear el Museo Nacional de Arte, para júbilo y regocijo cultural de todos por igual.
La relevancia del Museo nacional de Arte (MUNAL) ubicado en la Plaza Tolsá de la Ciudad de México, se da por varios ángulos: por el edificio, por su historia, por las obras que alberga y por su papel en la cultura del país.
Forma parte de una red de veinte museos del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA) que se encuentra en un lugar clave geográficamente, por estar en sintonía con el recinto que lo alberga desde su inauguración en 1934.
Además del Palacio de Bellas Artes y el Museo Franz Mayer, su carácter genuinamente nacional lo coloca a la par con el de Antropología y el del Castillo de Chapultepec, dice el ex curador del museo., Héctor Meza.
En la actualidad, este papel lo hace albergar más de nueve mil piezas de arte virreinal de los siglos XVI al XIX, así como obras de David Alfaro Siqueiros, Diego Rivera y María Izquierdo, entre muchos que han engrandecido las artes plásticas mexicanas.
En los últimos años también se ha llevado a cabo lo que Meza llama “curaduría transversal”, que ha permitido unir a artistas contemporáneos y otro tipo de propuestas, más enfocadas en un público joven, y así atraer al público y mantener vivo al museo, en todos los sentidos.
Esto implica esfuerzos no sólo de organización, sino de cuidado con el recinto,así como tener precauciones minuciosas para no dañarlo, no sólo para que se puedan disfrutar las obras, y así poder explicar el conjunto de corrientes que se hospedan y viven en él.

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