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Por Mouris Salloum George*
Cualquier crisis tumba las caretas a los tiranos.

Es cosa de oportunidad: Todo fue llegar a la Casa Blanca y, según sus detractores, Donald Trump reveló su rostro de sátrapa.

Partimos de la referencia sobre el inquilino de la Casa Blanca porque, sintiéndose el Astro Rey, pretende imponer sus designios a jefes de Estado y de Gobierno -aun a las monarquías-, a los que trae a remolque en Europa.

No por lejano, no es que no nos importe el viejo continente; pero, por obvias razones, sobre todo de vecindad, nos preocupa América Latina y la inverecundia con la que actúa Washington en su zona de influencia.

Apenas dio Luis Almagro un golpe blando en la OEA y el Departamento de Estado puso precio a la cabeza del presidente venezolano Nicolás Maduro.

Pero en la granja del Goldzilla anaranjado, chivos en cristalería andan pateando el pesebre: El brasileño Jair Bolsonaro desafía a los mandos militares y gobernadores que resisten a sus medidas hitlerianas para enfrentar el coronavirus.

En Bolivia, a la golpista Jeanine Áñez le cayó la oportunidad por los pelos. So pretexto del virus, ha elevado a política de Estado operaciones represivas contra sus adversarios, precisamente cuando las encuestas sobre la próxima elección presidencial les favorecen.

No todo, sin embargo, es mansedumbre en el sur del río Bravo.

El Presidente de El Salvador, Mayib Bukele, ha tomado iniciativas que en otras circunstancias le hubiera sido imposible acometer: En una estrategia pinza, ha acotado la rapacidad de los empresarios privados y, en la contraparte, ha lanzado programas sociales compensatorios para los sectores menos favorecidos; que son multitud.

El gobierno mexicano hace lo propio, tratando de equilibrar costos-beneficio de la agenda preventiva contra el virus y generando estímulos para los segmentos que, careciendo de ingresos fijos, son los que, una tras otra, cargan con los muertos; literalmente: Una de cal por las que van de arena.
*Director General del Club de Periodistas de México, A.C.

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