DEBATES Y DESLINDES: La esperanza

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Por Gabriel Pereyra

Sin duda, la palabra que define a Andrés Manuel López Obrador es Esperanza. AMLO, es sin duda, un político de peso completo, de gran calado que está en su ambiente ideal frente a las multitudes su espacio natural donde prueba su liderazgo. Su entrada al escenario no es una carrera apresurada, con saludos formales y rígidos. Es un abrazo entrañable, afectuoso, respetuoso, cálido, de un líder más preocupado por el contacto personal y humano.
Las multitudes antes rígidas y uniformadas, se han convertido en el escenario populoso del tercer mundo, de los pobres, de los ancianos, de los niños y las mujeres que buscan que se concreten los hilos que forman el tejido promisorio de un mundo mejor. Los asistentes al mitin recorren los pasillos y buscan con la mirada encontrar el hilo conductor de la solución a sus problemas, que las palabras que han escuchado se materialicen. Preguntan por los organizadores para entregar su esperanza en forma de cartas escritas a máquina, escritos a lápiz, fotocopias, mapas y pequeños presentes.
Los asistentes al mitin son dignos representantes del mundo subdesarrollado, en ellos se concretan las cifras de desempleo, hambre, ausencias de proteínas y de atención médica que nos caracterizan. Todos esos datos que se dispararon durante el neo liberalismo, que aumentaron en más de 30 millones a los pobres de nuestro país, sin que nadie dijera nada, están aquí, representando a ese México profundo.
Andrés Manuel, saluda, abraza, sonríe, siempre sonríe. Se detiene, se toma una foto, diez, cien, mil sin que haya prisa, ni agotamiento, sin que muestre una sola expresión de cansancio, ni de rechazo. Abraza, como buen político, transmite ese calor humano que hace muchos, muchos años no sentían los desposeídos de la tierra en nuestro país.
La seguridad afortunadamente aumento. Los guardianes firmes, vestidos de civiles nos dicen que el presidente no quiere que vayan armados. Respetuosamente orientan a la gente. En muchas ocasiones “dan el avión”, no el de la rifa, sino el de mandarlos al otro extremo del auditorio para ver si encuentran a los encargados de recoger sus esperanzas. Finalmente sonríen, alguien les dice que confíen, que dejen sus peticiones, que las va a conocer el Presidente, quien después de cada gira hace un resumen.
Finalmente se escucha la voz que la gran mayoría desea conocer. Su pronunciación es pausada, para que entiendan cada palabra. No habla para los doctores, ni abogados, ni gente “leída ni escribida”. Habla para los jóvenes, los ancianos, los desempleados, los que buscan que se concrete una pensión, una beca, un apoyo a sus necesidades. Los sin esperanza, que de repente supieron que su voto tenía un valor y apoyaron al hombre que devolvió la esperanza de un cambio.
El auditorio en su mayoría formado por jóvenes con su distintivo de Becados; se mueven, ríen, y corren. Son grupos de mujeres, niñas, de adolescentes ilusionados; distintos al de los intermediarios del pasado, que eran rígidos, formales, con la sonrisa dirigida a los dadores de las concesiones, de los empleos, de la posibilidad de meterle el diente al presupuesto del pueblo, cuando se hablaba de grandes inversiones que iban perdiendo volumen a medida que pasaban de mano en mano. Las cifras dedicadas por primera vez, sin intermediarios, a los pobres son asombrosas. Los caminos de concreto que hacen las comunidades son una realidad, son pequeñas obras 30 o 40 kilómetros, pero son construidos en los lugares que nunca habían visitado un presidente, ni se había realizado ninguna obra. Novecientos mil jóvenes en todo el país reciben el equivalente a un salario mínimo 3,800 pesos, para que aprendan un oficio y se incorporen a la planta laboral con una preparación calificada y con experiencia. Nunca hubo un apoyo a los jóvenes, un programa dedicado a rescatarlos, ahora más de 11 millones de becas los ayudan a concluir sus estudios, en el nivel universitario hay 300 mil becados.

¿Qué es el bienestar material, pregunta AMLO, y el mismo responde: que haya trabajo que haya salarios justos, que se pueda progresar en lo individual y lo familiar. También se necesita bienestar del alma, se necesitan fortalecer los valores, por eso este programa de atención a los jóvenes es fundamental.
AMLO recuerda en Coahuila a Venustiano Carranza, en este año se cumple un centenario de su asesinato en la sierra de Puebla. Recuerda a Francisco I. Madero. Al final el llamado del conductor: “Me tienen que seguir apoyando, me tienen que seguir ayudando para empujar este elefante reumático, corrupto y mañoso que a veces es el gobierno”. Todo esto lo vi y lo viví en el encuentro Jóvenes Construyendo el Futuro, que se realizó en el parque Las maravillas, de Saltillo Coahuila.

ggpereyra@hotmail.com

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