jueves, abril 18, 2024

El éxodo, dolorosa y amarga realidad en Ucrania

Luis Alberto García / Moscú

*Entre 2002 y 2017, salieron más de seis millones de ucranianos.

*Dejaron el país de forma permanente, en especial jóvenes cercanos a la UE.

*Anna-Sophia Puzanova, estudiante de Filología de 17 años, es una de las viajeras.

*La plaza de la Independencia es el punto de salida hacia el exterior.

*Hay tendencias claras al divisionismo, el odio y la discriminación.

*La guerra en el Este es una de las más serias preocupaciones.

Al aproximarse la mitad del año, en mayo de 2019, Jania Kilichenko preparó un par de maletas grandes y, ya listas, las puso en la sala de la casa en espera de acomodar otras pertenencias acumuladas durante los tres años que vivió en Kiev, la capital de una nación que pierde población.

“Todo lo que les quepa”, bromea resuelta la maquilladora de 24 años, originaria de un pueblo cercano a Odessa, esperando partir a Polonia, donde viven ya su hermana mayor y dos primos, después de ir encadenando empleos precarios demasiado tiempo y que, de momento, su futuro no está en Ucrania.

“Me gustaría quedarme, pero también quiero progresar y aquí no hay manera de hacerlo. Esto está estancado”, lamenta la joven, ya que solamente entre 2002 y 2017, 6.3 millones de ucranianos se fueron del país de manera permanente.

Esto son unos 400 mil al año, advierte Diane Francis, del centro para Eurasia de Atlantic Council, que representa una enorme fuga de cerebros, equivalente a la población de una ciudad mediana como Mariúpol.

Y dentro de poco, la estilista y maquilladora Jania Kilichenko pasará a engrosar la estadística que muestra que uno de cada seis ucranianos migran a Europa -donde además ya no necesitan visado-para trabajar, según el Centro para la Estrategia Económica.

Se van, sobre todo, a la cercana Polonia, donde ya viven más de un millón: el 54% de los jóvenes entre 18 y 25 años dicen estar dispuestas a mudarse al extranjero permanentemente; frente al 19% de la generación anterior, según el instituto de investigaciones sociológicas Rating.

La desilusión por el sistema y la la baja calidad de la política están haciendo mella también en este grupo social, tomando en cuenta que, en 2013, las protestas europeístas derribaron al corrupto y prorruso Víktor Yanukóvich.

Y es que entre los jóvenes no se ha apagado ni mucho menos el anhelo de cercanía con la Unión Europea (UE), pues son ellos quienes más confían en que su país pueda pertenecer, en un futuro no lejano, al club comunitario, según los sondeos de Ratin Group.

Las elecciones del 21 de abril de 2019, donde un 31% todavía en la víspera no había decidido si acudiría a las urnas, su apuesta sería decisiva: la mayoría, según las encuestas, prefería al comediante, payaso y comediante Volodímir Zelenskiy, quien partió como favorito y finalmente ganó.

Fueron unas elecciones que se definían como impredecibles, y quien lograra ganar con el voto joven, señala el analista Dmitri Kuzin, podía sumar un mínimo adicional de entre un 3% y un 5% a su resultado general.

Yevgeni Umerenkov no votó por el cómico, estrella e ídolo de Ucrania y, definido como “un patriota”, aseguró que elegiría a Petró Poroshenko, un dulcero que buscó la reelección: “Es el único que está tomando en serio y de verdad la guerra en el Este del país, el principal problema que tenemos ahora mismo”, señala Yevgenio.

Con 34 años de edad, combatió en el Donbás, volvió en 2017, y desde entonces trabaja en una pizzería administrada por veteranos de la guerra, como él. “Paseando por las calles de Kiev no puedes notarlo; pero la gente sigue padeciendo y lo seguirá haciendo si dejamos que las cosas sigan así”, afirma.

“Las cosas serían distintas si el país entrase en la OTAN. Rusia no se atrevería a atacar a un país miembro”, asegura el ex combatiente, quien tiene una hija de pocos meses., bebiendo un café express en una mesa del restaurante Veterans en Kiev, propiedad de él y de sus compañeros.

El conflicto con los separatistas prorrusos apoyados por el Kremlin en las regiones de Donetsk y Luganks ha causado ya más de un millón de desplazados y trece mil muertos, con comicios recientes en las que Poroshenko, en segunda o tercera posición para una vuelta electoral más —dependía de los sondeos—, centró su mensaje en la guerra y la amenaza rusa.

Aumentó el presupuesto para defensa hasta el 5% del PIB, y como Umerenkov, la mayoría de los jóvenes menciona el conflicto como uno de los problemas que más preocupan al país, solamente superado por la corrupción.

Para Tarás Zachenko, no obstante, aunque el país tiene mucho que mejorar en transparencia, las cosas han mejorado: “La diferencia es que ahora conocemos los escándalos, que antes estaban ocultos”, señala en la Plaza de la Independencia, en el centro de Kiev, donde habitualmente se reúnen los que parten al extranjero, entre restaurantes modestos y silenciosos.

Zachenko, proviene de la región de Rivna y lleva unos años estudiando en la capital, reconoce que las oportunidades no abundan, sobre todo para las personas con una educación media, y dice: “No deseo quedarme; pero hay que cambiar las cosas desde dentro, necesitamos reformas y el sistema de justicia precisa de garantías de imparcialidad, como apasionado que soy por la historia nacional”.

Mirando con gesto despectivo, unas jóvenes rubias caminan delante de un puesto electoral de la candidata Yulia Timoshenko, entre ellas Regina Sofía Puzanova, quien está de acuerdo con esa necesidad de cambio y también con que los jóvenes deben impulsarlo.

Regina destaca con melena dorada y su marcado lápiz de ojos en la Plaza de la Independencia, estudia Filología y anhela un país en el que llevar el cabello teñido de colores o vestir de manera distinta sea algo completamente normal.

“Si queremos que las reformas sean eficaces, las personas necesitan primero abandonar esa mentalidad soviética y ganar en tolerancia e igualdad”, opina, al tiempo que cuenta que hace sólo unas semanas unos ultraderechistas acosaron a su grupo de amigos por ese motivo.

Y asegura que desde hace un par de años ve a la sociedad mucho más dividida, y los informes de las organizaciones de derechos civiles le dan la razón, pues los delitos de odio y discriminación han aumentado; también los ataques de grupos de extrema derecha a activistas, como señala un estudio reciente de la organización Human Rights Watch.

A la vez, Ucrania cuenta con leyes antidiscriminación mucho más sólidas que otros países de la antigua Unión Soviética y ha acogido marchas del orgullo gay, y pese a la migración y a los síntomas de descomposición política, los investigadores de Chatham House son optimistas: aseguran que Ucrania ofrece oportunidades para la investigación y que muchos de los que se han ido terminarán volviendo.

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