lunes, marzo 4, 2024

EL CASTILLO: Capella, el chapo y los gorditos

Es lamentable el deceso de don Hernán Pastrana, ex presidente municipal de Othón P. Blanco. Desde hace algún tiempo se sabía de un estado de salud endeble. En la campaña trataron de ocultar algunos de sus malestares, sin embargo ya en funciones tuvo que solicitar retirarse para atender sus males. En Chetumal y en general en los municipios del sur de la Entidad sintieron profundamente su retirada. Sin embargo, don Hernán una vez más dejó una lección que debiera tomarse en cuenta aprenderse para no volver a cometer iguales errores. Ha sido una reiterada solicitud la presentación de comprobantes de buena salud de quienes deciden aceptar postulaciones, hoy esta pérdida hace ver lo indispensable de llevar a cabo todo tipo de exámenes a quienes aspiran a gobernar. Es reprochable se diga, como lo hizo el titular de Seguridad Pública Estatal, el hecho de ausentarse del cargo y dejarlo en manos de un interino contribuyó a la elevación de los índices de inseguridad en la capital del estado.

Así se presentan dos lados de una moneda: una refiere la necesidad de ver hacia el futuro y establecer hasta dónde se pueda -porque la vida nadie la tiene comprada- mandatos con garantía de término a fin de poder llevar a cabo lo dicho tanto en las campañas como los planes planteados en el tiempo de gobierno. Y la otra, esa terquedad de hacer ver a quienes fallecen de forma muy distinta a la realidad que los acompañó en vida. Culpó Jesús Alberto Capella a don Hernán de la inseguridad reinante, como si no fuese justamente en ese municipio, en Othón P. Blanco, en donde se ubican las oficinas centrales de la SSP, el sitio en donde podría asegurarse deberían estar los ciudadanos viviendo sin ningún temor. Las fallas del funcionario se acumulan y la delincuencia va ganándole la batalla porque la realidad así lo revela, porque día tras día se tienen ejecutados, homicidios, robos, se encuentran embolsados, se han dado el lujo de robar más de una docena de autos en una sola jornada. Ha sido costumbre del responsable de seguridad culpar a los de antes, a los de ahora, a quien sea con tal de no aceptar su incapacidad en la función supuestamente desempeñada. Con lo dicho sobre Pastrana destruyó cualquier indicio de cordura.

El nombre y el apodo de Joaquín Guzmán Loera permanecerán durante muchos años presentes. Como en su oportunidad se dio a conocer, El Chapo registró como marca toda referencia hacia su persona. Su hija mayor habló en su momento de sacar a la venta ropa, joyería y hasta licores. Su esposa ha decidido también producir primero gorras, después ropa, chaquetas y lo que el mercado le vaya demandando. Podrá Guzmán Loera seguir encerrado pero no parece quedará en el olvido o se dejará de conocer sobre sus actividades, lo cual contrasta notablemente con lo que sucede con otros reclusos dedicados a la misma actividad. Tal vez sea esta la forma con la cual el sinaloense pretende garantizar su existencia, evitar ser atacado o se diga determinó quitarse la vida por una supuesta crisis nerviosa o depresiva. Cada quien hace su lucha y la del Chapo parece no tener fin.

Han decidido los legisladores de Morena ponernos a hacer ejercicio y dieta porque aseguran la obesidad está resultándole muy cara al gobierno. Como últimamente se trata de poner en blanco y negro y si se puede dentro de la legalidad cualquier acción, ante la falta de recursos económicos suficientes para pagar el transporte o llenar el tanque de gasolina, no quedará de otra que caminar y como eso ya estará debidamente asentado en las leyes, posiblemente tendremos vías para transeúntes semejantes a las de las bicicletas. Si se ponen a investigar si el sargazo se puede comer ya tendremos suficientes yerbas, porque el regreso de los quelites, los quintoniles, las acelgas, etcétera, quedará legalmente garantizado.

Se van juntando los inmuebles inútiles. No solamente se trata del tan publicitado Auditorio del Bienestar, el cual ya da muestras desde fuera del deterioro sufrido por falta de mantenimiento. Si antes se consideró un desperdicio la aplicación de tantos millones en su construcción, esto se triplica ante lo inservible de todo el equipo instalado en el lugar. También el edificio que albergaría la Academia de Policía está en ruinas. El viejo hospital general va rumbo a la destrucción al carecer de atención e inclusive el Jesús Kumate nuevo está sufriendo los estragos por carecer de medidas correctas para mantener en óptima operación todas sus instalaciones. Alguien deberá responder por todo esto que también significa pérdidas.

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